- ¿Por qué no se ha planteado esto nunca?
- ¿Por qué no se ha estudiado con las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado si el envío temprano de las alertas hubiera sido peor?
- Una tesis silenciada sospechosamente
La tarde del 29 de octubre quedará marcada durante años en la memoria colectiva de la Comunidad Valenciana. La DANA avanzaba con una violencia creciente, los barrancos comenzaban a desbordarse y la incertidumbre se extendía por decenas de municipios. A las 20:11 horas llegó finalmente el mensaje de ES-Alert a millones de teléfonos móviles: una advertencia masiva pidiendo evitar desplazamientos y extremar las precauciones. Desde entonces, buena parte del debate político y mediático se ha centrado en una pregunta aparentemente obvia: ¿y si el aviso se hubiera enviado antes?
Sin embargo, algunos expertos en emergencias y responsables de protección civil sostienen una tesis incómoda: un envío prematuro del ES-Alert podría incluso haber agravado el caos vivido aquella jornada.
El sistema de alertas masivas está diseñado para situaciones de riesgo inminente y con instrucciones claras. Pero en una emergencia meteorológica extremadamente dinámica, donde las zonas de mayor peligro cambiaban prácticamente por minutos, un mensaje anticipado y genérico podía haber provocado movimientos masivos de población en plena tormenta. Miles de personas habrían intentado regresar precipitadamente a sus casas, sacar vehículos de garajes o recoger a familiares en colegios y centros de trabajo justo cuando las carreteras comenzaban a colapsar.
Ese efecto ya se produjo parcialmente tras el envío real de la alerta. En ciudades y áreas metropolitanas se registraron atascos, desplazamientos de última hora y escenas de tensión. Multiplicar ese fenómeno una o dos horas antes, con más tráfico en circulación y más actividad comercial abierta, podría haber incrementado la exposición al riesgo.
La propia naturaleza de la DANA complicaba enormemente la gestión. En cuestión de minutos, algunos barrancos pasaron de niveles normales a caudales torrenciales. Municipios inicialmente fuera de las previsiones más críticas terminaron sufriendo inundaciones severas, mientras otras zonas resistieron mejor de lo esperado. Lanzar una alarma masiva demasiado pronto, sin delimitación precisa, podía generar un efecto de “fatiga de alerta”: ciudadanos que perciben el mensaje como exagerado y dejan de tomarlo en serio cuando el peligro real aparece.
Además, la experiencia internacional demuestra que las evacuaciones improvisadas durante inundaciones rápidas suelen ser uno de los momentos más peligrosos. Personas atrapadas en vehículos, intentos de cruzar zonas inundadas o desplazamientos impulsivos aumentan el número de víctimas. En ocasiones, permanecer resguardado en un lugar seguro resulta menos arriesgado que intentar huir cuando la situación ya se ha deteriorado.
Eso no elimina las críticas sobre la gestión política de aquella jornada. La Generalitat sigue bajo presión por la percepción de retraso en la respuesta y por la falta de coordinación entre administraciones. Muchas familias consideran que cualquier aviso previo, aunque imperfecto, habría permitido actuar antes. Otras recuerdan que numerosos ciudadanos ya estaban viendo imágenes alarmantes en redes sociales horas antes del ES-Alert oficial.
Pero el debate real quizá no sea únicamente “antes o después”, sino cómo se comunica una emergencia extrema sin provocar pánico, saturación ni movimientos peligrosos de población. Porque en fenómenos tan rápidos y caóticos como una DANA, la línea entre prevenir y desatar el caos puede ser mucho más fina de lo que parece a posteriori.




