En un mundo donde la tradición pesa tanto como la responsabilidad, surgen figuras que representan el equilibrio perfecto entre pasado y futuro. Es el caso de Rocío Mir, alguacililla de la Plaza de Toros de Valencia, que con tan solo 24 años se ha convertido en uno de los rostros jóvenes que sostienen, con firmeza y pasión, una de las funciones más emblemáticas del protocolo taurino.
Nos recibe en su casa, en Meliana, con la cercanía de quien vive su vocación con naturalidad. Entre caballos, cuadras y el ambiente rural que define su día a día, descubrimos no solo a una profesional, sino a una apasionada del mundo animal y taurino.

Hija del reconocido escultor valenciano Rafa Mir, ampliamente vinculado al universo de los “bous al carrer”, Rocío creció rodeada de arte y tradición. Fue precisamente esa influencia familiar la que le abrió las puertas a un mundo que, poco a poco, terminó por conquistarla. Desde los 13 años comenzó a frecuentar el entorno de la plaza, acompañando a su padre en exposiciones y eventos, hasta que en 2022 llegó la oportunidad que cambiaría su vida: debutar como alguacililla.
Su papel, muchas veces desconocido para el gran público, resulta esencial en el desarrollo de una corrida. A caballo, es una de las primeras figuras en pisar el ruedo durante el despeje de plaza y el paseíllo, pero su labor va mucho más allá de lo ceremonial. Rocío es uno de los ojos que vigilan que todo transcurra conforme al reglamento, actuando como nexo entre el presidente, el delegado y el desarrollo de la lidia desde el callejón.
“Tenemos autoridad, pero siempre coordinados con los delegados. Somos quienes detectamos lo que ocurre en la plaza”, explica. Una responsabilidad que exige concentración absoluta, templanza y una gran capacidad de reacción.


Compagina esta exigente labor con sus estudios de cuarto curso de Veterinaria, con una clara vocación orientada al mundo del toro. “Es un animal que me apasiona, tanto por afición como por su anatomía. Me gustaría dedicarme profesionalmente a ello”, asegura, sin olvidar la estrecha relación que siempre ha existido entre el toro y el caballo en el ámbito ganadero.
Pero si algo define a Rocío Mir es su carácter. En un entorno históricamente masculino, reconoce haber sentido una presión añadida. “Es un mundo de hombres, y eso implica tener que demostrar más en algunas ocasiones”, afirma. Sin embargo, lejos de amedrentarse, ha sabido hacerse respetar. Recuerda especialmente un episodio en el que tuvo que plantar cara a una situación incómoda en el patio de cuadrillas: “Ahí entendí que hay líneas rojas que no se pueden cruzar”.
También hay espacio para la emoción. Uno de los momentos más especiales de su trayectoria lo vivió en julio de 2024, cuando, tras acudir casi de forma inesperada a una corrida, fue testigo directo de un indulto histórico. “Fue uno de esos días que no esperas nada y lo vives todo”, recuerda con una sonrisa.
A pesar de los nervios —que aún siente cada vez que sale al ruedo— Rocío reconoce que la ilusión sigue intacta. “Los nervios se me pasan cuando me bajo del caballo. Mientras tanto, estás pendiente de todo: el presidente, el público, la lidia… y también de hacerlo perfecto”.
Durante la entrevista también surge un debate interesante: el uso de caballos en la plaza. Rocío aclara que no es una decisión que dependa de los alguacilillos, sino de la propia gestión de la plaza, aunque comparte la idea de potenciar el uso de caballos procedentes de ganaderías valencianas, poniendo en valor el nivel y la calidad existentes en la Comunidad Valenciana.
Antes de despedirnos, nos muestra su traje de alguacililla: una vestimenta cargada de historia que mantiene viva la estética de los antiguos alguaciles. El chambergo, la capa, la chaqueta y cada detalle forman parte de una tradición que sigue vigente en cada festejo.
Rocío Mir representa una nueva generación que no solo hereda la tradición, sino que la vive, la entiende y la proyecta hacia el futuro. Con pasión, disciplina y personalidad, su figura ya forma parte del presente de la Plaza de Toros de Valencia… y, sin duda, también de su porvenir.

