Ayuso y Bonilla protagonistas inesperados en una manifestación radical contra Mazón de una izquierda valenciana desnortada y desesperada

PorPepe Herrero

abril 27, 2026 #manifestacion, #ruido
  • Muchas puesta en escena pero cero contenido
  • Una muestra más de la dinámica patética y desesperada ante falta de consistencia en las acusaciones

La manifestación de este domingo 27 de abril contra el presidente valenciano Carlos Mazón tuvo más de escenificación que de propuesta, más de ruido que de contenido. Lo que pretendía ser una demostración de fuerza política acabó derivando en un acto difícil de tomar en serio, donde la crítica se diluyó entre referencias forzadas y comparaciones traídas con calzador.

Porque si algo definió la jornada fue la insistencia en mezclar planos: convertir a Isabel Díaz Ayuso y a Juan Manuel Moreno Bonilla en protagonistas indirectos de una protesta que, en teoría, tenía como foco la política valenciana. El resultado fue una narrativa dispersa, incapaz de concretar agravios propios sin recurrir constantemente a figuras externas, como si el mensaje necesitara apoyarse en ecos ajenos para sostenerse.

El tono, además, osciló entre la hipérbole y la consigna fácil. Se escucharon lemas contundentes, sí, pero también vacíos, repetidos sin demasiado esfuerzo por aterrizarlos en propuestas reales o en un diagnóstico serio de la situación. La protesta se movió en ese terreno resbaladizo donde la indignación se convierte en espectáculo y la política en caricatura.

No ayudó tampoco la puesta en escena. Pancartas grandilocuentes, eslóganes de trazo grueso y una sobreactuación constante que terminó por restar credibilidad al conjunto. Cuando todo se plantea en términos absolutos, sin matices ni voluntad de persuadir a quien piensa distinto, el resultado no es movilización efectiva, sino reafirmación de los ya convencidos.

La paradoja es evidente: en un contexto que exigiría debates rigurosos y críticas bien articuladas, se optó por un guion previsible, más preocupado por el impacto inmediato que por la solidez del mensaje. Y así, lo que podía haber sido una jornada de confrontación política legítima se quedó en una representación poco afinada, incapaz de trascender el titular fácil.

Y es que la falta de contenido no solo es evidente, sino clamorosa. La jueza de Catarroja ha dejado claro que Mazón no tenía responsabilidad en el Cecopi, lo que lo aleja del ámbito penal, aunque no del político, un coste que ya ha empezado a pagar.

En el caso de Ayuso, más de 20 jueces han desmontado el relato al dictaminar que no existe responsabilidad penal por los 7.291 fallecidos en residencias que la izquierda le atribuye de forma machacona, convirtiendo el dolor en munición política.

Tampoco a Moreno Bonilla se le puede imputar responsabilidad penal por el cribado del cáncer de mama, pero eso no impidió que la asociación socialista AMAMA se prestara a la escenificación, sumándose al ruido y a la estrategia de desgaste en Valencia.

Al final, la sensación que dejó la manifestación no fue la de una alternativa en construcción, sino la de un ruido que se agota en sí mismo. Mucha escenografía, poca sustancia y una oportunidad desaprovechada para convertir la protesta en algo más que un eco de consignas.

Una vez más, el ridículo de la izquierda valenciana quedó al descubierto de manera patética.

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