Propietarios y usuarios viven con incertidumbre la transformación de parte de las instalaciones para la acogida de migrantes. Carmen, propietaria de un caballo, teme por la continuidad de la escuela de equitación, la hipoterapia y el bienestar de los animales.
El mundo del caballo en Ceuta atraviesa momentos de incertidumbre. Propietarios, alumnos y usuarios del Centro Ecuestre de Ceuta se enfrentan a una nueva situación después de conocer que parte de las instalaciones serán destinadas a la instalación de un espacio temporal para la acogida de migrantes.
Carmen, propietaria de un caballo alojado en el centro, ha trasladado a Ecos de Valencia su preocupación por lo que está ocurriendo y, sobre todo, por la falta de información que asegura que están sufriendo quienes utilizan diariamente las instalaciones.
El centro ecuestre desarrolla una actividad que va mucho más allá del pupilaje de caballos. Según explica Carmen, existe una escuela vinculada al Instituto Ceutí de Deportes, a la que acuden niños para recibir clases de equitación. Además, relata que colectivos de personas con diferentes discapacidades participan en actividades de hipoterapia, utilizando caballos y ponis como parte de sus terapias.
Según su testimonio, hace unos días los usuarios fueron informados de que parte de las instalaciones ecuestres serían destinadas a un campamento para la acogida de migrantes, con carpas, comedor y aseos.




Una pista recién reformada
Uno de los aspectos que mayor malestar genera entre los usuarios, según Carmen, es el espacio que se pierde para la práctica ecuestre.
La propietaria asegura que entre las zonas afectadas se encuentra la pista de mayores dimensiones del centro, recientemente reformada y todavía sin estrenar por caballos y jinetes. Según la información que les fue trasladada, explica, la actuación realizada en esa pista habría supuesto una inversión superior a los 200.000 euros.
“Todavía no la habían estrenado los caballos, todavía no la habían estrenado los jinetes”, lamenta.
También se vería afectada la zona utilizada como aparcamiento. De acuerdo con su relato, los usuarios dispondrían ahora fundamentalmente de las cuadras y de una pista de menores dimensiones.
Y ahí surge una de las grandes preguntas: ¿cómo hacer convivir en un espacio mucho más reducido a propietarios, caballos, escuela de equitación y actividades de hipoterapia?
“En una pista pequeña no vamos a caber ni propietarios, ni la escuela, ni hipoterapia. No sé cómo lo vamos a hacer cuando empiece la escuela, si es que empieza”, explica Carmen.

El bienestar de los caballos, otra preocupación
Las obras ya están teniendo consecuencias en el día a día de los animales. Carmen describe un continuo movimiento de camiones, retirada de arena y trabajos de preparación del terreno.
“Camión para arriba, camión para abajo… es un poco estresante todo”, relata.
Una situación especialmente sensible cuando hablamos de caballos. Son animales que pueden reaccionar ante ruidos intensos, movimientos inesperados y situaciones de estrés, una circunstancia que preocupa especialmente cuando en las instalaciones también se desarrollan clases con menores.
Carmen recuerda que la proximidad del CETI ya había generado anteriormente momentos complicados cuando se producían altercados en sus inmediaciones. Según su testimonio, en algunas ocasiones fue necesario interrumpir la actividad porque los caballos se ponían nerviosos mientras los niños practicaban equitación.
Por ello, su preocupación se centra ahora en cómo afectará a los animales tener una instalación de acogida dentro del propio recinto ecuestre.
Sigue más noticias del MUNDO DEL CABALLO en Ecos de Valencia.





















