Hay momentos en los que una Asamblea de Presidentes deja de ser una sucesión de ruegos, propuestas y asuntos de trámite. Momentos en los que alguien toma el micrófono y consigue que una cuestión que llevaba tiempo circulando en conversaciones privadas encuentre, por fin, un lugar en voz alta.
Eso ocurrió cuando Begoña Gómez-Cencillo, presidenta de la Falla Antiga Senda Senent-Alameda «El Palau», decidió hablar de uno de los procesos que cada año concentra buena parte de las miradas del mundo fallero: las preselecciones de las candidatas a Falleras Mayores de València.
No habló únicamente como presidenta. Habló también como madre de una candidata que había participado en el proceso. Y esa doble condición es, precisamente, la que ha convertido su intervención en el centro de una polémica que ha trascendido las paredes de la Asamblea.
Porque mientras unos consideran que ha puesto sobre la mesa problemas que llevan demasiado tiempo sin abordarse, otros interpretan sus palabras de una manera muy distinta: como la reacción de una madre decepcionada porque su hija no fue seleccionada.
Entre ambas lecturas se ha abierto una grieta.
Y las Fallas, acostumbradas a discutirlo casi todo, han encontrado un nuevo motivo para hacerlo.
Una voz que decidió no callar
«Hay dos maneras de afrontar una situación injusta: callar y agachar la cabeza o alzar la voz y defenderse».
La frase marcó el comienzo de una intervención que no tardó en levantar atención.
Gómez-Cencillo puso el foco en el funcionamiento de las preselecciones y, especialmente, en la composición y designación de los jurados. Planteó la conveniencia de conocer con antelación quiénes serán las personas encargadas de valorar a las candidatas y de establecer mecanismos que permitan detectar posibles incompatibilidades antes de que comiencen las pruebas.
La propuesta es sencilla en su formulación, pero profunda en sus consecuencias: que las reglas estén claras antes de que comience el juego.
La presidenta reclamó transparencia en la elección de los jurados, la posibilidad de advertir previamente de eventuales conflictos de intereses y garantías suficientes para que las personas encargadas de valorar a las candidatas puedan ejercer su función con independencia.
Y no limitó esa exigencia a quienes se sientan físicamente delante de las candidatas. También planteó que quienes intervienen en la designación de los jurados estén sometidos a controles similares.
La cuestión de fondo no es menor. En un proceso en el que unas pocas decisiones pueden cambiar la vida de una candidata o todo lo contrario, la confianza en quienes toman esas decisiones forma parte inseparable del propio procedimiento.
Más allá de los moños
Pero el discurso fue más allá de los jurados.
Gómez-Cencillo puso también sobre la mesa algunos de los contenidos y pruebas a los que se enfrentan las candidatas durante las preselecciones. Habló de cuestiones relacionadas con la indumentaria, los peluqueros o el número de moños, y mencionó una prueba de baile en la que las candidatas tuvieron que interpretar La Morocha.
Y entonces apareció una pregunta que sobrevoló toda la intervención:
¿Qué se está buscando realmente cuando se elige a una Fallera Mayor?
Porque una cosa es evaluar la soltura, la presencia o la capacidad de desenvolverse ante un jurado y otra determinar cuánto peso tienen en esa decisión el conocimiento de las Fallas, la cultura festiva, la trayectoria dentro de una comisión o la capacidad de representar durante un año a una fiesta que pertenece a toda una ciudad.
La presidenta defendió que estos últimos aspectos deberían tener un papel relevante.
No estaba planteando, al menos en su discurso, acabar con el componente humano de la elección. Eso sería probablemente imposible. Toda elección de estas características lleva consigo una parte inevitable de subjetividad.
Lo que reclamaba era reducir el espacio de la duda.
El punto más delicado
La intervención alcanzó su momento más sensible cuando Gómez-Cencillo hizo referencia a un caso concreto relacionado con su propia hija y mencionó a la vicepresidenta de Junta Central Fallera, María Tomás.
La presidenta sostuvo durante su intervención que existía una relación de «enemistad manifiesta» entre Tomás y su familia y cuestionó su posible intervención en la designación de los jurados.
Son afirmaciones realizadas por la presidenta durante la Asamblea y que deben entenderse como tales, sin convertirlas en hechos probados.
Precisamente por situaciones de esta naturaleza, Gómez-Cencillo planteó la conveniencia de establecer declaraciones previas de ausencia de conflictos de intereses para quienes forman parte de los jurados y para quienes intervienen en su configuración.
La idea consiste en que cualquier circunstancia susceptible de generar dudas pueda conocerse antes de la preselección y no cuando el proceso ya ha terminado.
Y es aquí donde la reivindicación deja de ser únicamente personal y se convierte en una cuestión de procedimiento.
Entonces llegaron las otras voces
Pero si la intervención había comenzado con una voz, la polémica continuó con muchas.
Entre parte del colectivo fallero comenzó a extenderse una interpretación mucho menos benevolente con la presidenta. Para este sector, resulta difícil separar las críticas del hecho de que su hija no hubiera sido seleccionada.
La secuencia de los acontecimientos —candidatura, resultado y posterior denuncia pública del sistema— es, para quienes sostienen esta tesis, demasiado significativa como para ignorarla.
En conversaciones entre falleros, algunos llegaron a describir la intervención como una «pataleta». Una forma contundente de resumir la percepción de quienes consideran que las reglas del proceso solo se han puesto en cuestión después de que el resultado no fuera el esperado.
Desde esta perspectiva, el problema no estaría en el sistema, sino en la frustración provocada por no haber conseguido el resultado deseado.
Es una lectura que existe y que forma parte de la polémica.
Pero no es la única.
Los que dijeron: «A nosotros también nos ha pasado»
Al otro lado se sitúan quienes han recibido las palabras de Gómez-Cencillo como algo más que la protesta de una madre.
Son falleros que aseguran haberse reconocido en las situaciones descritas durante la Asamblea. Personas que afirman haber vivido procesos en los que también tuvieron dudas sobre los criterios de valoración, sobre la composición de los jurados o sobre determinadas decisiones.
Para ellos, reducir toda la intervención a una «pataleta» supone desviar la atención del verdadero debate.
Porque una experiencia personal puede ser el origen de una reivindicación colectiva.
Quienes apoyan a la presidenta sostienen precisamente eso: que el hecho de que su hija fuera candidata no invalida las preguntas formuladas. Al contrario, consideran que haber vivido el proceso desde dentro le permitió detectar cuestiones que otros han sufrido en silencio.
Y algunos aseguran haber sentido, en diferentes momentos, que las reglas no siempre son suficientemente claras o que determinadas circunstancias pueden terminar teniendo un peso difícil de explicar desde fuera.
No significa que esas percepciones acrediten por sí mismas irregularidades.
Pero tampoco dejan de existir porque sean incómodas.
¿Pataleta o punto de partida?
Ahí se encuentra ahora el verdadero debate.
Porque reducirlo todo a una disputa personal resulta tan sencillo como peligroso. Como también lo sería dar por demostradas las acusaciones formuladas durante la Asamblea.
Entre ambos extremos queda la pregunta que realmente importa:
¿Puede una decepción personal poner al descubierto un problema colectivo?
La respuesta no la tiene una sola persona, ni una candidata, ni siquiera una presidenta de falla.
Si el sistema funciona correctamente, una crítica debería poder ser examinada sin necesidad de descalificar a quien la formula. Y si existen aspectos mejorables, una experiencia personal no debería impedir que se estudien.
La presidenta ha propuesto medidas concretas: hacer pública con antelación la composición de los jurados, establecer un periodo para presentar posibles incompatibilidades, exigir declaraciones de ausencia de conflictos de intereses y extender esas garantías a quienes participan en la designación de los órganos de valoración.
Ahora falta saber qué recorrido tendrán esas propuestas.
Una cuestión que ya no pertenece solo a una falla
Quizá la verdadera dimensión de esta polémica esté precisamente ahí.
Lo que comenzó en una comisión concreta ha terminado provocando una conversación mucho más amplia. Hay quienes quieren cerrar el asunto entendiendo que todo nace de una decepción. Hay quienes creen que esa decepción ha servido para poner voz a una sensación que compartían en silencio.
Y hay, seguramente, muchos otros que todavía no han tomado partido.
Son ellos quienes tendrán que escuchar las dos versiones.
Porque las Fallas son también eso: una conversación permanente entre tradición y cambio, entre quienes defienden que las cosas deben seguir haciéndose como siempre y quienes creen que precisamente para preservar una tradición hay que atreverse, de vez en cuando, a revisar sus reglas.
Las preselecciones volverán el próximo año.Volverán las candidatas, los nervios, los vestidos, las entrevistas, los jurados y ese instante en el que un nombre entra en una lista y otro se queda fuera. Y con ellos volverá inevitablemente la pregunta.
¿Es suficiente con confiar en quienes deciden?
¿O ha llegado el momento de dotar al proceso de más transparencia, más controles y criterios más claros?
La respuesta tendrá que construirse colectivamente.
Mientras tanto, la intervención de Begoña Gómez-Cencillo ya ha conseguido algo que quizá no estaba en ningún guion: que el debate haya salido de los corrillos y haya llegado a la Asamblea.
Algunos han visto en sus palabras la reacción de una madre dolida.
Otros, la voz de quienes llevaban demasiado tiempo sintiéndose víctimas de un sistema que consideran mejorable.
Quizá la historia termine demostrando que solo fue una cosa.
O quizá que fue las dos.
Porque una herida personal y una cuestión colectiva no siempre son incompatibles.
A veces, precisamente de una herida nace la pregunta que nadie se había atrevido a formular en voz alta.
Y esta vez, la pregunta ya está sobre la mesa.
En los próximos días publicaremos un artículo analizando no solo lo que dijo, también hablaremos del por qué lo dijo y las reacciones que se están produciendo en el mundo fallero.



















