La leyenda Peugeot

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PorFernando Navarro Tarín

octubre 19, 2026

En Derecho Procesal y Empresarial existe un artificio legal que permite deducir consecuencias jurídicas de situaciones o relaciones inexistentes, que considera reales aun siendo consciente de que no existieron.

Dicho de otra manera, se trata de supuestos que la ley establece para considerar como ciertos, hechos o situaciones que no lo son, pero que se asumen como tales para facilitar la aplicación de una norma. A este procedimiento legal se le denomina ficción jurídica.

Una ficción jurídica es la presunción de muerte por desaparición: Según el Código Civil, si una persona desaparece y durante diez años no se tienen noticias suyas, la ley presupone su muerte. Es una ficción jurídica porque, en realidad, no se sabe si la persona está muerta o viva, pero se la considera muerta para poder resolver situaciones jurídicas pendientes, como la sucesión de bienes.

Otra Ficción jurídica es la personalidad jurídica de las sociedades mercantiles: el Código Civil les otorga una personalidad jurídica propia, distinta de la de sus socios. En realidad no son personas, pero se las considera como tales para poder celebrar contratos, poseer bienes, demandar o ser demandadas, entre otras cosas.

También es una ficción legal el silencio administrativo, en el que la ley determina que el susodicho silencio de la Administración va implícita la pretensión del interesado.

Un hecho curioso fue el nacimiento del Estado de México, ya que la consumación de la Independencia mexicana se basó en este concepto.

El Congreso Constituyente declaró inexistente la coronación del emperador Agustín de Iturbide”, lo que equivalía a señalar que “nunca existió”. De ese modo, la nación mexicana no debía sujetarse a ninguna ley del pasado, lo que implicaba la inexistencia de la nación mexicana. Por no existir, la nación mexicana tenía derecho a instituirse como se considerase oportuno. De esa manera se constituyó México.

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Esa artimaña legal que los abogados llaman ficción jurídica no es más que una invención de nuestra imaginación colectiva.

No es un objeto físico, pero existe como entidad legal y está obligada a las leyes de los países donde opera. Puede abrir cuentas corrientes, tener propiedades y pagar impuestos; incluso puede ser demandada y procesada.

Este sistema es una de las invenciones más ingeniosas de la humanidad y ha dado forma a un género particular de ficciones llamada “Compañías de responsabilidad limitada”.

Durante los últimos siglos, las citadas compañías se han convertido en los principales actores de la esfera económica. En EE.UU, el término técnico de estas compañías de responsabilidad limitada se denomina “Corporación”.

De esta ilusoria situación surgió la denominada “Leyenda de Peugeot”.

Armand Peugeot nació el 26 de marzo de 1849 en Hérimoncourt, al este de Francia. Su padre poseía un negocio metalúrgico dedicado a la fabricación de muelles, sierras y otros útiles mecánicos. A partir de 1865, Armand y su primo Eugène crearon la empresa Peugeot Frères Aînés, dedicada a la fabricación de bicicletas, y en 1896 Armand decidió crear su propia compañía, la “Société Anonyme des Automobiles Peugeot” en Audincourt (Montbéliard). Cuando en 1913 dejó la dirección de la empresa, Peugeot era el mayor fabricante de automóviles de Francia, con una producción de 10 000 coches al año.

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Cuando en 1840 Emile Peugeot le encargó al orfebre Justin Blazer que le diseñase un emblema que representase sus productos, ninguno de los dos imaginaba la trascendencia que iba a tener en el futuro. Emile le sugirió tres premisas: resistencia, flexibilidad, velocidad y precisión y Justin le dibujó un león caminando sobre una flecha. Más tarde, el “logo” ha ido evolucionando con el paso de los años.

Peugeot es una empresa automovilística francesa donde trabajan 20.000 personas en talleres, oficinas y sucursales repartidos por todo el mundo. En 2008 fabricó millón y medio de automóviles y obtuvo un beneficio de cincuenta y cinco millones de euros. Es una de las empresas más importantes de Francia y, por lo tanto, una evidencia que no necesita demostrar su existencia.

En ese contexto, parece irrelevante plantearse la pregunta: ¿Peugeot existe?

En la actualidad hay millones de vehículos Peugeot circulando por las carreteras de los cinco continentes, pero estos coches no son la compañía. Si todos estos vehículos se redujeran a chatarra, Peugeot seguiría existiendo y continuaría fabricando nuevos vehículos.

La compañía posee fábricas, maquinaria, salas de exhibición, talleres y centros de investigación en muchos países, donde emplea a una legión de vendedores, contables, mecánicos, secretarias y conductores. Sin embargo, todos ellos no abarcan Peugeot.

Una catástrofe podría acabar con los talleres, oficinas y cadenas de montaje, pero Peugeot podría solicitar un préstamo y seguiría fabricando. Podría despedir a todos los gerentes y accionistas y vender todas las acciones, pero tampoco ellos forman la compañía.

¿Ello significa que Peugeot es inmortal o invulnerable?

Si un juez ordenara la disolución de Peugeot, continuarían todos los contables, mecánicos, gerentes y accionistas, pero Peugeot desaparecería del mercado.

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Concluyendo, Peugeot puede no tener ninguna relación con el mundo físico. ¿Si eso es cierto ¿retomaríamos de nuevo la pregunta del principio?

¿Existe, pues, realmente?

¿O es simplemente una invención de nuestra imaginación colectiva? A esa entelequia los abogados la llaman “ficción legal”

En el S. XIII, en Francia, el individuo era responsable de su negocio, por lo que podía arrastrar a su familia a la ruina ante una demanda. Para no correr ese riesgo, los emprendedores comenzaron a imaginar compañías de responsabilidad limitada que fueran legalmente independientes de las personas.

En 1896, Armand Peugeot transformó el taller que había heredado de su padre en una compañía de responsabilidad limitada. A partir de ese momento, si un coche se estropeaba, el dueño podía llevar a Peugeot a los tribunales, pero no a Armand Peugeot. Si la compañía pedía un préstamo de millones de francos o quebraba, Armand no tenía que responder con su patrimonio ante los acreedores.

¿Cómo creo Armand Peugeot esta compañía?

Esta teoría gira alrededor de contar historias capaces de convencer a la gente. Ocurre lo mismo con las religiones, los nacionalismos, la creación de nuevos proyectos, las empresas, etc.

En el caso de Peugeot, la narración crucial era el código legal francés refrendado por el Parlamento. Según los legisladores franceses, si un abogado autorizado, siguiendo los procedimientos adecuados, inscribe la documentación de manera correcta en el lugar correspondiente,la compañía queda constituida automáticamente. Si millones de honestos ciudadanos franceses realizasen el mismo procedimiento, se comportarían como si la compañía existiese. La dificultad estriba en contar la historia de una manera creíble. Cuando el relato tiene éxito, permite que miles o millones de personas trabajen juntas en la misma dirección, creando empresas, Estados, religiones o sistemas legales. Sería impensable crear “Entes” de esta dimensión hablando solo de cosas que realmente existen.

Esta red de narraciones es conocida en el mundo académico como “ficciones”, “constructos sociales” o “realidades imaginadas”.

¿Una realidad imaginada es una mentira?

A diferencia de la mentira, la realidad imaginaria es algo en lo que todos creen.

Siguiendo esta premisa, llegamos a la conclusión de que Peugeot existe, del mismo modo que existe “Ecos de Valencia”.

Si mantenemos este razonamiento deductivo “Ecos de Valencia” qué es? ¿Una compañía de responsabilidad limitada?, ¿Una Corporación? ¿O simplemente forma parte de la imaginación colectiva?

Opinar exige responsabilidad, conocimientos y aceptar las consecuencias. Un silogismo permanente en la obra de Yuval Noah Harari.

Sigue más noticias de Actualidad en Ecos de Valencia.

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