El PP valenciano afronta un intenso debate interno sobre su liderazgo. Llorca, entre la DANA y la AVL

PorPepe Herrero

agosto 26, 2026

Llevamos casi dos años viendo cómo desde la izquierda se intenta rentabilizar políticamente la tragedia del 29 de octubre de 2024. Y todo apunta a que seguirán estirando el asunto hasta mayo, al igual que harán con otros argumentos, como el de la enseñanza.

Hace unas semanas vivimos una auténtica “serpiente de verano” a cuenta de la votación de Vox y el PP sobre la reducción del presupuesto de la AVL. Finalmente, la propuesta no salió adelante. Es más: el presupuesto terminó aumentando.

En su momento di mi opinión al respecto, pese a las críticas que recibí. Pero, teniendo en cuenta lo que vamos a vivir en breve, cuando se conozca quién será la persona que optará a presidir la Generalitat Valenciana por parte del PP, creo que merece la pena plantear algunas preguntas y hacer algunas observaciones.

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La compleja decisión sobre el presupuesto de la AVL

La negativa rotunda de Pérez Llorca a reducir el presupuesto de la AVL, una asociación que muchos valencianos consideran responsable de impulsar una determinada concepción de la lengua valenciana y de acercarla al catalán, abre muchas dudas. Y no solamente sobre esta cuestión. Las dudas van mucho más allá y afectan al conjunto de asuntos que deberían preocuparnos.

 

¿Por qué esa negativa?

 

  1. Cobardía. Puede existir miedo a deshacer una decisión tomada anteriormente por motivos políticos y, ahora, a no querer enfrentarse a sus consecuencias por temor a ser tachados de “ultraderecha”. Si se considera que algo se hizo mal, lo lógico sería rectificar, aunque desde la izquierda se utilicen determinadas etiquetas.
  2. Órdenes de Génova. No sería descartable que desde la dirección nacional del PP se haya pedido no abrir determinados frentes que puedan complicar una futura alianza o un posible pacto con Junts —o con quien corresponda— en Cataluña. En política, como todos sabemos, muchas veces las decisiones de hoy se toman pensando en acuerdos de mañana. Y nadie quiere que le recuerden haber perjudicado determinados intereses que la AVL representa para el independentismo catalán.
  3. Inoperancia política. También puede ser, simplemente, que no sepan cómo enfrentarse a los sectores más radicales de la izquierda valenciana y hayan optado por la solución más cómoda: no enfrentarse a ellos. Porque gobernar también consiste en tomar decisiones incómodas y asumir el coste político de defenderlas.
  4. Las órdenes de González Pons. No hay que olvidar el peso que uno de los creadores de la AVL, González Pons, sigue teniendo dentro del partido, aunque su presencia en la política valenciana sea hoy mucho menos visible. ¿Hasta qué punto puede estar influyendo en determinadas decisiones? Es otra de las preguntas que quedan en el aire.
  5. El consejo de algún “padre político” de Pérez Llorca. Es decir, de algún alcalde de algún pueblecito alicantino que también tenga un peso considerable dentro del partido y que, llegado el momento, haya movido los hilos necesarios para que el propio Llorca fuera elegido presidente. Y ahora, curiosamente, el debate dentro del partido es si realmente es la persona más apropiada para presentarse como candidato.
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Dudas sobre el liderazgo de Pérez Llorca ante las próximas elecciones

Sea como sea, el debate interno está siendo intenso. Y no está nada claro que el carisma de Pérez Llorca sea suficiente para hacer despegar al Partido Popular en la Comunidad Valenciana. Es más, dentro del propio partido hay quienes consideran que mantenerlo al frente puede terminar beneficiando a Vox.

Y de Vox, personalmente, tengo pocas dudas: si gobernara con el PP y entre ambos consiguieran los 66 escaños necesarios para derogar la AVL, creo que este asunto estaría encima de la mesa como una de sus condiciones innegociables.

A Pérez Llorca, además, todavía le pesa la sombra de Mazón. Y eso es un problema político evidente. Por eso considero que refrescar la imagen del liderazgo del PP valenciano con una persona ajena a todo lo ocurrido durante estos dos últimos años podría ser una opción mucho más aconsejable de cara a una precampaña que, a partir de la próxima semana, se anuncia especialmente dura y que, previsiblemente, la izquierda valenciana afrontará desde sus posiciones más radicales.

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Y todo esto lo digo sin dejar de reconocer algo: considero que los consellers de los que se ha rodeado están haciendo un buen trabajo en muchos ámbitos y están contribuyendo al bienestar social de los valencianos.

Pero una cosa es la gestión y otra muy distinta la capacidad de liderazgo y de afrontar una campaña electoral. Y ahí es donde, a mi juicio, el PP valenciano tiene todavía muchas incógnitas por despejar.

Sea como sea, seguiremos atentos a los acontecimientos. Y, como siempre, os los iremos contando con la misma libertad de opinión con la que os digo que escribo mis comentarios.

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