Que Compromís critique a María José Catalá y a Pilar Bernabé por presentarse también a las listas del Congreso de los Diputados, acusándolas de trabajar a media jornada, tiene bastante gracia. Sobre todo, viniendo de quienes parecen tener una memoria política tan selectiva.
Porque conviene recordar que, durante los ocho años de alcaldía de Joan Ribó, su dedicación al Ayuntamiento fue objeto de polémica por su jornada de trabajo. Y, mientras tanto, por las tardes, asistía a determinados actos. Pero, claro, cuando lo hacen los suyos, la vara de medir cambia. ¡Qué casualidad!
Una caradura sin límites
La cara dura de Compromís parece no tener límites. Son capaces de retorcer cualquier argumento con tal de desgastar al adversario, alimentar la confrontación y enrarecer la convivencia ciudadana. La coherencia, al parecer, no entra en sus prioridades.
Y luego está su particular manera de entender el feminismo. Se presentan como sus grandes defensores mientras respaldan a una candidata cuya actuación en el caso de los abusos sexuales a menores cometidos por su entonces marido ha generado una enorme controversia y que se enfrenta a consecuencias judiciales. Mucho discurso feminista, pero cuando toca dar explicaciones, empiezan los matices, las excusas y los silencios.
Eso es Compromís, mucho relato per vacío de contenido
Ahora les preocupa que María José Catalá y Pilar Bernabé puedan dedicar parte de su tiempo a sus responsabilidades en el Congreso. Lo denuncian como si acabaran de descubrir una irregularidad monumental, olvidando convenientemente los años de Ribó al frente de la Alcaldía.
Pero eso es Compromís: mucho relato, mucha superioridad moral y mucha lección a los demás. Después, cuando toca aplicarse sus propios principios, la coherencia se toma vacaciones.
Catalanismo, propaganda y relatos a medida. Mucho ruido, mucho reproche y demasiado poco respeto por la inteligencia de los ciudadanos.
Compromís en estado puro.













