El reloj marcaba las 16:15 horas cuando el infierno estalló en Benicalap. Un estruendo estremeció el barrio y, apenas unos segundos después, una gigantesca columna de humo negro comenzó a devorar el cielo de Valencia, visible desde kilómetros de distancia y desde localidades como Burjassot, Paterna o Godella.
La escena era dantesca. Las llamas engullían una antigua nave industrial ocupada, situada entre las calles Periodista Gil Sumbiela y Picayo, mientras las explosiones se sucedían sin descanso, sembrando el miedo entre los vecinos.
El ambiente ya era explosivo mucho antes de que aparecieran las primeras llamas. Según testimonios recogidos en la zona, los ocupantes conocían que el desalojo era inminente y habían advertido de que, si eran expulsados, prenderían fuego al edificio. Muchos residentes creen que aquella amenaza acabó convirtiéndose en una terrible realidad.
Dentro de la nave se acumulaban montañas de basura, chatarra, neumáticos y todo tipo de residuos, un combustible perfecto que convirtió el inmueble en una auténtica bomba de relojería. Cada pocos segundos se escuchaban nuevas detonaciones que hacían temblar el barrio y mantenían en vilo a decenas de vecinos, incapaces de apartar la vista del gigantesco incendio.
La respuesta de los servicios de emergencia fue inmediata. Varias dotaciones de bomberos acudieron a toda velocidad para intentar contener un fuego que parecía no dar tregua, mientras la Policía acordonaba el perímetro y cortaba el tráfico para evitar una tragedia aún mayor.
Los vecinos relatan que una potente deflagración llegó a sacudir edificios cercanos y provocó momentos de auténtico pánico. El espeso humo invadió viviendas y calles, obligando a muchos residentes a refugiarse en sus casas mientras observaban cómo el barrio desaparecía bajo una nube negra.
La nave debía haber sido desalojada semanas atrás, ya que el solar está destinado a un futuro proyecto urbanístico. Sin embargo, el desenlace ha sido mucho más dramático de lo esperado: una tarde marcada por el fuego, las explosiones y el miedo.
A estas horas, las autoridades continúan investigando el origen del incendio. Todavía no se ha confirmado si hay personas heridas ni si se ha producido alguna detención, mientras Benicalap intenta recuperarse del susto vivido en una jornada que muchos vecinos difícilmente olvidarán.
Parece ser que al final, los okupas cumplieron su amenaza.
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*Onda Valencia*
















