Hay hechos históricos que no aparecen en las aulas, o aparecen tergiversados, porque desmontan ciertos relatos construidos a conveniencia. Y cuando uno va a los documentos y a la cronología real, lo que encuentra no es propaganda, sino historia. Historia de la de verdad, la que no se puede torcer sin que salten las costuras.
Los romanos ocuparon Hispania en el siglo II antes de Cristo. En aquel tiempo, la actual Cataluña no existía como sujeto político diferenciado, ni como nación, ni como estado, ni como reino. Era parte de la provincia Tarraconense, igual que otros muchos territorios de la Hispania romana. Ese es el punto de partida real, no los mitos fabricados siglos después.
Después llegaron los árabes en el 711, y Valencia pasó a llamarse Balansiya. No fue una anécdota menor: estuvieron allí hasta el 9 de octubre de 1238, cuando Jaime I conquistó la ciudad e instauró el Reino cristiano de Valencia. Ese larguísimo período islámico dejó una huella decisiva en el valenciano, tanto en el vocabulario como en la cultura y en la forma de entender el territorio.
Mientras tanto, Barcelona y los condados del nordeste quedaron bajo dominio franco desde el año 801, cuando fueron integrados en la Marca Hispánica, es decir, en una franja fronteriza del imperio carolingio. No eran un estado soberano, ni una nación, ni un reino independiente. Eran condados fronterizos dependientes de una potencia extranjera. Y así permanecieron durante siglos.
El tratado de Corbeil de 1258 es clarísimo: Luis IX de Francia cedió a Jaime I los derechos sobre los condados de la parte hispánica, y Jaime I renunció a los derechos sobre territorios de la parte francesa. Eso no es la historia de una gran nación independiente. Es la historia de territorios sometidos a soberanías ajenas, intercambiados y reorganizados según el equilibrio de poder entre reyes. Y además, ese pacto se firmó muchos años después de la conquista de Mallorca y de Valencia, lo cual demuestra que la
evolución política de esos territorios fue muy distinta.
Por eso resulta ridículo sostener que Cataluña ha sido siempre un estado, una nación o incluso un reino. No lo fue. Y tampoco fue un principado en el sentido político fuerte que algunos quieren hacer creer. Lo que hubo fueron condados, varios condados, entre ellos el de Barcelona, cuyo título acabó en manos de los reyes de Aragón. Pero una cosa es un título vinculado a una dinastía, y otra muy distinta inventarse una soberanía nacional que nunca existió.
Lo que hoy algunos presentan como origen de una supuesta “corona catalana” o “catalano-aragonesa” no es más que una lectura interesada y tendenciosa.
La realidad es mucho más sencilla y, precisamente por eso, más incómoda: Cataluña nunca tuvo soberanía propia continuada, nunca tuvo un rey propio independiente, nunca fue un estado en el sentido real del término. Primero estuvo bajo los francos, después bajo los reyes de Aragón y, más tarde, bajo la monarquía española. Antes había sido romana y visigoda. Esa es la verdad histórica, no el relato sentimental que algunos repiten para construir una nación a posteriori.
Y si hablamos de lengua, también conviene decirlo sin rodeos. El Reino de Valencia fue durante siglos latino y después musulmán, y de ahí procede en gran parte la base del valenciano: del latín de la romanización y de la aportación árabe, que es enorme y muy visible. Por eso el valenciano tiene una riqueza léxica y cultural que responde a su historia real, no a teorías inventadas desde despachos ideológicos.
En cambio, los condados catalanes tuvieron una base latina, sí, pero apenas un breve período musulmán y una larguísima dependencia francesa. Esa dependencia no fue neutra: dejó una huella lingüística y cultural clara, con abundante influencia occitana y provenzal. Por eso el catalán histórico no se puede entender igual que el valenciano, porque su trayectoria política y cultural fue distinta. Distinta de verdad, no distinta por voluntad de un panfleto.
Valencia fue un reino con identidad histórica propia, con tradición latina, musulmana y cristiana; Cataluña, en cambio, fue durante siglos un conjunto de condados sometidos a poderes superiores y sin soberanía real propia. Eso no es una opinión: es historia. Y quien quiera negar esto, no está defendiendo la verdad, sino disfrazando de identidad lo que nunca fue un estado independiente.
La historia no se corrige con eslóganes. Se corrige con documentos. Y cuando los documentos hablan, los mitos se quedan sin aire.
Wilfredo el Velloso fue Conde de Urgel desde 870 hasta 898
Auguste Longnon – Esta imagen ha sido extraída del archivo
Mapa de la «Marca Hispanica», «Navarra» y «Wasconia» en 806 según Auguste
Longnon, 1876.
Pedro Fuentes Caballero
Académico de la Real Academia de Cultura Valenciana correspondiente por Dénia
Presidente de la Asociación Cultural Roc Chabàs de Dénia
















