Crece la sensación de que A Punt sigue muy controlado por el entorno de Compromís

  • Desde la derecha se acusa a A Punt de ser más crítico con Mazón que en su día con Puig o Mónica Oltra
  • Sectores del PP reconocen la dificultad de cambiar la dinámica por la estabilidad laboral de muchos trabajadores incorporados durante el mandato del Botànic

Desde la llegada del nuevo gobierno autonómico al Palau de la Generalitat, una de las promesas más repetidas por el Partido Popular y Vox fue la “despolitización” de À Punt. Sin embargo, casi tres años después del cambio político en la Comunitat Valenciana, en amplios sectores de la derecha valenciana sigue creciendo la sensación de que la televisión pública continúa bajo la influencia ideológica y estructural del antiguo entorno de Compromís.

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La crítica no es nueva, pero sí cada vez más intensa. Dirigentes del PP, tertulianos y parte de la opinión pública conservadora consideran que À Punt mantiene todavía buena parte de la red de cargos, profesionales y líneas editoriales consolidadas durante los años del Botànic, especialmente bajo la influencia cultural y comunicativa de Compromís. Según esta visión, el cambio político en la Generalitat no habría supuesto un verdadero relevo en los centros de poder internos de la cadena pública.

Uno de los argumentos más repetidos por los críticos es que muchos responsables de contenidos, productores externos, colaboradores habituales y perfiles directivos proceden de círculos próximos al catalanismo político y cultural que históricamente orbita alrededor de Compromís. Aunque no exista una afiliación formal ni instrucciones políticas directas, sostienen que permanece una “hegemonía ideológica” que condiciona el enfoque de determinadas noticias, debates y programas.

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Las acusaciones se han intensificado especialmente tras varias coberturas informativas relacionadas con cuestiones lingüísticas, memoria histórica o críticas al actual gobierno autonómico, sobre todo los días de la dana cuyos informativos parecían más propios de RTVE o de la Sexta. Desde sectores conservadores se denuncia que À Punt sigue mostrando una sensibilidad mucho más dura con el Ejecutivo de Carlos Mazón que la que mantuvo durante los años del Botànic con Ximo Puig o Mónica Oltra.

En privado, algunos dirigentes populares reconocen además la dificultad de modificar las dinámicas internas de una televisión pública construida durante años bajo un determinado clima político y cultural. Muchos trabajadores accedieron mediante procesos públicos y cuentan con estabilidad laboral, lo que impide cambios rápidos o profundos sin provocar un enorme conflicto político y sindical. A eso se suma el temor del nuevo gobierno a ser acusado precisamente de aquello que criticó durante años: intentar controlar políticamente los medios públicos.

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Desde À Punt y desde la izquierda valenciana rechazan tajantemente estas acusaciones. Defienden que la cadena cuenta con profesionales independientes y recuerdan que las críticas del PP forman parte de una estrategia clásica de desacreditación contra cualquier medio público que no actúe como altavoz gubernamental. También subrayan que la pluralidad informativa implica precisamente incomodar al poder político de turno.

Pero el debate va mucho más allá de una televisión autonómica. En el fondo, refleja una batalla cultural profunda sobre la identidad valenciana, el papel del calatalanismo contra el valencianismo político y el control del relato público en la Comunitat Valenciana. Para la derecha, À Punt continúa representando una estructura cultural heredada del Botànic. Para la izquierda, los ataques contra la cadena esconden un intento de debilitar uno de los pocos espacios mediáticos valencianos con identidad propia a pesar de que su amor a todo lo catalán es casi constante, desde el lenguaje empleado hasta la ideología de fondo en sus informativos.

Y en medio de esa guerra política permanente, À Punt sigue convertida en algo más que una televisión pública: un símbolo del poder cultural e ideológico en la Valencia de hoy.

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