La presencia de la delegada del Gobierno en la Comunitat Valenciana, Pilar Bernabé, en un acto político en Madrid ha provocado malestar en plena reactivación de las alertas por lluvias torrenciales. Mientras localidades de la comarca de La Safor como Oliva afrontaban anegamientos y la entrada de agua en diversas viviendas, la representante estatal acudió a una cita del PSOE junto al presidente Pedro Sánchez.
El debate generado no cuestiona la participación partidista en sí misma, sino el orden de prioridades que asume quien ostenta un mando institucional directo en situaciones de riesgo meteorológico. En un territorio donde la coordinación de los operativos resulta vital ante cualquier aviso adverso, las ausencias en los centros de mando suscitan dudas inmediatas.
Ausencia en las mesas de coordinación del temporal
Las críticas se han intensificado tras señalarse que la delegada no acudió de forma presencial ni consta que se conectara telemáticamente a los encuentros de coordinación de emergencias fijados entre el viernes y el mediodía del sábado. Durante esa misma jornada, Bernabé participó en el evento socialista celebrado en Fuenlabrada, un desplazamiento que ha generado peticiones para que detalle cómo supervisó sus competencias durante aquellas horas críticas.
La memoria del episodio vivido el 29 de octubre de 2024 mantiene a la sociedad valenciana especialmente atenta al funcionamiento institucional. Aquella catástrofe evidenció que la prevención temprana y la comunicación técnica sin fisuras entre administraciones determinan el impacto de una catástrofe sobre la población afectada.
Explicaciones sobre el seguimiento del operativo
Ante estos reproches, Bernabé ha defendido el cumplimiento estricto de sus responsabilidades institucionales y ha atribuido los señalamientos a maniobras de desinformación del Partido Popular. No obstante, diversas voces reclaman que aclare los pasos concretos de seguimiento que mantuvo desde la distancia mientras se coordinaban los recursos para contener las afecciones en el terreno.
El contraste entre los compromisos de partido y las urgencias sobre el terreno vuelve a situar el foco en los vecinos damnificados en puntos como Oliva o Pego. Más allá del enfrentamiento entre formaciones, las localidades golpeadas por el agua demandan que las instituciones concentren todos sus esfuerzos operativos cuando el riesgo meteorológico se materializa.



















