En el emblemático puerto de Catarroja, rodeado por la huerta valenciana y uno de los paisajes más representativos de la cultura tradicional de la Comunitat Valenciana, se encuentra la casa de Simón Rodríguez, uno de los nombres propios de la doma vaquera valenciana. Su cuadra, profundamente ligada al entorno y a las raíces de esta disciplina, refleja perfectamente la esencia de un jinete que ha dedicado su vida al caballo, a la formación y a la competición.
Simón Rodríguez no solo ha conseguido consolidarse como uno de los referentes de la doma vaquera en Valencia, sino que además ha llevado el nombre de la comunidad a los más altos niveles nacionales. Campeón de la Comunitat Valenciana en varias ocasiones y séptimo de España en una de sus participaciones en el Campeonato Nacional, su trayectoria es el resultado de años de trabajo, constancia y una pasión heredada de generación en generación.
La afición por el caballo forma parte de la historia familiar de Simón. Desde su abuelo hasta sus hijas, el mundo ecuestre ha sido una constante en su vida. Creció rodeado de caballos en una época en la que la doma vaquera apenas tenía presencia en Valencia, donde eran pocos quienes apostaban por una disciplina históricamente vinculada a Andalucía. Sin embargo, Simón formó parte de esa generación que ayudó a impulsar y consolidar la vaquera en tierras valencianas, contribuyendo al crecimiento de una cantera que hoy empieza a recoger grandes resultados.
Su filosofía se aleja de quienes únicamente buscan el éxito en competición. Para Rodríguez, la verdadera esencia está en el proceso de doma, en comenzar desde cero con potros jóvenes y disfrutar de cada avance técnico. La “puesta en mano”, ese trabajo minucioso donde caballo y jinete alcanzan una comunicación casi imperceptible, es para él la base de todo. Considera que la doma nunca termina por completo, ya que siempre existe margen para perfeccionar la sensibilidad, la flexibilidad y la conexión entre ambos.

Pero si algo define la cuadra de Simón Rodríguez es su capacidad para formar talento. En su casa no solo se preparan caballos; se construyen futuros campeones. Su hija Rocío, con apenas 15 años, ya ha logrado proclamarse subcampeona de España, demostrando que el relevo generacional está más que asegurado. Junto a ella destaca también Carla Siges, una de las jóvenes promesas del entorno de Simón, que ha alcanzado el sexto puesto en el Campeonato de España, consolidándose como otro de los grandes nombres emergentes de la doma vaquera valenciana. Además, jóvenes como Juan continúan creciendo en esta escuela familiar, convirtiendo la finca de Catarroja en una auténtica cantera de competición nacional.
Simón destaca además el gran momento que vive la doma vaquera en la Comunitat Valenciana. Considera que existe una generación de jinetes y amazonas con enorme proyección, especialmente entre las jóvenes competidoras, cuya sensibilidad y técnica están marcando una evolución importante dentro de la disciplina. Para él, Valencia cuenta actualmente con una base sólida y un futuro prometedor que puede seguir acercando a la comunidad a la élite nacional.
Más allá de títulos y resultados, Simón entiende la doma vaquera como una mezcla de técnica, corazón, tradición y sentimiento. No se trata solo de competir, sino de vivir una cultura profundamente ligada al caballo y a una forma de entender la equitación que exige entrega absoluta.
Desde Catarroja, Simón Rodríguez representa esa unión perfecta entre tradición familiar, excelencia deportiva y formación de nuevas generaciones. Su trabajo diario, su visión de la doma y su compromiso con el crecimiento de la vaquera valenciana lo convierten en una figura esencial dentro del panorama ecuestre actual.
En una Comunitat Valenciana que cada vez pisa con más fuerza en el ámbito nacional, nombres como el de Simón Rodríguez, junto al crecimiento de jóvenes talentos como Rocío Rodríguez y Carla Siges, siguen demostrando que la pasión, el trabajo y las raíces pueden convertir una cuadra familiar en una referencia para toda España.










