La presencia de esteladas, simbología ideológica y protestas durante la celebración del Día de la Comunitat Valenciana reabre el debate sobre el respeto a nuestras tradiciones, la instrumentalización política de los actos públicos y la responsabilidad de los medios de comunicación.
El 9 de Octubre no es una fecha cualquiera. Es el día en que los valencianos conmemoramos nuestra historia, nuestras instituciones, nuestras tradiciones y una identidad colectiva que merece respeto, independientemente de las preferencias políticas de cada ciudadano. Por eso, las imágenes de concentraciones y protestas difundidas durante esta jornada merecen un análisis crítico que vaya más allá de la propaganda y de los enfrentamientos habituales entre partidos.
En las grabaciones aparecen banderas esteladas y otros símbolos políticos en un contexto de movilización ciudadana. Su presencia plantea una pregunta legítima: ¿por qué una celebración histórica valenciana termina convertida en escenario de reivindicaciones ideológicas que no todos los valencianos comparten? La respuesta no puede consistir en negar el derecho de manifestación. Pero tampoco en exigir que cualquier expresión política quede libre de crítica por el simple hecho de presentarse como una protesta social.
El derecho a protestar merece protección. El derecho de los valencianos a celebrar pacíficamente su día también.
LA IDENTIDAD VALENCIANA NO PUEDE QUEDAR EN SEGUNDO PLANO
La estelada representa una reivindicación independentista vinculada al nacionalismo catalán. Su exhibición es una expresión política, pero su presencia en una celebración valenciana puede suscitar críticas. Valencia posee una trayectoria histórica propia. El Reino de Valencia contó con instituciones, legislación y tradiciones diferenciadas, y su patrimonio cultural constituye una parte fundamental de la historia de España.
Esa realidad no desaparece porque existan proyectos políticos que propongan identidades compartidas entre territorios. La identidad valenciana no necesita enfrentarse a la catalana para reivindicar su personalidad histórica. Pero tampoco tiene por qué quedar subordinada a ningún proyecto nacionalista.
Quienes defienden una determinada concepción política del territorio tienen derecho a expresarla. Quienes defienden la singularidad histórica y cultural valenciana tienen exactamente el mismo derecho a cuestionarla. La pluralidad democrática funciona en ambas direcciones.
LA VIVIENDA ES UN PROBLEMA REAL, NO UNA EXCUSA PARA EL SECTARISMO
Una de las cuestiones más importantes de este episodio es que las protestas estaban relacionadas con la vivienda. Y conviene decirlo claramente: el acceso a una vivienda digna constituye una preocupación social seria, especialmente para jóvenes, familias y trabajadores que encuentran enormes dificultades para alquilar o comprar una casa.
Descalificar globalmente a quienes protestan sería tan injusto como considerar que toda crítica a la movilización equivale a despreciar sus reivindicaciones.
Sin embargo, también cabe preguntar si la acumulación de símbolos partidistas y nacionalistas favorece el objetivo social de una concentración o termina desplazándolo. Cuando una protesta por la vivienda acaba siendo discutida principalmente por sus banderas, existe el riesgo de que el problema que pretendía denunciar quede relegado.
Y quienes organizan movilizaciones deberían reflexionar sobre ello. Una reivindicación social gana fuerza cuando consigue sumar ciudadanos de distintas sensibilidades. La pierde cuando transmite la impresión de que solo tienen cabida quienes comparten una determinada ideología.
TERRA LLIURE: UNA REFERENCIA QUE NO ADMITE AMBIGÜEDADES
El mensaje que acompaña a las imágenes denuncia que durante la concentración se habría coreado «Visca Terra Lliure!». Terra Lliure fue una organización terrorista independentista catalana que utilizó la violencia para perseguir sus objetivos políticos. Su trayectoria histórica no debe confundirse con el ejercicio pacífico de la libertad de expresión.
Si se acredita que determinadas personas exaltaron públicamente a esa organización, el hecho merece una condena política clara. Ninguna reivindicación social, nacionalista o antifascista puede servir para justificar la violencia terrorista.
Pero hay una diferencia fundamental entre denunciar una consigna concreta y atribuirla indiscriminadamente a todos los asistentes. La presencia de banderas independentistas no demuestra por sí misma una adhesión al terrorismo. Tampoco la presencia de simbología comunista o antifascista permite deducir automáticamente comportamientos violentos.
Una crítica periodística seria debe identificar qué ocurrió, quién lo protagonizó y qué pruebas lo acreditan. De lo contrario, corre el riesgo de cometer precisamente aquello que denuncia: sustituir la información por propaganda.
RTVE Y LA OBLIGACIÓN DE INFORMAR SIN DOBLES RASEROS
El vídeo difundido también plantea críticas a RTVE por el tratamiento informativo de la manifestación. La televisión pública debe ofrecer una cobertura completa, contextualizada y rigurosa, especialmente cuando informa sobre acontecimientos políticamente controvertidos. Eso significa explicar las reivindicaciones de los manifestantes, identificar los hechos relevantes y contrastar cualquier acusación de exaltación de la violencia.
Si se produjeron incidentes o consignas especialmente graves, ocultarlos sería periodísticamente cuestionable. Pero también lo sería amplificar actuaciones aisladas para desacreditar a toda una concentración.
La obligación de RTVE no es proteger el relato de un gobierno ni satisfacer las expectativas de sus adversarios. Es informar con independencia. Por eso, cualquier denuncia de parcialidad debería examinar la emisión completa y no únicamente fragmentos seleccionados. Las imágenes difundidas pueden justificar preguntas sobre la cobertura, pero no bastan por sí solas para demostrar una manipulación deliberada.
LA RESPONSABILIDAD DE LAS INSTITUCIONES
El 9 de Octubre requiere una organización institucional especialmente cuidadosa. Las administraciones públicas deben garantizar que los actos oficiales puedan desarrollarse con normalidad, que los ciudadanos puedan participar en las celebraciones y que quienes deseen manifestarse ejerzan sus derechos pacíficamente. No se trata de conceder privilegios a unos frente a otros, sino de evitar que el enfrentamiento político termine perjudicando a toda la ciudadanía.
También sería deseable una mayor claridad institucional ante cualquier episodio de amenazas, intimidación o violencia. Los responsables públicos deben actuar con criterios transparentes y proporcionales, sin convertir cada controversia en una batalla de acusaciones partidistas. Una celebración institucional no debería convertirse en un pulso permanente entre manifestantes, autoridades y partidos políticos. Y una protesta social tampoco debería utilizarse como pretexto para enfrentar artificialmente a valencianos de distintas sensibilidades.
VALENCIA MERECE MÁS QUE UNA GUERRA DE BANDERAS
Lo verdaderamente preocupante de estas imágenes no es que existan ciudadanos con opiniones políticas diferentes. Eso es normal en democracia. Lo preocupante es que el debate sobre una jornada tan importante para los valencianos pueda quedar reducido a una sucesión de símbolos enfrentados, acusaciones y polémicas televisivas.
Mientras tanto, cuestiones fundamentales como el acceso a la vivienda, la protección de nuestro patrimonio, la conservación de nuestras tradiciones y la convivencia ciudadana corren el riesgo de desaparecer del centro de la discusión. Valencia no necesita que todos sus ciudadanos piensen igual. Necesita que todos puedan defender sus ideas sin amenazas, sin violencia y sin apropiarse en exclusiva de una celebración que pertenece al conjunto de la sociedad.
El 9 de Octubre debe seguir siendo una fecha para recordar nuestra historia y afirmar nuestra personalidad valenciana, desde el respeto a la pluralidad. Las protestas pacíficas tienen su espacio en una sociedad democrática. Las críticas a esas protestas también. Pero ni la exaltación del terrorismo, si se demuestra, puede quedar amparada por una causa social, ni las acusaciones sin pruebas deben convertirse en instrumentos para criminalizar a colectivos enteros.
EL 9 DE OCTUBRE ES DE TODOS LOS VALENCIANOS. NUESTRA HISTORIA MERECE RESPETO, NUESTRA IDENTIDAD MERECE RECONOCIMIENTO Y NUESTRA CONVIVENCIA MERECE ALGO MÁS QUE UNA BATALLA PERMANENTE DE CONSIGNAS Y BANDERAS.
Pedro Fuentes Caballero
Académico de la Real Academia de Cultura Valenciana correspondiente por Dénia
Presidente de la Asociación Cultural Roc Chabàs de Dénia
Agregado colaborador de la Sección de Cronistas Oficiales del Reino de la Real Acadèmia de Cultura Valenciana






















