Ocho caballos y cinco toros bravos recrean la histórica entrada del ganado en las calles de Yátova
La localidad valenciana de Yátova ha vuelto a mirar a sus raíces con una de las estampas más espectaculares de sus fiestas de San Emilio: la Entrada de Toros y Caballos, una tradición que busca recrear la forma en la que antiguamente el ganado bravo era conducido desde el campo hasta el interior de los pueblos.
En esta ocasión, los protagonistas han sido los Centauros Edetanos de Llíria, una de las peñas ecuestres con mayor experiencia en este tipo de festejos, que han desplazado hasta Yátova un equipo formado por ocho caballos para conducir cinco toros bravos a través de la calle Árboles, un recorrido prácticamente rectilíneo que culmina con una curva final, uno de los puntos de mayor dificultad de la carrera.

Una tradición con siglos de historia
Lejos del espectáculo puro, la Entrada de Toros y Caballos pretende conservar la esencia de cómo antiguamente los ganaderos trasladaban las reses hasta los corrales de los municipios. Aquellas maniobras, nacidas por necesidad, han evolucionado hasta convertirse en un festejo donde la destreza de los jinetes resulta determinante.
Los caballistas deben mantener al ganado agrupado durante todo el recorrido, intentando formar una especie de «V» o herradura alrededor de los toros para guiarlos con seguridad. Sin embargo, como reconocen los propios protagonistas, la teoría rara vez coincide con la realidad cuando se trata de manejar ganado bravo.

Dani Rodríguez: «La idea es llevarlos en V, pero luego la calle manda»
Minutos antes del inicio de la entrada, el presidente de los Centauros Edetanos, Dani Rodríguez, explicaba cómo afrontaban una carrera inédita para todos los participantes.
«Éramos nueve caballos, pero una compañera ha tenido que causar baja y finalmente seremos ocho», comentaba.
Respecto a la estrategia para conducir las reses, reconocía que la intención es mantener a los cinco toros protegidos por los caballos.
«La idea es llevarlos en V o en herradura, pero claro, eso es la teoría. Después, en la práctica, manda la calle. Intentaremos llevarlos lo más arropados posible. Es una calle nueva para todos y vamos a intentar que salga de la mejor manera.»

Confianza absoluta entre los jinetes
Si algo caracteriza este tipo de entradas es la enorme coordinación que exige entre todos los caballistas.
Cada jinete debe estar pendiente simultáneamente de su caballo, del comportamiento de los toros y de la posición del resto de compañeros. Cualquier movimiento inesperado puede modificar por completo la trayectoria del grupo.
La confianza mutua resulta imprescindible. Los ocho jinetes actúan prácticamente como un solo equipo, tomando decisiones en cuestión de segundos mientras los toros avanzan por la calle.
Aunque la carrera apenas dura unos instantes, la intensidad es máxima desde el primer metro hasta la llegada al recinto.
Ganado bravo y máxima concentración
La peligrosidad del festejo viene marcada por el comportamiento imprevisible del ganado bravo.
Los toros pueden cambiar de dirección en cualquier momento, abrirse del grupo o reaccionar de forma inesperada ante cualquier estímulo, obligando a los caballistas a intervenir con rapidez y precisión.
Por ello, además de una gran experiencia a caballo, este tipo de entradas requieren sangre fría, reflejos y una compenetración absoluta entre todos los participantes.

Una invitación nacida de la amistad
La presencia de los Centauros Edetanos en Yátova tiene además un componente muy especial.
Según explicó Dani Rodríguez, la invitación surgió gracias a un integrante de la peña que es natural del municipio.
«Tenemos un compañero que es de este pueblo y quería traer esta tradición aquí, a su peña. Nos llamó a todos y no le podíamos fallar. Teníamos que venir a cumplir con él porque es nuestro compañero.»
Una muestra de compañerismo que ha permitido acercar a Yátova una de las modalidades más vistosas de los festejos taurinos tradicionales.
«Lo que sientes antes de salir son ganas»
A escasos minutos del comienzo, cuando la tensión ya se respiraba entre caballos y jinetes, Dani resumía en pocas palabras las sensaciones previas a la carrera.
«Ganas. Ganas de correr y, sobre todo, de que salga bien y que no haya ningún percance.»
Un deseo compartido por todos los participantes en una Entrada de Toros y Caballos donde la tradición, la técnica ecuestre y el respeto al ganado se unen durante apenas unos segundos, pero que requieren meses de preparación y una coordinación absoluta para que todo transcurra con éxito.
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