Creo firmemente que los falleros debemos alzar la voz de una vez, alta, clara y sin complejos. No podemos seguir permitiendo que se nos utilice como el blanco fácil de todas las críticas ni aceptar en silencio el señalamiento constante al que se nos está sometiendo.
Ya está bien del mantra de que “vamos a morir de éxito”, cuando muchas de las razones que se esgrimen no son más que problemas sociales estructurales que nada tienen que ver con las Fallas, aunque algunos se empeñen en colgárnoslos cada mes de marzo.
Botellón, consumo de alcohol y drogas, masificación o uso indiscriminado de petardos son los argumentos recurrentes para atacarnos. Pero la realidad es que esos mismos problemas existen durante todo el año, con mayor o menor intensidad, sin que entonces parezca preocupar tanto ni genere titulares alarmistas.
Lo que ya resulta inaceptable es la actitud de determinadas “asociaciones de vecinos”, que nos señalan como si los más de 130.000 falleros no fuéramos también vecinos de esta ciudad. Se nos trata como si fuéramos ajenos, como si invadiéramos Valencia durante unos días. Solo le falta a María José Broseta y a sus acólitos en algunas asociaciones vecinales —no todas— corear aquello de “es fallero el que no bote”, porque, a juzgar por sus declaraciones, nos retratan como incívicos y poco menos que como un problema público.
Frente a ese relato interesado, conviene recordar algo que se omite deliberadamente: los falleros somos, en términos generales, quienes más cuidamos la convivencia, respetamos las normas y hacemos un uso responsable de los petardos, además de trabajar durante todo el año para dignificar y proteger la imagen de nuestra fiesta.
Por eso ha llegado el momento de decir ¡BASTA! Basta de manipulaciones, basta de estigmatización y basta de discursos interesados. A María José Broseta, a los medios que amplifican este relato y a los políticos de izquierda que intentan sacar rédito, hay que exigirles que dejen de utilizar a las Fallas como chivo expiatorio y que dirijan sus críticas hacia donde realmente corresponde.
Resulta especialmente llamativo que, tras ocho años de gobierno de Compromís en las Fallas, la presidenta vecinal, María José Broseta, no mostrara ni de lejos este nivel de beligerancia ante problemas que, evidentemente, no han aparecido ahora.
No pienso aceptar este señalamiento injusto. Al contrario, invito a las autoridades a hacer justo lo que algunos intentan evitar: poner en valor lo que realmente son las Fallas. Una estructura social, cultural y económica única, sostenida por miles de personas que, sin pedir nada a cambio, mantienen viva una fiesta centenaria.
Las Fallas no son el problema de Valencia ni pueden seguir siendo el saco donde meter todos los males de la ciudad. Es una simplificación interesada y profundamente injusta con un tufo de interés político bastante notable, exagerado diría yo.
Hablamos, además, de un motor económico cuyo impacto supera el propio presupuesto del Ayuntamiento de Valencia. Y aun así, tenemos que soportar ataques gratuitos de entidades como la Federación de Asociaciones de Vecinos, que señalan sin asumir ninguna responsabilidad ni aportar soluciones reales.
Ya es hora de exigir responsabilidades a quien corresponde. Porque quienes tienen que garantizar el orden, la seguridad y la gestión de estos problemas no son las comisiones falleras. Entre otras instituciones, la Delegación del Gobierno tiene mucho que decir y mucho que hacer.
Los falleros nos debemos poner en valor y no aceptar tantas acusaciones injustas.
Es mi opinión.
PEPE HERRERO

















