La acampada de Sol es de todo menos de vivienda.
Estaban esperando movilizar lo que han movilizado por algo. Daba igual el qué y el porqué. Había que movilizar. Había que encontrar un motivo capaz de sacar a la gente a la calle y generar un relato que permitiera convertir una protesta concreta en algo mucho más grande.
El constante descenso en intención de voto de la izquierda y la posibilidad de que la derecha vuelva al poder asusta mucho a una izquierda que llevaba tiempo deprimiéndose mientras veía cómo Sánchez les estaba hundiendo.
Había que buscar algo que cuadrara como alarma social y que permitiera empatizar con la víctima. Y encontraron en Mari Carmen un tema perfecto: los desahucios de personas mayores que viven solas.
Da igual que esta persona siguiera ahí de la forma que ya conocemos. Da igual que tuviera medios para poder vivir en una casa. Lo importante era provocar un estallido social. Y lo han hecho. Y lo han aprovechado.
Una movilización con trasfondo político
Este estallido ha sido aprovechado por grupos de la extrema izquierda para intentar extenderlo por toda España. Y, con la permisividad del Gobierno, intentar desestabilizar la vida cotidiana para que, mientras tanto, no se hable de Ceuta, de la Ley de Nietos, de Begoña o de la corrupción de las cloacas socialistas, entre otros muchos casos.
Un presidente que fue capaz de hacer trampas en su propio partido para convertirse en líder es normal que, teniendo el control de casi todos los poderes del Estado, intente por todos los medios no perder el poder.
Digo casi porque el judicial todavía no lo controla. Digo bien, «todavía», porque intentar, no me cabe duda de que lo está intentando.
El poder como motor principal
Y mientras tanto, Sánchez sigue avanzando en su proyecto ideológico de transformar España en una sociedad cada vez más intervenida y sometida al poder político, con un modelo que sus críticos comparan con los regímenes comunistas de Cuba o Venezuela.
Aquí es cuando nos damos cuenta de que la Constitución del 78 está obsoleta. Cuando permite que un tirano con piel de cordero esté hundiendo literalmente España y no exista un mecanismo constitucional capaz de impedirlo. Y algo falla cuando el Tribunal Constitucional está dirigido por una persona puesta por Sánchez.
Algo falla ya.
La acampada de Sol no es por la vivienda.
Es por la pérdida de control de la izquierda y por el intento de la extrema izquierda de movilizar a sus votantes para evitar la vuelta de la derecha al poder.
Y no van a parar de buscar razones.
Incluso, tomad nota, pueden llegar a provocar un estallido que lleve a Sánchez a declarar un estado de emergencia o cualquier otra medida que le permita retrasar todo lo posible unas elecciones que sabe que pueden poner fin a su poder.
Porque esa es la clave que algunos no quieren ver.
Esto no va de Mari Carmen.
Esto no va de una acampada.
Esto no va siquiera de la vivienda.
Va de poder.
Y la acampada de Sol es solo una parte de un todo.



















