Soldado, caballero, poeta, dramaturgo y miembro de la prestigiosa Academia de los Nocturnos, Guillén de Castro fue uno de los grandes genios literarios nacidos en el antiguo Reino de Valencia. Su talento llevó el nombre de Valencia a los principales escenarios de España y su obra cruzó fronteras hasta influir en el teatro europeo. Sin embargo, tras una vida de éxito literario, murió lejos de su tierra y en una situación económica muy distinta de la gloria que había alcanzado con su pluma.
Cuando se habla del Siglo de Oro español suelen aparecer nombres universales como Miguel de Cervantes, Lope de Vega, Tirso de Molina o Calderón de la Barca. Sin embargo, entre ese extraordinario grupo de escritores sobresale otro nombre que merece ocupar un lugar de honor: Guillén de Castro, uno de los más brillantes dramaturgos que dio el Reino de Valencia.
Su vida resume perfectamente el espíritu de una época en la que la espada y la pluma caminaban juntas. Fue hombre de armas y de letras, militar y poeta, noble y escritor. Convirtió el honor, la lealtad, el amor y la justicia en los pilares de sus obras, creando personajes llenos de humanidad que todavía hoy siguen emocionando al público cuatro siglos después.
Su mayor creación, Las Mocedades del Cid, no solo revolucionó el teatro español, sino que inspiró una de las grandes obras del teatro francés, convirtiendo a un escritor valenciano en referencia de la literatura europea.
Valencia, una ciudad donde florecían las letras
Guillén de Castro vino al mundo en una Valencia que vivía uno de los momentos más brillantes de toda su historia.
A finales del siglo XVI la ciudad era una de las principales capitales culturales de la Monarquía Hispánica. Su puerto mantenía un intenso comercio con Italia y el Mediterráneo; sus imprentas difundían libros por toda Europa; la Universidad atraía a estudiantes de numerosos territorios y las academias literarias reunían a los mejores intelectuales del momento.
En ese ambiente nació Joan Guillem de Castro Bellvís, el 3 de noviembre de 1569. Era hijo del caballero Francisco de Castro y de Catalina de Bellvís, pertenecientes a una familia de la pequeña nobleza valenciana. Nació en la casa familiar situada en la antigua plaza de Els Penyarojes, conocida posteriormente como la plaza de la Pelota.
Al día siguiente fue bautizado en la parroquia de San Martín, una de las iglesias más importantes de la ciudad. Durante siglos algunos historiadores discutieron incluso cuál era su verdadero nombre. Los documentos originales demostraron que fue bautizado como Joan Guillem, forma plenamente valenciana que con el tiempo se castellanizaría como Guillén de Castro, nombre con el que acabaría pasando a la historia de la literatura.
Educación de un caballero
Como correspondía a un joven perteneciente a la hidalguía valenciana, recibió una educación muy completa. Aprendió gramática, retórica, latín, filosofía clásica, historia y literatura, pero también fue instruido en el manejo de las armas, la equitación y las normas propias de la caballería.
Aquella doble formación marcaría profundamente toda su obra. En sus comedias convivirían siempre la sensibilidad del poeta con el sentido del honor propio del caballero. La fidelidad a la palabra dada, la defensa de la familia, el sacrificio personal y la nobleza de espíritu aparecen constantemente en sus personajes.
La Academia de los Nocturnos
En 1592 ingresó en la célebre Academia de los Nocturnos, considerada el principal foco intelectual de la Valencia barroca. Aquella academia reunía semanalmente a poetas, juristas, nobles y humanistas para leer composiciones, debatir cuestiones filosóficas y comentar las novedades literarias. Cada miembro utilizaba un sobrenombre. Guillén eligió el de «Secreto», mientras compartía aquellas reuniones con figuras tan relevantes como Gaspar Aguilar, Francisco Tárrega, Bernardo Catalá de Valeriola, Rey de Artieda o Gaspar Mercader.
Aquellas sesiones fueron una auténtica escuela de creación literaria. Los jóvenes escritores competían amistosamente entre sí, corregían sus obras y perfeccionaban un estilo que terminaría convirtiendo a Valencia en uno de los grandes centros literarios del Siglo de Oro.
Hombre de armas
Aunque la literatura ocupaba cada vez más espacio en su vida, Guillén de Castro nunca abandonó su condición de militar. En 1593 fue nombrado Capitán de Caballos de la Costa, formando parte de la organización militar encargada de proteger el litoral valenciano frente a los continuos ataques de los corsarios berberiscos. Durante aquellos años las incursiones procedentes del norte de África suponían una amenaza constante para las poblaciones costeras del Reino de Valencia.
Muchos pueblos sufrían saqueos, secuestros y ataques sorpresa. Aquella experiencia militar proporcionó al escritor un conocimiento directo del valor, del miedo y del sacrificio que posteriormente trasladaría a muchas de sus obras teatrales.
Matrimonio y vida familiar
El 17 de diciembre de 1595 contrajo matrimonio en el monasterio de La Zaidía con Margarita Girón de Rebolledo, perteneciente igualmente a una familia noble. De aquel matrimonio nació una única hija, Juana.
Aunque los documentos apenas ofrecen información sobre su vida familiar, todo parece indicar que mantuvo una existencia relativamente estable durante aquellos primeros años de matrimonio, compaginando sus responsabilidades militares con una actividad literaria cada vez más intensa.
Al servicio de grandes señores
El prestigio intelectual de Guillén de Castro hizo que importantes personajes confiaran en él para desempeñar cargos de responsabilidad. En 1606 participó en los festejos organizados con motivo del matrimonio de Lucrecia Luisa de Moncada, perteneciente a una de las familias más poderosas de la Corona de Aragón.
Poco después fue nombrado Gobernador del Castillo de Scigliano, en Sicilia, por el Conde de Benavente, entonces virrey de la isla. Aquella experiencia italiana amplió notablemente su visión política y cultural. Sin embargo, una enfermedad pulmonar le obligó a abandonar el cargo y regresar a Valencia.
La revolución del teatro
El verdadero destino de Guillén de Castro era el teatro. Durante aquellos años Lope de Vega estaba revolucionando la escena española. Las antiguas normas clásicas comenzaban a desaparecer para dar paso a un teatro mucho más dinámico, cercano al pueblo y lleno de emoción. Guillén comprendió inmediatamente aquella transformación.
Lejos de aferrarse al modelo clásico, abrazó las innovaciones de Lope y las llevó a un extraordinario nivel de perfección. Sus personajes dejaron de ser figuras idealizadas para convertirse en hombres y mujeres profundamente humanos. Los diálogos adquirieron agilidad. La acción ganó intensidad. Y el honor pasó a convertirse en el gran motor dramático de muchas de sus obras.
Las Mocedades del Cid
En torno a 1618 escribió la obra que cambiaría definitivamente su carrera.
Las Mocedades del Cid.
Inspirándose en la figura histórica de Rodrigo Díaz de Vivar, construyó un drama apasionante donde se mezclan la historia, la leyenda, el amor y el deber. La obra fue un éxito inmediato. El personaje del joven Cid conquistó los escenarios españoles. Pero el verdadero alcance de la obra llegaría varias décadas después.
El dramaturgo francés Pierre Corneille utilizó la obra de Guillén de Castro como inspiración para escribir Le Cid, considerada una de las mayores obras maestras del teatro clásico francés. Gracias a ello, un escritor valenciano ejercía una influencia decisiva sobre toda la dramaturgia europea. Pocos autores españoles pueden presumir de un legado semejante.
Un escritor extraordinariamente prolífico
Aunque Las Mocedades del Cid eclipsó buena parte de su producción, Guillén de Castro escribió más de treinta comedias. Entre ellas destacan:
- El amor constante.
- El Conde de Alarcos.
- Los malcasados de Valencia.
- El perfecto caballero.
- Don Quijote de la Mancha, inspirada en la célebre novela cervantina.
- La fuerza de la sangre.
- La verdad averiguada.
- El curioso impertinente.
- El Narciso en su opinión.
- El desengaño dichoso.
- La tragedia por los celos.
Su producción literaria refleja una enorme variedad temática. Escribió dramas históricos, comedias de enredo, piezas caballerescas, obras inspiradas en la tradición clásica y adaptaciones de episodios históricos españoles.
El reconocimiento… y la pobreza
Paradójicamente, el éxito literario nunca fue acompañado de estabilidad económica. Como ocurrió con tantos escritores del Siglo de Oro, los ingresos obtenidos por sus obras resultaban insuficientes.
Los últimos años de su vida los pasó en Madrid, protegido por el Duque de Osuna, intentando abrirse camino en el competitivo ambiente teatral de la corte. Pese al enorme prestigio alcanzado entre sus colegas, las dificultades económicas fueron constantes.
Finalmente falleció en Madrid el 28 de julio de 1631, prácticamente sin fortuna. Resulta una ironía de la historia que uno de los dramaturgos más importantes del teatro español muriera en circunstancias tan humildes.
El valenciano que conquistó Europa
Con el paso del tiempo, la crítica ha situado definitivamente a Guillén de Castro entre los grandes dramaturgos del Siglo de Oro. Su dominio del verso, la profundidad psicológica de sus personajes, la brillante construcción de los diálogos y su capacidad para combinar historia y emoción lo convierten en uno de los autores imprescindibles de la literatura española. Pero, sobre todo, representa uno de los momentos de mayor esplendor cultural del antiguo Reino de Valencia.
Fue un escritor profundamente valenciano, formado en las academias literarias de su ciudad y orgulloso heredero de una tradición humanista que hizo de Valencia una referencia intelectual de Europa. Hoy, una de las grandes avenidas de la capital valenciana lleva su nombre. Es un homenaje justo a quien supo convertir la literatura en un instrumento de prestigio para su tierra.
Más de cuatro siglos después de su muerte, Guillén de Castro continúa siendo uno de los grandes embajadores de la cultura valenciana. Sus obras siguen representándose, estudiándose y admirándose como ejemplo del inmenso talento que floreció en el Reino de Valencia durante uno de los periodos más brillantes de su historia.
Pedro Fuentes Caballero
Académico de la Real Academia de Cultura Valenciana correspondiente por Dénia
Presidente de la Asociación Cultural Roc Chabàs de Dénia



















