La acampada de Alicante ha decidido retirarse por iniciativa propia tras permanecer diez jornadas instalada en el corazón de la ciudad. El colectivo que impulsó esta acción reivindicativa, conocida como la protesta de Sol en la capital alicantina, acordó levantar las instalaciones temporales que durante más de una semana transformaron el paisaje urbano de la plaza de la Montañeta.
La movilización puso el foco en la gestión del Gobierno de Pedro Sánchez frente a la crisis del acceso a un techo digno, un malestar que compartimos quienes seguimos de cerca la Actualidad de nuestra Comunitat.
Fin voluntario a diez jornadas de movilización en la Montañeta
El punto neurálgico de la protesta no fue casual. La plaza de la Montañeta alberga sedes institucionales clave, como la Subdelegación del Gobierno, lo que convirtió este enclave en un altavoz directo para las demandas de los participantes. Durante el momento de mayor afluencia, el campamento llegó a contar con cerca de un centenar de tiendas montadas de manera coordinada, visibilizando la indignación social por las dificultades para alquilar o comprar un inmueble en las ciudades valencianas.
La retirada se ha producido sin incidentes reseñables y de manera totalmente voluntaria. Quienes integraban el asentamiento optaron por cerrar esta fase de su plan de acción, tras diez días continuados de estancia en el espacio público. Con esta decisión, la acampada de Alicante concluye una etapa visible frente a las administraciones del Estado, dejando constancia de un reclamo que trasciende lo local y que interpela directamente a las políticas habitacionales del Ejecutivo central.
El malestar social por el acceso habitacional en la Comunitat
La acción de Alicante refleja un descontento palpable en numerosos municipios de la autonomía, donde los precios de los alquileres y la falta de oferta asequible ahogan los presupuestos familiares. Al instalarse frente a las oficinas estatales, los portavoces de la protesta señalaron la ineficacia de las medidas legislativas promovidas a nivel nacional, acusando a la Moncloa de agravar el panorama con normativas que no consiguen rebajar la presión sobre los inquilinos ni aportar certidumbre al mercado.
Pese a que las tiendas ya no ocupan el céntrico parque, el debate sobre el derecho a la vivienda permanece abierto en la agenda pública provincial y autonómica. La concentración sirvió como termómetro de una tensión social creciente.






















