- La reconstrucción ha permitido recuperar parte de las infraestructuras dañadas, pero numerosas actuaciones siguen sin completarse. En los municipios más castigados, la normalidad convive con edificios todavía afectados, conexiones pendientes y proyectos hidráulicos que no estarán listos a corto plazo
Dos años. Veinticuatro meses desde que el agua arrasó calles, viviendas, comercios e infraestructuras de decenas de municipios valencianos. Dos años desde una de las mayores tragedias de la historia reciente de la Comunitat Valenciana, que dejó 233 víctimas mortales. Y dos años después, la reconstrucción continúa sin estar terminada.
El tiempo ha devuelto cierta normalidad a muchos rincones de la zona cero. Se han reparado calles, recuperado puentes y restablecido servicios. Los vecinos han levantado persianas, los comerciantes han vuelto a abrir sus negocios y los ayuntamientos han tratado de recomponer la vida cotidiana de sus municipios.
Pero bajo esa apariencia de recuperación permanece una realidad menos visible: hay infraestructuras que todavía esperan una solución, edificios que arrastran daños y proyectos esenciales para prevenir futuras inundaciones que siguen pendientes de completar su tramitación.
La pregunta, llegados a este segundo aniversario, resulta inevitable: ¿cuánto falta para que la reconstrucción pueda considerarse realmente terminada?
Las grandes obras contra las inundaciones siguen esperando
La asignatura pendiente más importante no es únicamente reparar lo que destruyó el agua, sino reducir el riesgo de que vuelva a suceder una catástrofe semejante.
Según el balance publicado con motivo del segundo aniversario, la Confederación Hidrográfica del Júcar ha completado 17 actuaciones de emergencia, con una inversión superior a los 220 millones de euros. Son trabajos relevantes para recuperar infraestructuras y mejorar determinados cauces, pero no equivalen a haber ejecutado las grandes obras de protección hidráulica que necesita el territorio. <Cite refs={[«turn811089search0″,»turn811089news20»]}/>
Entre las actuaciones pendientes figuran proyectos para desviar parte del caudal del barranco del Poyo hacia el nuevo cauce del Turia y desarrollar infraestructuras de laminación que permitan retener temporalmente el agua y reducir la intensidad de las avenidas.
El proyecto de adecuación del sistema Pozalet-La Saleta, fundamental para varios municipios de l’Horta Sud, podría comenzar en 2027. Las previsiones sobre las grandes actuaciones hidráulicas apuntan a un horizonte que llega hasta 2030. Eso significa que algunas de las soluciones más importantes todavía requieren años de trabajo. <Cite refs={[«turn811089search0″,»turn811089news20»]}/>
La diferencia entre reparar y prevenir es crucial. Un puente reconstruido permite recuperar la movilidad; un sistema hidráulico eficaz debe contribuir a evitar que una futura avenida vuelva a dejar incomunicada a una población.
Por eso, dos años después, el balance no puede limitarse a contar el dinero invertido o las obras terminadas. También debe medir qué riesgos se han reducido, qué proyectos siguen pendientes y cuándo podrán estar operativos.
Paiporta, Aldaia y Torrent: la recuperación continúa
En Paiporta, uno de los municipios más golpeados por las inundaciones, se han reconstruido dos puentes y se ha habilitado una pasarela. Sin embargo, todavía quedan actuaciones viarias, edificios públicos y trabajos de renovación urbana por completar. Entre ellos figura la renovación de 25 kilómetros de calles para mejorar el alcantarillado.
En Aldaia, la preocupación se centra en las infraestructuras capaces de contener las escorrentías y reducir el volumen de agua que llega al núcleo urbano. Las actuaciones realizadas no eliminan la necesidad de nuevas canalizaciones y balsas de laminación en el sistema Pozalet-Saleta.
En Torrent, el barranco de la Horteta continúa en el centro de las reclamaciones municipales. La alcaldesa, Amparo Folgado, ha pedido acelerar las intervenciones de la Confederación Hidrográfica del Júcar y ha reclamado actuaciones que no se limiten a los tramos inferiores de los cauces, sino que permitan controlar también el agua aguas arriba.
Son necesidades diferentes, pero comparten un mismo problema: la reconstrucción no termina cuando desaparecen los escombros. Termina cuando las infraestructuras esenciales vuelven a funcionar y las medidas de protección necesarias se convierten en obras reales.
Ascensores que siguen sin funcionar
La reconstrucción tampoco se mide únicamente en grandes puentes, carreteras o barrancos. También se mide en la vida cotidiana de quienes llevan meses esperando recuperar servicios básicos en sus propios edificios.
Un ejemplo especialmente revelador es el de los ascensores. Según la información publicada el 26 de octubre, alrededor de 245 ascensores de fincas afectadas por la dana continuaban fuera de servicio, sin una fecha definida para la finalización de las reparaciones. La situación afecta a comunidades de distintos municipios, entre ellos Catarroja.
Para una persona mayor, alguien con movilidad reducida o una familia que vive en una planta alta, un ascensor averiado no es una simple molestia. Puede convertirse en un obstáculo para salir de casa, acudir al médico, hacer la compra o recuperar una vida autónoma.
Las comunidades de propietarios han tenido que afrontar trámites, gastos y dificultades para encontrar empresas y materiales. Mientras tanto, algunas siguen sin saber cuándo podrán disponer de un servicio tan básico como el ascensor.
Dos años después, estos casos recuerdan que la reconstrucción también debe llegar a los hogares y no quedarse en las grandes cifras de inversión.
Utiel continúa esperando la recuperación ferroviaria
Los municipios del interior tampoco han recuperado por completo la normalidad. Utiel continúa sin servicio ferroviario, mientras permanecen pendientes proyectos como el nuevo instituto y el cuartel de la Guardia Civil, según el balance publicado por la Cadena SER sobre la situación de las localidades afectadas. <Cite refs={[«turn811089search1»]}/>
La falta de conexiones ferroviarias no es un asunto menor. Afecta a los desplazamientos, las oportunidades laborales y la movilidad de los vecinos, y añade dificultades a la recuperación económica de una población que ya sufrió importantes daños.
La reconstrucción debe atender tanto a los municipios más conocidos de l’Horta Sud como a las localidades del interior. Las consecuencias de la dana no terminaron en los lugares que ocuparon las portadas durante los primeros días.
El atasco administrativo y la responsabilidad de cumplir los plazos
Los responsables municipales vienen reclamando que se aceleren determinados proyectos y advierten de que los procedimientos administrativos retrasan algunas actuaciones. En Torrent, por ejemplo, el Ayuntamiento ha reclamado mayor rapidez en las obras del barranco de la Horteta. <Cite refs={[«turn811089news10»]}/>
Es evidente que las grandes infraestructuras hidráulicas requieren estudios técnicos, evaluación ambiental, coordinación entre administraciones y procedimientos de contratación. No se puede construir una solución segura sin planificarla adecuadamente.
Pero esa complejidad tampoco puede convertirse en una explicación permanente para aplazar decisiones.
Cuando una obra es esencial para reducir el riesgo de inundación, la ciudadanía tiene derecho a conocer su estado, el presupuesto previsto, los trámites que faltan y el calendario estimado. También debe saber qué administración es responsable de cada actuación y qué obstáculos concretos impiden avanzar.
La coordinación entre el Gobierno central, la Generalitat y los ayuntamientos resulta indispensable. Las diferencias políticas no pueden sustituir a la cooperación técnica ni servir de excusa para que los proyectos se eternicen.
No basta con anunciar inversiones. Hay que ejecutarlas, supervisarlas y explicar públicamente los retrasos.
Reconstruir también significa aprender de la tragedia
La dana dejó al descubierto la vulnerabilidad de un territorio con municipios densamente urbanizados y zonas expuestas a inundaciones. Por eso, la reconstrucción no debería limitarse a devolver las calles y los edificios al estado anterior.
Los expertos y los colectivos vecinales han insistido en la necesidad de adaptar el urbanismo, recuperar espacios capaces de absorber agua y evitar que el crecimiento urbano incremente la exposición al riesgo. La actualización del plan territorial de prevención de inundaciones de la Comunitat Valenciana, el PATRICOVA, ha ampliado las áreas identificadas como inundables en distintos municipios analizados. <Cite refs={[«turn811089news13″,»turn811089search2»]}/>
La lección es clara: reconstruir mejor exige revisar dónde y cómo se construye, proteger los cauces y combinar las obras de ingeniería con medidas urbanísticas y ambientales.
No todas las soluciones son inmediatas, pero sí es posible fijar prioridades, publicar calendarios y rendir cuentas sobre los avances.
Dos años después, la reconstrucción no puede quedarse a medias
El segundo aniversario de la dana invita a reconocer el esfuerzo de los vecinos, los trabajadores, los servicios de emergencia y los profesionales que han contribuido a recuperar los municipios afectados. También obliga a reconocer que la recuperación continúa incompleta.
Hay puentes reconstruidos, calles recuperadas y actuaciones de emergencia finalizadas. Pero siguen existiendo ascensores fuera de servicio, conexiones ferroviarias pendientes y grandes proyectos hidráulicos que todavía necesitan tiempo para convertirse en infraestructuras operativas.
El balance, por tanto, no admite una respuesta simple. La reconstrucción avanza, pero lo hace a ritmos diferentes según el municipio y el tipo de obra. Y las actuaciones que deben reducir el riesgo de una futura inundación siguen siendo una de las principales asignaturas pendientes.
La responsabilidad de las administraciones no termina con la atención a la emergencia ni con la aprobación de presupuestos. Continúa mientras haya servicios esenciales sin recuperar y proyectos fundamentales sin ejecutar.
Dos años después, los vecinos no necesitan únicamente que se les recuerde lo ocurrido. Necesitan saber qué se ha terminado, qué sigue pendiente y cuándo podrán contar con las soluciones que todavía esperan.
Porque reconstruir no es solo reparar las huellas de la última riada. Es evitar, en la medida de lo posible, que la siguiente vuelva a encontrar a los mismos municipios desprotegidos.


















