La gran mentira del problema de la vivienda y el bloqueo del mercado

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Porecos valencia

octubre 6, 2026
  • Un problema que la izquierda no ha sabido o no ha querido resolver y que ahora utiliza para atacar a la derecha
Este artículo está dirigido a los que tienen la mirada amplia, el ángulo de visión claro y una idea de lo que está sucediendo de una manera lógica. Los que lo critiquen está claro que son de mente cerrada y de mirada roja.
 
El problema de la vivienda existe y es grave. Miles de familias tienen dificultades para comprar o alquilar una casa y muchos jóvenes no pueden emanciparse en las condiciones que tuvieron generaciones anteriores.
 
Precisamente por eso conviene hablar de vivienda con datos y no con consignas.
La situación actual no apareció de repente. La brecha entre el precio de la vivienda y los salarios se ha ampliado durante los años de este Gobierno y Pedro Sánchez no ha conseguido resolverla, mejor diría que no ha querido resolverla. Después de años de anuncios, planes y medidas, seguimos teniendo un mercado con poca oferta, precios elevados y grandes dificultades para acceder a una vivienda.
 
Y aquí empieza la contradicción.
Quienes llevan años gobernando y formando parte de las instituciones responsables de la política de vivienda pretenden presentarse ahora como la solución al problema. Y una parte de la izquierda ha convertido la vivienda en un argumento para señalar a los propietarios, a los empresarios y a la derecha, como si ellos fueran los responsables de una situación que también se ha agravado durante estos años de Gobierno socialista.
La respuesta que se está no sirve abordar la raíz del problema. Solo para ser usada políticamente.
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El impacto del señalamiento a los propietarios en la oferta disponible

Si hay pocas viviendas disponibles y mucha demanda, lo lógico sería aumentar la oferta. Construir más vivienda, facilitar suelo, reducir burocracia, agilizar licencias y crear condiciones para que los propietarios saquen sus viviendas al mercado.
 
Pero buena parte del discurso político se ha centrado en limitar, penalizar y señalar al propietario casi criminalizándolo por tener más de una vivienda.
Se habla constantemente de «rentistas», de grandes tenedores y de quienes poseen más de una vivienda. Se presenta al propietario como parte del problema, aunque una vivienda vacía o fuera del mercado también supone una reducción de la oferta disponible.
 
El resultado puede ser precisamente el contrario del que se pretende. Si alquilar una vivienda deja de ser atractivo para su propietario por la inseguridad jurídica, los impuestos o las restricciones, algunos decidirán venderla, mantenerla vacía o buscar otras alternativas. Y cada vivienda que sale del mercado del alquiler reduce todavía más la oferta.
El problema no se resuelve castigando al propietario. Se resuelve haciendo que haya más viviendas disponibles.
 
También conviene hablar de las políticas económicas del Gobierno. Yolanda Díaz y sus socios han defendido durante estos años una mayor intervención pública y un aumento de los costes laborales y fiscales para las empresas. Se puede discutir si algunas de esas medidas son necesarias o justas, pero hay una consecuencia que no debería ignorarse: las empresas y los autónomos necesitan poder contratar, invertir y crecer.
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Seguridad jurídica y agilidad administrativa frente a la dependencia estatal

Una economía con más actividad, más empleo y mejores salarios también facilita el acceso a la vivienda. Una economía en la que aumentan los costes para producir, contratar o invertir no ayuda precisamente a solucionar la falta de oferta.
Y hay una cuestión todavía más importante.
 
Cuando el Estado aumenta progresivamente su capacidad para decidir sobre el alquiler, la propiedad, los precios o las condiciones de acceso a determinados bienes, también aumenta su capacidad de intervención sobre la vida económica de los ciudadanos.
La experiencia histórica demuestra que la concentración excesiva de poder económico en manos del Estado puede generar dependencia. En los sistemas donde el Estado controla buena parte de la producción, el empleo, la vivienda y los bienes básicos, la autonomía económica de los ciudadanos se reduce.
 
No hace falta defender teorías conspirativas para advertir de ese riesgo. Tampoco hace falta afirmar que cada medida del Gobierno responde a un plan para controlar a la población. Basta con preguntarse dónde está el límite de la intervención pública y qué consecuencias tiene para la libertad económica.
La vivienda debería ser uno de los mejores ejemplos.
 
España necesita más viviendas, no más enfrentamiento entre propietarios e inquilinos. Necesita seguridad jurídica, suelo disponible, menos burocracia, más construcción y políticas públicas que aumenten realmente el parque de vivienda asequible.
También necesita que el Gobierno asuma su responsabilidad.
 
Después de ocho años de Pedro Sánchez en La Moncloa, resulta difícil aceptar que el problema de la vivienda se explique únicamente por lo que hicieron otros gobiernos, por los propietarios o por el mercado. Es únicamente responsabilidad de Sánchez y sus socios.
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La izquierda no puede gobernar durante años y después comportarse como si estuviera descubriendo el problema.
Y la derecha tampoco debería limitarse a denunciarlo. Tiene que presentar una alternativa concreta y demostrar que puede aumentar la oferta, facilitar el acceso a la vivienda y proteger al mismo tiempo a propietarios e inquilinos.
 
La vivienda no puede convertirse en un arma política permanente.
Tampoco puede utilizarse para enfrentar a quien tiene una casa con quien necesita alquilarla.
España necesita soluciones y no culpables.
 
Y para encontrar esas soluciones habrá que dejar a un lado las consignas y empezar a hablar de algo mucho más sencillo: cuántas viviendas necesitamos, cuántas se están construyendo, cuánto cuesta hacerlo, qué obstáculos existen y qué medidas pueden conseguir que vuelvan al mercado las viviendas que hoy no están disponibles.
Ese debería ser el debate.
 
Pero no, a la izquierda le interesa mantener ese debate como arma electoral hasta el 29-N, y lo van a hacer sin ninguna duda.
Mientras tanto, hay familias que siguen sin poder pagar un alquiler y jóvenes que siguen sin poder acceder a su primera vivienda. Y eso a los acampados no les preocupa, es más, lo utlizan.
 
La vivienda no es un problema, es una estrategia.

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