Rafael Arcos: la esencia del campo que no se puede perder

En un rincón donde el tiempo parece detenerse entre relinchos, polvo y verdad, nos recibe Rafael Arcos. No hay artificio. Solo caballos, campo y una forma de entender la equitación que trasciende la competición. Hasta allí nos desplazamos para grabar un nuevo programa de Ecos del Campo CV, emitido en Onda Fallera TV y YouTube, en una jornada que dejó claro por qué Arcos es, sencillamente, uno de los grandes referentes de la doma vaquera.

Desde el primer momento, su cercanía rompe cualquier etiqueta. Campeón, maestro, referente… pero ante todo, un hombre de campo.

“El caballo de vaquera tiene que ser un caballo de verdad”

La conversación arranca con una reflexión que marca el tono de toda la entrevista: la pérdida de las raíces.

Para Rafael Arcos, la doma vaquera no puede desligarse de su origen:

“El caballo de vaquera tiene que ser un caballo de trabajar, de desahijar, de apartar ganado… de campo de verdad.”

Y es ahí donde pone el acento. Más allá de la pista, de la música o de la estética, está el oficio. Ese que exige que un caballo se quede quieto con la rienda en el suelo o que responda ante un toro en una situación real.

Sin embargo, reconoce que ese mundo está cambiando:

“Todo eso se está perdiendo un poco, y eso no se puede cambiar por nada.”

El motivo no es otro que la evolución del sector: menos vaqueros, más mecanización, y un coste cada vez mayor para mantener caballos funcionales en ganadería. Aun así, insiste: sin esa base, el deporte pierde su alma.

Valencia, una afición que viene fuerte

Uno de los momentos más destacados llega cuando Arcos habla de la Comunidad Valenciana. Lejos de tópicos, lanza un mensaje claro y optimista:

“Creo que Valencia, quitando Andalucía, es de los sitios con más afición y con más proyección.”

Destaca especialmente el empuje de los jóvenes jinetes y el apoyo del público:

“Cuando entra un valenciano en pista, se nota en el aplauso. Eso es muy importante.”

Una afirmación que no es casual. Desde Ecos de Valencia llevamos tiempo mostrando ese crecimiento, y escucharla de boca de una figura como Arcos confirma que el trabajo va en la dirección correcta.

Aprender a base de errores… y de caballos

Lejos del mito del genio infalible, Rafael Arcos se muestra sorprendentemente honesto sobre su trayectoria:

“Muchas veces me he ido a la cama pensando que soy un cero a la izquierda montando a caballo.”

Para él, el aprendizaje no está en las victorias, sino en los errores diarios, en esos caballos que obligan al jinete a dar más de sí mismo. Porque no todos son iguales:

  • Algunos lo dan todo de forma natural
  • Otros exigen técnica, paciencia… y mucha inteligencia

Y ahí está una de sus claves:

“Hay caballos que no se doman por fuerza, sino con engaño y con técnica.”

La diferencia está en las sensaciones

Si hay un concepto que repite durante toda la entrevista es uno: sensaciones.

Arcos lo tiene claro. La técnica se puede aprender, pero el verdadero salto llega cuando el jinete empieza a sentir:

“Transmitir técnica es fácil. Transmitir sensaciones, no.”

De hecho, su propia formación fue prácticamente autodidacta. Con apenas 19 años se proclamó campeón de España sin haber tenido acceso a la formación que hoy existe.

“Yo me guié solo por sensaciones.”

Una afirmación que explica tanto su forma de montar como su manera de enseñar hoy en día.

¿Se nace o se hace un jinete?

La pregunta es inevitable. Y la respuesta, sincera:

“Eso se nace.”

Aunque matiza: hoy en día, con formación y buenos caballos, cualquiera puede llegar a competir a buen nivel. Pero hay un escalón más alto reservado a quienes tienen esa sensibilidad especial.

Aun así, pone en valor otro tipo de éxito:

“Ver a alguien que no sabía coger la rienda y tres años después compite, eso es como ganar un campeonato.”

Entre el campo y el deporte

En uno de los tramos finales, abordamos un tema clave: ¿la doma vaquera actual está más cerca del campo o del espectáculo?

Su respuesta es clara:

“Hoy está más cerca del deporte.”

La entrada en pista, las normas federativas, los controles… todo ha llevado a una “academización” necesaria para que la disciplina crezca y se internacionalice.

Pero advierte:
La línea es muy fina entre mantener la esencia y adaptarse a las exigencias actuales.

“Mil veces que naciera, no cambiaría mi vida”

Si hubiera que resumir toda la entrevista en una frase, probablemente sería esta.

Sin titubeos, sin dudas:

“Mil veces que naciera no cambiaría mi vida por nada en el mundo.”

Una declaración que resume lo que es Rafael Arcos: pasión, sacrificio y una vida entregada al caballo.

El legado más importante

Con el paso del tiempo, sus prioridades también han cambiado. Hoy, más allá de títulos o reconocimientos, tiene claro qué quiere dejar:

“Que me recuerden como una buena persona.”

Y añade algo aún más profundo: que su hijo y las futuras generaciones puedan sentirse orgullosos de su nombre.

Porque al final, más allá de la técnica, los caballos o la competición, queda lo esencial: la persona.

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