España necesita separar más para recoger mejor, por eso ecoins quiere sumarse a sus equipos de trabajo.

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octubre 4, 2026

Por Karla Chaves Brenes
Cofundadora de ecoins®- Costa Rica.

España tiene contenedores de colores, puntos limpios, sistemas de recogida cada vez más sofisticados, gestores especializados y una legislación que ha elevado considerablemente las exigencias en materia de residuos. Sin embargo, entre disponer de la infraestructura y conseguir que millones de personas separen correctamente todos los días existe una distancia que ningún contenedor puede resolver por sí solo.

Ese es probablemente uno de los grandes desafíos que plantea la Ley 7/2022, de residuos y suelos contaminados para una economía circular. La norma española no se limita a pedir más reciclaje. Establece obligaciones concretas de recogida separada y fija metas cada vez más exigentes: la preparación para la reutilización y el reciclado de residuos municipales debía alcanzar al menos el 55 % en peso en 2025, deberá llegar al 60 % en 2030 y al 65 % en 2035.

Además de papel, metales, plástico y vidrio, la ley exige la recogida separada de biorresiduos, textiles, aceites de cocina usados, residuos domésticos peligrosos y voluminosos. Para 2035, al menos el 50 % en peso de los residuos municipales deberá recogerse separadamente.

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El rumbo está definido. La pregunta es cómo llegar y para tener una respuesta, la ciudadanía sigue siendo indispensable.

Podemos invertir en mejores camiones, plantas de tratamiento, contenedores inteligentes y sistemas de identificación, pero al comienzo de esa cadena continúa existiendo una decisión esencialmente humana: alguien, en una vivienda, comercio, oficina, restaurante o escuela, debe decidir que aquello que tiene en sus manos no es simplemente basura y colocarlo en el lugar correcto.

Si esa primera decisión falla, buena parte de lo que viene después se vuelve más caro, complejo e ineficiente.

La propia Ley 7/2022 reconoce la importancia de este componente. Entre otras disposiciones, establece que los contratos públicos de recogida y tratamiento deben incluir medidas de formación y sensibilización dirigidas a la población sobre prevención, reutilización, recogida separada y reciclaje, también contempla instrumentos económicos para fomentar mejores prácticas.

La transición hacia una economía circular necesita infraestructura, pero también necesita información, motivación, educación, incentivos y participación ciudadana.

Precisamente alrededor de esa idea nació ecoins® hace ocho años en Costa Rica.

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Una ecomoneda para cambiar una conducta

Hace casi 10 años nos hicimos una pregunta sencilla: si tantas actividades que queremos promover utilizan incentivos, ¿por qué no reconocer también a las personas que se toman el tiempo de separar correctamente sus residuos?

Así nació ecoins en 2018, una ecomoneda virtual que inicialmente premiaba a quienes entregaban sus materiales reciclables limpios, secos y separados en algunos lugares autorizados. Las personas obtenían ecoins que podían utilizar para acceder a beneficios aportados por empresas aliadas. Pero durante ocho años aprendimos algo mucho más importante: el incentivo no es el fin; es una puerta de entrada para cambiar comportamientos.

Por eso ecoins evolucionó. Hoy la plataforma incorpora una aplicación móvil y herramientas web, geolocalización de puntos de recuperación, autorregistro de entregas, lectura de códigos de barras para informar sobre la reciclabilidad de productos, tableros de información, campañas específicas por comunidades o materiales, trivias empresariales, un videojuego para educación ambiental de niños y herramientas para dar visibilidad a productos, comercios y alternativas de consumo más sostenibles.

En ocho años se han registrado más de 11.600 toneladas de materiales recuperables que se desviaron de llegar a un relleno, existen más de 750 puntos de recuperación vinculados al ecosistema y más de 200 empresas aliadas. Pero quizás el aprendizaje más valioso no está en esas cifras: una ciudad no necesita sustituir su sistema de residuos para incorporar estos incentivos: ecoins puede trabajar sobre lo que ya existe.

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De Costa Rica a México: probar que el modelo puede viajar

Surgió otra pregunta fundamental: una solución desarrollada en Costa Rica podía funcionar muy bien dentro de su propio contexto, pero ¿sería transferible a otro país, con otra administración y otra infraestructura?

La experiencia de Mérida, México, empezó a darnos la respuesta. En alianza con el Ayuntamiento de Mérida, ecoins comenzó a utilizarse para promover mejores prácticas de separación entre sus colaboradores. Las distintas dependencias municipales separaban sus materiales y los llevaban a los Megapuntos Verdes existentes en la ciudad, utilizando así infraestructura que el municipio ya tenía.

En los primeros tres meses documentados se recuperaron más de 5.000 kilogramos de materiales reciclables y posteriormente la experiencia comenzó a extenderse hacia otros grupos de la comunidad.

El caso de ecoins ha sido documentado por Metropolis, la red mundial de grandes ciudades y áreas metropolitanas, como experiencia de innovación para la economía circular. Ver el caso de ecoins en Metropolis

Mérida nos confirmó algo importante: se puede transferir una metodología para involucrar a las personas en el sistema que cada ciudad ya tiene.

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¿Y si lo probamos en España?

España no necesita importar más contenedores ¨inteligentes¨, ni copiar un programa latinoamericano. Tiene su propia legislación, sistemas colectivos de responsabilidad ampliada del productor, empresas gestoras, programas de incentivos y una importante infraestructura de recogida.

Lo que proponemos es complementarnos. Imaginemos que una alcaldía quiere incrementar rápidamente la separación de biorresiduo, ecoins puede desarrollar una campaña específica para esa fracción, enseñar qué debe depositarse, utilizar trivias y gamificación, crear retos entre barrios, incorporar comercios que aporten incentivos, medir participación y entregar un reporte.

Otro municipio podría tener un problema diferente: textiles, aparatos eléctricos y electrónicos, aceite usado o baja utilización de sus puntos limpios. La misma plataforma puede adaptarse a esos objetivos.

Y una ciudad más avanzada podría integrar diferentes comportamientos bajo un mismo programa: separar, reutilizar, reparar, compostar, utilizar los puntos limpios y aprender a consumir de otra manera.

La ventaja es que podemos comenzar sin construir un sistema paralelo. Una de las principales lecciones obtenidas durante estos ocho años es precisamente trabajar con las rutas municipales, puntos limpios, centros de recuperación, gestores privados y campañas que ya existen, agregando una capa de participación, educación, incentivos, comunicación y datos.

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No premiar por generar más residuos

Hay también una evolución necesaria en los sistemas de incentivos.

El objetivo no debería ser que una persona reciba más premios porque genera más residuos. Eso sería contrario a la propia economía circular.

Los incentivos del futuro deberían reconocer mejores comportamientos: prevenir, reutilizar, reparar, compostar, separar correctamente y entregar aquellos residuos inevitables a los canales adecuados.

La jerarquía importa y también importa la calidad. La Ley 7/2022, por ejemplo, establece para los biorresiduos un máximo de impropios del 15 % a partir de 2027. No basta entonces con recoger más materia orgánica: hay que conseguir que llegue correctamente separada.

Ese pequeño detalle explica el tamaño del desafío: podemos instalar un contenedor marrón en cada esquina, pero finalmente necesitamos que cada familia sepa qué introducir ahí y qué dejar fuera.

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Una invitación a las alcaldías españolas

Por eso nuestra propuesta para España es sencilla: hagamos alianzas y midamos resultados.

No proponemos comenzar necesariamente con una ciudad completa. Una alcaldía puede seleccionar barrios, colegios, comercios o una determinada fracción de residuos y desarrollar un proyecto piloto durante algunos meses.

Podemos establecer una línea base y medir después indicadores concretos: hogares participantes, frecuencia de separación, kilogramos recuperados, utilización de puntos limpios, reducción de impropios y, sobre todo, disminución de la fracción restante. Si funciona, se amplía. Si algo no funciona, se modifica. Eso también es innovación pública.

ecoins llega a esta conversación con ocho años de experiencia, pero también con ocho años de aprendizajes, errores, ajustes y evolución tecnológica. Hemos aprendido que mantener la participación en el tiempo es más difícil que lanzar una campaña o comprar una máquina que recibe botellas; que los incentivos deben renovarse; que los datos necesitan mejorar continuamente y que cada territorio requiere una adaptación propia.

No llegamos a España diciendo que tenemos resuelto el problema de los residuos. Nadie lo tiene. Llegamos con algo quizá más útil: un modelo probado que puede ponerse al servicio de quienes tienen la responsabilidad de resolver un problema monumental.

La Ley 7/2022 ha puesto metas, obligaciones y fechas sobre la mesa. España cuenta con infraestructura, conocimiento técnico y empresas capaces de gestionar los materiales. Ahora hace falta acelerar uno de los componentes más difíciles de cualquier transición: conseguir que millones de pequeñas decisiones cotidianas cambien. Desde Costa Rica y Latinoamérica queremos aportar ocho años de experiencia a ese desafío.

Nuestra invitación a las alcaldías españolas es a probarlo juntas, porque separar más y mejor no depende solamente de dónde ponemos los contenedores, depende, finalmente, de conseguir que las personas quieran tomar una y otra vez la decisión correcta.

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