El veterinario e hipólogo repasa los orígenes del PRE, desmonta algunas creencias asentadas y destaca el papel de las grandes ganaderías en la conservación de un patrimonio ecuestre único
Hablar del caballo Pura Raza Española es adentrarse en varios siglos de historia, selección ganadera, cultura y tradición. Sin embargo, alrededor de sus orígenes también han ido creciendo relatos que, repetidos durante generaciones, no siempre coinciden con la documentación histórica. El veterinario e hipólogo Guillermo García Palma propone mirar al pasado con rigor para comprender verdaderamente cómo se formó uno de los caballos más admirados del mundo.
Durante su entrevista en Ecos del Campo CV, García Palma defendió la importancia de acudir a los archivos, los libros genealógicos y los documentos conservados por las ganaderías. El estudio del caballo español, explicó, no puede sostenerse únicamente sobre historias transmitidas oralmente. Es necesario contrastar fechas, nombres, cruces y decisiones de cría para reconstruir una evolución que ha sido mucho más compleja de lo que habitualmente se cuenta.
Uno de los aspectos que más interés despierta entre los aficionados es el denominado caballo cartujano. Durante años se ha extendido la idea de que los monjes cartujos salvaron prácticamente por sí solos al caballo español. García Palma matiza esta interpretación y considera necesario diferenciar entre la importancia histórica de determinadas líneas cartujanas y la formación general del Pura Raza Española.
El cartujano no constituye una raza diferente, sino una familia o estirpe integrada dentro del propio caballo español. Su prestigio, su antigüedad y el cuidado con el que se conservaron determinadas líneas le concedieron un valor especial, pero la historia completa del PRE no puede reducirse exclusivamente al trabajo desarrollado en los monasterios.
La conservación y evolución del caballo español fue el resultado de la participación de numerosos criadores, instituciones y ganaderías. Cada una de ellas tomó decisiones que influyeron en la morfología, el carácter y las aptitudes de los ejemplares que han llegado hasta nuestros días.
Dentro de esta historia ocupa un lugar destacado la ganadería de Miura, conocida internacionalmente por sus toros de lidia, pero poseedora también de una extraordinaria tradición ecuestre. García Palma ha investigado durante años su archivo y su patrimonio genético, recuperando la relevancia que tuvieron sus caballos en la construcción del PRE moderno.
La historia del caballo de Miura permite observar cómo trabajaban antiguamente los grandes ganaderos. La selección no se realizaba únicamente atendiendo a la belleza exterior, sino también a la resistencia, la funcionalidad, el temperamento y la capacidad para desempeñar diferentes trabajos. Los caballos debían ser útiles, equilibrados y capaces de responder a las exigencias de la equitación de cada época.
Esta perspectiva ayuda a entender que el caballo español no nació como una pieza decorativa. Su morfología estaba relacionada con la función que debía desarrollar. La reunión, la agilidad, la facilidad para desplazar el peso hacia los posteriores y la disposición para aprender convirtieron al caballo español en un animal especialmente apreciado para la equitación académica, la guerra, los espectáculos ecuestres y los trabajos del campo.
Su influencia, además, trascendió las fronteras españolas. Durante siglos, los caballos procedentes de la península fueron utilizados para mejorar otras poblaciones europeas y americanas. Su prestigio estuvo ligado tanto a su apariencia como a su nobleza, manejabilidad y capacidad para adaptarse a distintos usos.
García Palma también recuerda que la denominación Pura Raza Española es relativamente reciente si se compara con la antigüedad histórica de estos caballos. Antes de que se establecieran los registros oficiales, se hablaba del caballo español o del caballo andaluz. La creación de los libros genealógicos permitió ordenar la cría, identificar a los ejemplares y establecer criterios comunes, pero no supuso el nacimiento repentino de una raza que ya contaba con siglos de evolución.
Conocer esta historia resulta fundamental para evitar simplificaciones. El PRE actual es el resultado de decisiones tomadas por muchas generaciones de criadores. Algunas líneas desaparecieron, otras se conservaron y determinadas ganaderías dejaron una huella que todavía puede encontrarse en los pedigrees actuales.
La investigación de Guillermo García Palma invita a observar al caballo español como un patrimonio vivo. No se trata únicamente de admirar su belleza o recordar un pasado glorioso, sino de comprender la responsabilidad que supone conservar sus cualidades.
El futuro del PRE dependerá también de la capacidad del sector para estudiar su historia sin mitificaciones. Conocer de dónde procede cada línea, qué características se buscaron y qué errores se cometieron permite tomar mejores decisiones de cría.
El caballo Pura Raza Española continúa siendo uno de los grandes embajadores culturales de España. Detrás de cada ejemplar existe una historia construida por ganaderos, jinetes, veterinarios y aficionados. Recuperarla con rigor, como propone Guillermo García Palma, es también una forma de proteger el futuro de la raza.
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