Inteligencia Artificial (IA) nuevo reto para la ética

A finales del año 2024, la filósofa Adela Cortina publicaba un libro con un sugerente título: ¿Ética o ideología de la inteligencia artificial?, donde abordaba desde una perspectiva ética la irrupción de la IA, desde sus luces y sus sombras. Abriendo así una necesario reflexión ética sobre el tema.

En la actualidad la presencia de la IA en nuestro día a día parece que ha llegado para quedarse e incluso plantea más dudas de la que podemos asimilar, pero ¿Qué es la IA de la que todos hablan?

La IA nace en 1955 en un congreso celebrado en Los Ángeles bajo la temática de máquinas que aprenden. Fue John McCarthy quien acuña la expresión IA en 1956 para referirse a la creación de máquinas que pueden tenerse por inteligentes porque interactúan con los seres humanos a un nivel que hace difícil diferenciarse si se está hablando con una maquina o un ser humano.

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Desde su nacimiento la IA ha desarrollado tres modalidades que pueden plantear problemas éticos diferenciados: 1) Inteligencia superior o superinteligencia, el tipo de inteligencia en una máquina que en caso de alcanzarse superaría a la inteligencia humana; 2) Inteligencia general, entendida aquella  capaz de resolver problemas en general; 3) Inteligencia especial, la propia de sistemas inteligentes que sean capaces de realizar tareas concretas de forma superior a la propia inteligencia humana.

Todo ello causa una profunda inquietud, pues podría ser que la IA desplazase al ser humano de su centro, tal y como pretenden los partidarios del posthumanismo o transhumanismo. Es deseable que la tecnología ofrezca un apoyo inteligente a la actividad humana, pero sin olvidar la dignidad de la persona que es un fin y no un medio como afirmó Kant.

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Cualquier propuesta de ética que afronte la aplicación de la IA debe partir del primado de la persona como fin en sí, donde no puede considerarse como medio para cualquier otra cosa. Deberá evitarse un uso ideológico de la IA donde solo se vea su lado positivo para el hombre sin contar con las posibles consecuencias negativas. El fin de toda ciencia –y de la IA- debe de ser el bien de la humanidad, potenciando aquel antiguo adagio latino de primum non noscere, es decir, primero no dañar.

La reflexión ética sobre la IA es necesaria e importante pero no suficiente, se requiere de un marco legal y jurídico que regule el uso de la IA y por ende, su mala aplicación en detrimento de lo humano, cuya primacía no puede ser desterrada. Debe garantizarse las libertades y derechos de las personas, evitando todo sesgo ideológico que coarte la libre expresión sobre la IA especialmente ante los posibles problemas que ofrece.

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La ética y el derecho tienen ante sí un nuevo reto con la irrupción de la IA, se trata por tanto de que no olviden que por encima de la IA y sus supuestas ventajas, debe imperar la libertad, la responsabilidad y la dignidad de las personas, cuyo bien común sigue siendo imprescindible para crear un mundo mejor, un mundo de hombres. 

 

Dr. Raúl Francisco Sebastián Solanes

Académico en Academia Internacional de Ciencias, Tecnología, Educación y Humanidades

Doctor Internacional en Filosofía Universidad de Valencia

Doctor Europeo en Sociología Universidad de Bolonia

Colegial Real Colegio de España en Bolonia

Graduado Ciencias Religiosas por la Facultad de Teología san Vicente Ferrer de Valencia

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