Paco Camps, el expresidente valenciano reflexiona sobre su legado y el futuro de la Comunitat

Porecos valencia

septiembre 20, 2026

El expresidente de la Generalitat repasa en ‘¡Qué Barbaridad!’, el programa de Quique Peña en Onda Valencia TV, su trayectoria, su relación con Valencia, el recuerdo de Rita Barberá y su voluntad de volver a la primera línea política

Hay entrevistas que buscan una declaración y otras que buscan conocer a la persona que hay detrás del personaje. La conversación de Quique Peña con Paco Camps en ¡Qué Barbaridad!, emitido por Onda Valencia TV, pertenece claramente a la segunda categoría. A lo largo de la charla, el expresidente de la Generalitat Valenciana recorre recuerdos personales, episodios de su etapa política, su relación con algunas de las figuras que marcaron aquellos años y, sobre todo, deja claro que considera que todavía tiene mucho que aportar a la Comunidad Valenciana.

Camps habla de política, pero también de su padre, de su madre, de sus hijos, de Rita Barberá, del Valencia CF, de las tardes de lectura, de la pérdida de la relevancia que acompaña a quien abandona un cargo y de la importancia que, según explica, tienen las personas por encima de las instituciones que representan.

Y hay una idea que atraviesa toda la entrevista: no considera cerrada su etapa política.

«Sigo en política ¿por qué? Porque amo esta tierra», afirma en uno de los momentos centrales de la conversación.

No es una frase aislada. Camps explica que su regreso no responde, según sus palabras, al orgullo ni a una necesidad personal de recuperar un cargo, sino a «convicción y vocación» y, sobre todo, al «amor» por su comunidad y por lo que significa Valencia para él.

Del despacho presidencial a un teléfono que dejó de sonar

Uno de los pasajes más personales de la entrevista llega cuando Camps recuerda cómo cambió su vida al dejar la Presidencia de la Generalitat.

Durante su etapa al frente del Consell, explica, tuvo la oportunidad de reunirse con algunas de las personalidades políticas, empresariales y económicas más importantes del mundo. Recuerda encuentros con Bill Gates en Seattle, con Nicolas Sarkozy y con jefes de Estado, además de la relación institucional con la Casa Real.

Pero Camps se detiene especialmente en una conversación con la reina, que, según relata, le trasladó una percepción que había encontrado en sus viajes internacionales: «Por donde voy ahora, en cualquier lugar del mundo, independientemente de España, todo el mundo me pregunta por Valencia».

Para el expresidente, aquella observación representaba algo más que una anécdota. Era el reflejo de una Valencia que, en su opinión, había conseguido adquirir una importante proyección internacional.

«Eso nos ha ocurrido a los valencianos», señala. Y añade que precisamente eso es lo que quiere que vuelva a ocurrir.

Pero junto a los recuerdos de aquella etapa aparece otra reflexión, mucho más personal: qué ocurre cuando desaparece el cargo.

Camps reconoce que el teléfono dejó de sonar de la misma manera.

«Cuando eres presidente, la gente te llama porque eres presidente», explica. Y considera que también forma parte de la responsabilidad de quien ocupa una institución saber distinguir entre quienes se acercan a la persona y quienes lo hacen al cargo.

Sin embargo, asegura que algunas personas continuaron llamándole después de abandonar la Presidencia. No quiso dar nombres, pero habló de personas de «enorme integridad personal» que, cada cierto tiempo, se interesaron por cómo estaba.

Para Camps, esas llamadas tienen un significado especial.

Son las que, según su relato, demostraron que detrás del cargo había una relación humana que permanecía.

«Uno no es grande por el lugar en donde está»

La reflexión conduce a una de las ideas más personales de toda la conversación.

Camps asegura haber conocido a personas con enorme poder político, económico y empresarial y afirma haber comprobado que, en muchas ocasiones, cuanto mayor era su responsabilidad, más encontraba en ellas humildad, cercanía y capacidad para escuchar.

«Uno no es grande por el lugar en donde está», sostiene.

La grandeza, explica, estaría en la manera de comportarse cuando se ocupa ese lugar.

Es una reflexión que conecta directamente con la experiencia que relata sobre su propia salida de la Presidencia. Camps parece reivindicar la importancia de las relaciones que sobreviven al poder y de las personas capaces de mantener una relación más allá del cargo.

El teléfono que conecta con el pasado

Quique Peña introduce entonces uno de los momentos más diferentes de la entrevista: un teléfono antiguo situado junto a dos vasos de agua.

El presentador propone imaginar que aquel aparato tiene la capacidad de conectar con cualquier persona, esté viva o no.

La primera respuesta de Camps es inmediata: su padre.

Si pudiera escuchar su voz al otro lado, dice que le agradecería nuevamente haber tenido el padre que tuvo.

«Todos los días me acuerdo de él dando gracias a Dios por el padre que he tenido», afirma.

Después habla de su madre, a la que define como «un cielo», y de sus hijos, con quienes mantiene contacto aunque ya no vivan en casa.

Y entonces aparece un nombre que ocupa un lugar especial en su memoria política y personal: Rita Barberá.

«¿Hablarías con Rita?», le pregunta Peña.

«Sí, por supuesto», responde Camps.

¿Qué le diría?

La respuesta resume buena parte de su visión de aquellos años: «Qué bonito todo aquello que pusimos en marcha».

Camps recuerda los proyectos que, según su interpretación, permitieron proyectar Valencia y la Comunidad Valenciana internacionalmente.

«Soñamos una Valencia mejor y soñamos una potencia de presencia de la ciudad en todo el mundo y de la comunidad», explica.

Y concluye: «Aquello se consiguió».

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«Cualquier tiempo pasado fue mejor»: Camps discrepa

Peña plantea entonces una pregunta clásica: si cualquier tiempo pasado fue mejor.

Camps responde con una frase que sintetiza su actitud ante el futuro:

«No. Todo lo mejor está por venir».

Es una respuesta que encaja con el discurso que desarrolla posteriormente. El expresidente no habla de su pasado como una etapa cerrada que deba ser recuperada únicamente desde la nostalgia.

Habla de volver.

De reconstruir.

De volver a situar a Valencia en un lugar de relevancia.

Y de participar activamente en ese proceso.

Su diagnóstico de la política española

La conversación entra entonces directamente en la actualidad política.

Camps sostiene que la política actual necesita ser «reconstruida rápidamente» y realiza una dura crítica a los gobiernos socialistas de José Luis Rodríguez Zapatero y Pedro Sánchez.

En este punto, sus palabras deben entenderse como su valoración política de la situación española.

Camps atribuye a Zapatero el inicio de un proceso de tensión y crispación entre españoles y considera que Sánchez habría profundizado posteriormente esa dinámica.

Utiliza incluso una metáfora histórica: tras la caída del Muro de Berlín, afirma que ahora tendría que caer «el muro de Zapatero y de Sánchez».

Frente a esa visión, reivindica la España surgida de la Transición y recuerda lo que considera avances de aquella etapa: la consolidación democrática, la descentralización, la integración europea, la presencia internacional y el desarrollo económico.

Su diagnóstico es contundente: considera que aquel modelo de concordia nacional se ha deteriorado y reclama recuperar la estabilidad política.

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«Podemos ganar por mayoría absoluta»

Es precisamente en este contexto donde Camps explica su posición respecto al futuro.

No se limita a decir que sigue vinculado a la política.

Afirma que quiere participar.

Y dirige un mensaje en tres direcciones.

Primero, a sus compañeros de partido, a quienes pide que «vuelvan a creer» en el futuro y en la posibilidad de que el Partido Popular consiga una mayoría absoluta.

Después, a sus conciudadanos, a quienes reclama confianza.

Y finalmente, a quienes no votan al PP.

A ellos les lanza un mensaje de reencuentro.

«Es muy importante que volvamos a reencontrarnos», afirma.

La palabra «reencuentro» resulta especialmente significativa porque conecta con otro de los argumentos que Camps desarrolla durante la entrevista: su reivindicación de acuerdos entre partidos que, según recuerda, fueron posibles durante su etapa al frente de la Generalitat.

El Estatuto como ejemplo de una Valencia diferente

Camps recuerda los veinte años de la reforma del Estatuto de Autonomía que se produjo durante su Presidencia.

La presenta como un ejemplo de acuerdo entre el Partido Popular y el Partido Socialista y destaca que, según su relato, aquella reforma permitió situar a la Comunidad Valenciana en un nivel elevado de competencias políticas y administrativas.

También reivindica la defensa de la identidad valenciana y de su simbología.

Pero, sobre todo, utiliza aquel episodio para establecer una comparación con el presente.

En su opinión, una reforma semejante sería hoy mucho más difícil debido a la fragmentación política y a la dificultad para alcanzar acuerdos.

Su conclusión es clara: considera que la política valenciana necesita recuperar una capacidad de entendimiento que, según él, existió en otras etapas.

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Valenciano, español y orgulloso de su tierra

Más allá de la política institucional, Camps se presenta como un hombre profundamente vinculado a Valencia.

Cuenta que desde pequeño todo aquello relacionado con la Comunidad Valenciana le emocionaba.

Recuerda incluso cómo reaccionaba cuando en la televisión aparecía la palabra «Valencia».

Y retrocede todavía más en el tiempo para hablar de su familia.

Cuenta que su abuelo, empresario, acudía cada 9 de octubre a ver bajar la bandera y que su padre le llevó a una de las primeras manifestaciones reivindicativas del Estatuto de Autonomía.

En su casa, explica, la identidad valenciana se vivía intensamente.

Y resume aquella manera de entenderla con una frase familiar:

«Ser valenciano es la mejor manera de ser español».

La tarde, su momento preferido

En medio de una entrevista eminentemente política, Peña consigue sacar al Camps más personal.

¿Cuál es la mejor parte del día?

La tarde.

No lo duda.

Camps explica que siempre ha sentido una especial predilección por ese momento en el que las obligaciones principales del día han terminado y aparece un espacio para leer, escuchar música, estar con la familia o simplemente relajarse.

Es un detalle pequeño, pero significativo.

Porque durante buena parte de la entrevista Camps habla del presidente, del político, del dirigente.

En ese momento aparece Paco.

El hombre al que le gusta leer.

El valenciano que disfruta de las tardes mediterráneas.

El padre que habla con sus hijos.

El hijo que recuerda a su padre.

Las «insidias» y la defensa de su trayectoria

Cuando Peña le pregunta por lo más injusto y doloroso que ha vivido, Camps no duda.

Habla de «toda la locura de las insidias» que, según afirma, ha sufrido durante estos años.

Dice haberse defendido legalmente, personalmente, socialmente y políticamente.

La referencia aparece como una de las heridas que todavía forman parte de su relato personal.

Camps no entra en la entrevista en un análisis detallado de los distintos episodios judiciales de su trayectoria, sino que se refiere a ellos desde la perspectiva de alguien que considera que tuvo que defenderse frente a acusaciones que juzga injustas.

El Valencia CF, una pasión familiar

Si hay una cuestión que consigue cambiar inmediatamente el tono de Camps es el fútbol.

Especialmente el Valencia CF.

Se define como valencianista y recuerda que su familia ha mantenido durante generaciones el vínculo con el club.

Habla de su abuelo, de su padre y de su propio número de socio.

Y reconoce que cuando juega el Valencia «se para el mundo».

Entre sus recuerdos más especiales está el día en que el Valencia conquistó la Liga de 2004.

Camps relata que se encontraba junto a Rita Barberá durante la procesión de la Mare de Déu. El partido se convirtió en protagonista de la jornada.

Le iban informando del resultado mientras avanzaba la procesión.

Hasta que llegó el segundo gol.

El Valencia era campeón.

Camps recuerda el abrazo con Rita en los escalones de la Basílica de la Virgen.

Después se marchó a casa, se cambió y acudió con Barberá al balcón del Ayuntamiento.

Al día siguiente, el equipo recorrió las calles de Valencia.

Y posteriormente llegó otro viaje: Gotemburgo, para la final de la Copa de la UEFA.

Son recuerdos de una Valencia que Camps asocia a una época de éxitos deportivos y de gran celebración ciudadana.

«El Valencia tiene que volver a ser de los valencianistas»

El presente del club, sin embargo, le genera preocupación.

Camps reconoce que ahora está sufriendo mucho como aficionado.

Y formula una petición política y social alrededor del club: considera que el Valencia CF debe «volver a ser de los valencianistas».

«Si yo tuviese la más mínima oportunidad de poderlo hacer», afirma, «haré lo imposible» para que vuelva a ser de los valencianistas y de sus socios.

La afirmación vuelve a mostrar una constante de la entrevista: Camps vincula buena parte de sus aspiraciones actuales con recuperar para Valencia una posición que considera perdida.

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¿Qué le falta para ser feliz?

Quizá uno de los momentos más reveladores llega casi al final.

Peña le pregunta qué le falta para ser feliz.

La respuesta sorprende por su sencillez.

«Cada día soy feliz».

Camps habla de su familia, de sus hijos, de su mujer y de la capacidad para afrontar los reveses que pueda traer la vida.

Pero después amplía la respuesta.

Porque aunque afirma sentirse feliz, reconoce que hay algo que le produciría una satisfacción mayor: volver a trabajar «en primera línea» para conseguir determinados objetivos políticos para la Comunidad Valenciana.

Quiere, según explica, una tierra admirada y proyectada internacionalmente.

Habla de empleo, vivienda, inversiones públicas y privadas y de una Valencia en la que vuelvan a ocurrir «cosas extraordinarias».

Y extiende esa aspiración a España.

Desea que el país recupere, en sus palabras, la «normalidad democrática», la alternancia y la estabilidad política.

«Esas son cosas que me harían plenamente feliz», concluye.

«Quiero volver a decidir»

La entrevista deja así una de sus frases más importantes.

Camps no quiere limitarse a leer, estudiar, analizar o comentar la realidad.

Quiere tener capacidad de decisión.

Lo expresa al explicar cómo se imagina dentro de unos años: le gustaría volver a sentarse con Quique Peña y poder contarle que ha vivido una nueva etapa de enriquecimiento personal, intelectual y cultural.

Pero añade algo más.

Quiere que ese conocimiento pueda convertirse en acción.

«No sólo aprender, no sólo opinar, no sólo investigar, no sólo analizar, sino también poder decidir», afirma.

Y añade que pretende que sus decisiones se traduzcan en «cosas buenas para nuestros conciudadanos».

Es probablemente la mejor síntesis de su posición actual.

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Antes de despedirse, Peña le concede la cámara.

Camps agradece la entrevista y destaca el trato personal con el periodista.

Habla de Peña como un profesional de primer nivel y recuerda que desde hacía tiempo quería ser entrevistado por él.

«Ha sido una barbaridad de entrevista», afirma.

Y la conversación termina con un agradecimiento mutuo.

Pero más allá del tono amable de la despedida, queda un mensaje político nítido.

Paco Camps no habla de su trayectoria como algo terminado.

Habla de futuro.

Habla de volver.

Habla de Valencia.

Habla del Partido Popular.

Habla de España.

Y habla de la posibilidad de recuperar una posición desde la que tomar decisiones.

La entrevista de Quique Peña muestra, en definitiva, a un Camps que intenta separar al político de la persona, pero que no renuncia al político.

El hombre que recuerda a su padre.

El hijo que habla de su madre.

El valencianista que revive los títulos del Valencia CF junto a Rita Barberá.

El lector que encuentra su momento favorito en las tardes.

El expresidente que reconoce que el teléfono dejó de sonar cuando abandonó el cargo.

Y, por encima de todo, el político que asegura que sigue en política por una razón que repite durante la conversación:

«Porque amo esta tierra».

Su mirada hacia el futuro tampoco deja demasiado margen para la interpretación.

Camps quiere seguir estando.

Quiere seguir aprendiendo.

Quiere seguir opinando.

Pero, sobre todo, quiere volver a decidir.

Y deja una frase que resume buena parte de la entrevista y que probablemente sea también la que mejor explique por qué ha aceptado sentarse de nuevo ante las cámaras:

«Todo lo mejor está por venir».

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