STEPV, sindicato de todo menos de la enseñanza

Porecos valencia

agosto 17, 2026

Que es un sindicato lo sabemos. Que es de trabajadores, también. Que se autodenominan “PV”, con todo lo que ello supone de “País Valencià”, también, especialmente sabiendo de dónde vienen y cuáles son sus referentes políticos. Pero que se presenten como sindicato de la “Enseñanza” ya es otra cosa. Ahí es donde, en mi opinión, entramos en el terreno de Maquiavelo.

Porque enseñar no es adoctrinar. Enseñar no es utilizar un sindicato para hacer política. Enseñar tampoco es utilizar a niños y jóvenes como instrumentos para fines políticos o ideológicos.

Por eso considero que el “Sindicat de Treballadors del Ensenyament del País Valencià” es, en buena medida, una farsa y una quimera. Una organización que, a mi juicio, ha convertido demasiadas veces la enseñanza en un terreno de batalla ideológica y que está mucho más cerca de determinadas posiciones catalanistas de lo que debería estar cualquier organización que dice defender exclusivamente los intereses de los trabajadores de la enseñanza.

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Porque cuesta creer que su principal preocupación sean la calidad de la enseñanza, las ratios, la burocracia, las condiciones de los centros o los problemas cotidianos de alumnos y profesores. Da la impresión de que su prioridad es mantener la movilización y la tensión política hasta mayo, con la esperanza de que vuelva al poder en la Comunidad Valenciana —para ellos, el País Valencià— Compromís y sus socios del antiguo Botànic.

Y es aquí donde aparece la contradicción.

Si Compromís volviera a gobernar en una reedición del Botànic, ¿desaparecerían todos esos problemas? ¿Dejarían de existir las reivindicaciones, las ratios, la burocracia y las deficiencias de la enseñanza? Evidentemente, no. Sin embargo, viendo determinadas actuaciones, parece que algunos problemas adquieren una importancia extraordinaria cuando gobierna el PP y pierden intensidad cuando gobiernan los suyos.

Antes de 2023 también existían problemas en la enseñanza. También había reivindicaciones, ratios, burocracia y conflictos laborales pero no montaban estos circos. La diferencia es que entonces gobernaba el Botànic. Y esa diferencia resulta, cuando menos, llamativa.

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Ahora que otros sindicatos están negociando con la Conselleria mejoras y reivindicaciones concretas, el STEPV parece seguir apostando por la confrontación. Y ahí está mi principal crítica: da la impresión de que no basta con conseguir mejoras. Lo importante parece ser mantener la tensión hasta mayo.

Porque, si lo que se pretende es que vuelva Compromís, sería más honesto reconocer que estamos ante una estrategia política y no presentarla exclusivamente como una defensa de la enseñanza.

Y después está la cuestión ideológica.

Durante los ocho años del Botànic, determinadas organizaciones vinculadas al ámbito educativo tuvieron un enorme peso en la definición del modelo lingüístico y cultural de la enseñanza valenciana. Y ahí aparecen nombres como “Escola Valenciana” o “Plataforma per la Llengua” —la llamada “ONG del Catalán”—, organizaciones que defienden planteamientos lingüísticos y culturales muy concretos y que han tenido una importante presencia en el debate educativo valenciano.

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La cuestión es hasta qué punto la escuela debe ser un espacio para enseñar o un instrumento para transmitir una determinada concepción identitaria.

Porque una cosa es enseñar valenciano y otra muy diferente pretender utilizar la escuela para construir una determinada identidad política. Una cosa es conocer nuestra lengua y nuestra cultura y otra decirles a nuestros niños quiénes deben ser o cómo deben sentirse.

Y quizá ahí esté una de las mayores frustraciones de quienes llevan años defendiendo determinados planteamientos: pese a todos sus esfuerzos, pese a los ocho años del Botànic y pese a la influencia que determinadas organizaciones han tenido en el ámbito educativo, muchos jóvenes valencianos siguen sintiéndose profundamente valencianos y, al mismo tiempo, profundamente españoles.

Lo hemos visto en el fútbol. Lo hemos visto tras el Mundial. Lo vemos cada vez que miles de valencianos salen a la calle con la bandera de España, celebran un triunfo de la selección o vibran con un gol de Ferran Torres. Y no por ello dejan de sentirse valencianos.

Quizá ese sea precisamente el problema para quienes pretenden imponer una identidad excluyente: que una cosa no quita la otra. Se puede ser valenciano y español sin ningún conflicto. Se puede amar el valenciano sin negar el español. Se puede defender nuestra cultura sin necesidad de convertir la escuela en un campo de batalla identitario.

Por eso, cuando el STEPV se presenta como defensor de la “Enseñanza”, pero al mismo tiempo participa activamente en determinadas batallas políticas y lingüísticas, resulta inevitable preguntarse dónde termina la defensa de los trabajadores y dónde empieza la militancia ideológica.

Al final, quizá haya que llamarlo por lo que uno considera que es: “Sindicat” de muchas cosas, pero no necesariamente de la enseñanza.

Porque cuando el plumero se ve tanto, llega un momento en que ya ni siquiera hace falta disimular.

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