La manifestación por la DANA: del todo a la nada

PorPepe Herrero

noviembre 1, 2026

Apenas 3.500 personas acudieron ayer a la manifestación por la DANA. Una cifra que contrasta de manera evidente con las grandes movilizaciones de los primeros días y que deja una lectura difícil de ocultar: aquella capacidad de convocatoria se ha desinflado hasta quedar reducida a un núcleo de manifestantes y a un entramado de medios de comunicación que siguen haciendo de la tragedia una bandera política, sin que se sepa muy bien con qué objetivo, más allá del desgaste del adversario.

De las 130.000 personas que, según la Delegación del Gobierno, salieron a la calle durante la primera gran movilización, a las apenas 3.500 de ayer hay un abismo. Y no es solamente una cuestión de asistencia. Es la distancia entre una sociedad conmocionada por una tragedia y unas convocatorias que, con el paso del tiempo, han ido dejando cada vez más al descubierto su marcado carácter político. Un mundo de manipulación, de política rastrera, de intereses partidistas y de utilización del dolor ajeno para intentar sacar rédito de una desgracia que debería haber estado siempre por encima de cualquier sigla.

Y es que la gente no es tonta. Se puede engañar a una parte de la sociedad una vez, incluso dos, pero resulta mucho más difícil mantener indefinidamente un relato cuando la realidad acaba imponiéndose. Y eso es, precisamente, lo que parece haber sucedido.

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Del respaldo multitudinario inicial a las movilizaciones de corte partidista

Desde aquellas primeras manifestaciones multitudinarias, en las que se rechazaban o apartaban carteles y consignas contrarias a Pedro Sánchez, hasta la convocatoria de ayer han pasado dos años. Dos años en los que ha quedado cada vez más patente el sesgo político de unas movilizaciones que nacieron bajo el dolor de una tragedia, pero que terminaron convirtiéndose en un instrumento de confrontación contra el Gobierno valenciano y el Partido Popular.

Tampoco se ha olvidado aquella imagen de la ministra con la célebre frase «es nuestro momento», una expresión que muchos interpretaron como la constatación de que una parte de la izquierda veía en la tragedia una oportunidad política. Y el tiempo no ha hecho sino alimentar las dudas sobre las verdaderas prioridades de quienes han convertido la DANA en una bandera permanente.

Porque, mientras se exige una y otra vez la dimisión de los responsables políticos valencianos, apenas se aprecia el mismo empeño en exigir explicaciones al Gobierno de Sánchez por su actuación antes, durante y después de la catástrofe. ¿Dónde está la misma contundencia cuando se trata de analizar las responsabilidades del Ejecutivo central? ¿Por qué unas responsabilidades se convierten en el eje permanente de las protestas y otras parecen quedar sistemáticamente fuera del foco?

Las víctimas merecen verdad, justicia y respuestas. Lo que no merecen es que su sufrimiento se utilice como munición política, ni que las asociaciones que dicen representarlas terminen identificándose con una estrategia partidista que deja fuera cualquier crítica al Gobierno central.

Y lo más preocupante es que esa utilización política no parece haberse detenido. Esta misma semana hemos vuelto a asistir a situaciones que evidencian cómo sigue pesando más la necesidad de proteger políticamente a Sánchez que la de abordar sin filtros todas las responsabilidades derivadas de la tragedia.

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La manifestación de ayer dejó una imagen bastante más elocuente que muchos discursos. Ni las consignas, ni el respaldo de determinados medios de comunicación, ni la insistencia de las organizaciones convocantes consiguieron devolver a la calle la respuesta multitudinaria de los primeros meses.

Del todo a la nada. De aquellas decenas de miles de ciudadanos indignados a una convocatoria de apenas 3.500 personas

Quizá porque la sociedad empieza a distinguir entre reclamar justicia para las víctimas y participar en una estrategia de desgaste político. Y quizá porque, después de dos años, cada vez son menos los que están dispuestos a aceptar que la DANA tenga responsables de primera y de segunda, o que el dolor de 229 víctimas pueda utilizarse como patrimonio exclusivo de una determinada ideología.

La DANA no pertenece a la izquierda, ni al PP, ni a ningún partido. Pertenece a los valencianos que la sufrieron y a las familias que perdieron a los suyos. Y esas familias merecen bastante más que manifestaciones cada vez más reducidas, discursos partidistas y una utilización política que, lejos de ayudar a esclarecer toda la verdad, solo contribuye a dividir todavía más a la sociedad valenciana.

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