Mucho antes de que las mujeres pudieran vestir el traje de luces con libertad, hubo auténticas pioneras que se enfrentaron no solo al toro, sino también a una sociedad que les cerraba las puertas del ruedo.
Gracias a su valentía, la presencia femenina en la tauromaquia dejó de ser una excepción para convertirse, con el paso del tiempo, en una realidad. Hoy recordamos a tres mujeres que fueron las primeras en romper los moldes establecidos y cuyo legado sigue vivo.

Nicolasa Escamilla «La Pajuelera»: la primera gran torera de la historia
Si hablamos de las primeras mujeres de las que existe constancia en la tauromaquia, el nombre de Nicolasa Escamilla, conocida como La Pajuelera, es imprescindible.
Vivió en el siglo XVIII y destacó como una de las primeras mujeres en enfrentarse públicamente a los toros. La tradición la recuerda principalmente como picadora a caballo, ya que así era el toreo de la época, cuando los nobles protagonizaban las fiestas taurinas desde sus monturas.
Su importancia fue tal que Francisco de Goya la inmortalizó en su famosa serie de grabados Tauromaquia, convirtiéndola en una de las primeras mujeres toreras cuya imagen ha llegado hasta nuestros días.
En una época en la que la presencia femenina en el ruedo era prácticamente impensable, La Pajuelera abrió el primer camino.

La Reverte: la mujer que tuvo que convertirse en hombre para seguir toreando
A finales del siglo XIX apareció otra figura fascinante: María Salomé Rodríguez, conocida como La Reverte.
Fue una torera muy popular, capaz de llenar plazas y despertar la admiración del público. Sin embargo, en 1908 la legislación española prohibió a las mujeres torear a pie.
Lejos de abandonar su profesión, tomó una decisión tan sorprendente como valiente: presentarse legalmente como hombre para poder seguir ejerciendo como torero.
Su historia refleja hasta qué punto las mujeres tuvieron que luchar contra las normas para mantenerse dentro del mundo taurino.

Juanita Cruz: la primera gran figura femenina del siglo XX
Hablar del toreo femenino es hablar de Juanita Cruz.
En la década de 1930 hizo historia al convertirse en la primera mujer en vestir oficialmente el traje de luces y torear en plazas de primera categoría, llegando incluso a actuar en Las Ventas en 1936.
Sin embargo, tras la Guerra Civil, el régimen franquista volvió a prohibir el toreo femenino a pie, permitiendo únicamente el rejoneo.
Lejos de rendirse, Juanita decidió continuar su carrera en América, especialmente en México, donde tomó una alternativa histórica y pudo desarrollar plenamente su carrera.
Su trayectoria simboliza la perseverancia de una mujer que nunca dejó que una prohibición acabara con su vocación.
Las historias de La Pajuelera, La Reverte y Juanita Cruz demuestran que la mujer siempre ha estado presente en la tauromaquia, incluso cuando las leyes o las costumbres intentaban apartarla del ruedo. Ellas fueron las primeras en abrir una senda que otras continuarían décadas después. En el próximo artículo conoceremos a las mujeres que no solo mantuvieron vivo ese camino, sino que consiguieron cambiar la historia para siempre.
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