- El valenciano que llegó a gobernar la Orden de Malta y convirtió el Mediterráneo en el escenario de su vida
Hay valencianos cuya vida apenas puede explicarse mirando únicamente a Valencia. Raimundo Rabasa de Perellós y Rocafull pertenece a esa clase de personajes. Nació en el seno de una poderosa familia nobiliaria valenciana y terminó sus días en La Valeta, después de haber alcanzado una de las dignidades más prestigiosas del Mediterráneo: Gran Maestre de la Orden de San Juan de Jerusalén, conocida universalmente como Orden de Malta.
Su trayectoria parece sacada de una novela histórica: nobleza, religión, diplomacia, galeras, corsarios, fortalezas, guerras contra el Imperio otomano y una isla situada en uno de los lugares más estratégicos del Mediterráneo.
Pero detrás del personaje solemne existió un hombre que pasó la mayor parte de su vida lejos de la tierra donde había nacido y que, durante más de dos décadas, estuvo al frente de una institución que era simultáneamente orden religiosa, potencia naval y entidad política soberana. Y aquí conviene empezar haciendo una precisión histórica importante sobre el texto antiguo que conservamos.
Una fecha de nacimiento que las fuentes no presentan de manera unánime
La lámina biográfica sitúa el nacimiento de Raimundo Rabasa de Perellós el 17 de septiembre de 1635, pero varias referencias modernas, incluidos catálogos vinculados a los archivos de la Orden conservados en la Biblioteca Nacional de Malta, lo identifican como Ramon Perellós y Rocafull (1637-1720). La Gran Enciclopèdia Catalana ofrece igualmente Valencia, 1637.
Por tanto, lo históricamente prudente es advertir de esta discrepancia, en lugar de presentar 1635 como una fecha absolutamente indiscutible. Lo que no ofrece dudas es su procedencia valenciana y su pertenencia a la importante casa de los Rabasa de Perellós y Rocafull, vinculada al señorío de Benetússer y a la baronía de Dos Aguas.
Nacía así dentro de uno de aquellos linajes que, en la Valencia del siglo XVII, combinaban patrimonio, señoríos, redes familiares y servicio a la Monarquía y a las grandes instituciones religiosas y militares de la época. Su destino parecía escrito desde muy joven. Pero acabaría llegando mucho más lejos de lo que probablemente nadie podía imaginar.
De Valencia a los caballeros de San Juan
La Orden en la que ingresó Raimundo tenía tras de sí una historia de varios siglos. Había nacido en la Edad Media como institución hospitalaria vinculada a Tierra Santa. Después se transformó también en una importante organización militar. Tras perder sus posiciones orientales, los hospitalarios pasaron por Rodas y finalmente se establecieron en Malta, cedida a la Orden por Carlos V en 1530.
Desde entonces, Malta se convirtió en una formidable fortaleza cristiana situada en pleno Mediterráneo. Y sus caballeros, en una de las principales fuerzas navales que operaban en aquellas aguas. Raimundo ingresó muy joven en la Orden. Las fuentes coinciden en situar su incorporación en 1653. Aquello significaba mucho más que recibir un hábito y un título.
Comenzaba una carrera. La Orden poseía una compleja organización internacional dividida tradicionalmente en las llamadas «Lenguas», agrupaciones de caballeros según su procedencia. Los valencianos quedaban encuadrados en la Lengua de Aragón, junto a otros territorios de la antigua Corona de Aragón.
Desde ese momento, la vida del joven valenciano quedaría vinculada a Malta.
El Mediterráneo no era un mar tranquilo
Para comprender su carrera hay que olvidar por un momento la imagen turística que actualmente tenemos del Mediterráneo. El mar del siglo XVII era un espacio extraordinariamente peligroso.
Por sus aguas navegaban flotas comerciales, escuadras militares, corsarios y embarcaciones dedicadas a capturar mercancías y personas. El conflicto entre las potencias cristianas y el Imperio otomano continuaba marcando la política mediterránea, aunque la realidad era mucho más compleja que una simple división entre dos bloques. Las galeras de Malta participaban activamente en aquel mundo. Y Raimundo Perellós fue ascendiendo dentro de la institución que las gobernaba.
Negroponte: el ascenso de un caballero valenciano
Uno de sus cargos más importantes antes de alcanzar el maestrazgo fue la bailía de Negroponte, denominación occidental vinculada históricamente a la isla de Eubea. La fuente enciclopédica consultada sitúa su nombramiento como bailío de Negroponte en 1658, dignidad que le abrió el acceso al Consejo Supremo del Gran Maestre.
Era un paso decisivo. Perellós dejaba de ser simplemente uno más entre los numerosos caballeros de una institución internacional. Entraba en los niveles superiores de su gobierno. Con el paso de los años adquirió experiencia administrativa, militar y política. Y llegó finalmente el momento que cambiaría definitivamente su vida.
1697: un valenciano elegido Gran Maestre
A comienzos de 1697 murió el Gran Maestre Adrien de Wignacourt. La Orden debía elegir sucesor. Raimundo Perellós se encontraba ya entre sus figuras más destacadas y resultó elegido en febrero de aquel año. La documentación histórica maltesa sitúa su elección el 7 de febrero de 1697, mientras que otras relaciones institucionales consignan el 5 de febrero; lo esencial es que desde febrero de 1697 quedó al frente de la Orden.
La propia Orden de Malta lo incluye en su relación oficial como Frey Ramon Perellos y Roccaful, Gran Maestre entre 1697 y 1720. Había alcanzado la cima. Aquel muchacho salido de una familia nobiliaria valenciana pasaba a dirigir una institución soberana con relaciones diplomáticas propias, posesiones, fortificaciones, ejército, escuadra y representación ante numerosas cortes europeas. No era un simple cargo honorífico.
Gobernar Malta significaba gobernar una pieza fundamental del tablero mediterráneo.
Gran Maestre, pero también gobernante
El Gran Maestre presidía una estructura política considerablemente sofisticada. Los archivos de la Orden muestran que su gobierno mantenía relaciones diplomáticas con las principales cortes europeas y con la Santa Sede. Existían embajadores y agentes en Roma, Nápoles, París, Madrid y Viena, y el Gran Maestre recibía información sobre cuestiones diplomáticas y políticas internacionales.
Perellós tenía que administrar recursos, negociar con otras potencias, atender los intereses de las diferentes «Lenguas» de la Orden y mantener la capacidad defensiva de Malta. Y, por encima de todo, tenía que conservar una escuadra preparada para combatir. Las galeras continuaban siendo esenciales.
Malta y la guerra en el mar
El texto biográfico tradicional presenta a Perellós como un gobernante especialmente preocupado por fortalecer la Marina de la Orden. La afirmación tiene una base histórica sólida: existen estudios específicos sobre las galeras construidas o utilizadas durante su maestrazgo, entre ellas la Santa Caterina, así como la Santa Croce y la Santissima Vergine del Pilar.
Aquellas embarcaciones no eran simples símbolos de prestigio. Representaban la capacidad de Malta para proyectar fuerza por el Mediterráneo.
Las costas europeas seguían sufriendo la actividad corsaria, mientras los propios caballeros de Malta practicaban igualmente el corso contra embarcaciones musulmanas. Era un mundo donde comercio, guerra, religión y piratería legalizada podían encontrarse peligrosamente próximos.
Por ello sería anacrónico presentar aquella realidad como una sencilla lucha entre «buenos» y «malos». Era el Mediterráneo de su tiempo. Y Perellós gobernaba una de sus potencias navales más singulares.
Una Orden internacional dirigida por un valenciano
Existe además un aspecto especialmente interesante. Su elección tuvo relevancia dentro de los equilibrios internos de la Orden. La procedencia de cada caballero tenía importancia y las distintas Lenguas competían por dignidades y cargos.
La elección de Perellós reforzó la posición de la Lengua de Aragón, a la que pertenecían los caballeros valencianos. Una fuente enciclopédica incluso interpreta su llegada al maestrazgo como un éxito de esa Lengua dentro de las rivalidades existentes en la institución.
Resulta fácil imaginar lo que significaba aquello para una familia nobiliaria valenciana. Uno de sus miembros había alcanzado el máximo cargo de una Orden cuyos caballeros procedían de numerosos territorios europeos.
No todo fueron galeras y cañones
El legado de Perellós tampoco puede reducirse a la guerra.
Los grandes maestres fueron importantes promotores artísticos y arquitectónicos. Malta conserva todavía hoy numerosos testimonios de aquella época. Durante el gobierno de Perellós continuó enriqueciéndose el patrimonio monumental de la isla y su propia imagen quedó asociada a edificios y obras de arte.
Un magnífico ejemplo es la célebre colección de tapices conocida como Tenture des Indes. La documentación estudiada por especialistas demuestra que Perellós mantuvo correspondencia con sus agentes en París para conseguir estos extraordinarios tapices. El conjunto completo se encuentra actualmente asociado al Palacio del Gran Maestre y consta que estaba en Malta desde 1710.
Es un detalle revelador. El mismo hombre que debía preocuparse por galeras, fortificaciones y corsarios encargaba también algunas de las manifestaciones artísticas más espectaculares de su tiempo.
El poder también necesitaba símbolos
En la Europa barroca, gobernar significaba también representar el poder. Ceremonias públicas, arquitectura, escudos, retratos, iglesias, palacios y monumentos funerarios tenían una función política.
Perellós comprendió perfectamente aquel lenguaje. Su entrada solemne en Vittoriosa después de ser elegido Gran Maestre ha sido objeto incluso de estudios históricos específicos. Aquellos ceremoniales no eran simples fiestas: escenificaban ante la sociedad maltesa la autoridad del nuevo gobernante. La Malta de Perellós era profundamente barroca. Y su Gran Maestre también lo era.
Entre Luis XIV, el Papado y las grandes monarquías
El Mediterráneo de comienzos del siglo XVIII no podía separarse de la gran política europea. Durante su prolongado mandato estalló la Guerra de Sucesión española, iniciada después de la muerte sin descendencia de Carlos II en 1700.
Europa quedó dividida. Para una institución internacional como la Orden de Malta, cuyos caballeros procedían de territorios pertenecientes a potencias enfrentadas, aquella situación exigía una extraordinaria prudencia diplomática.
El Gran Maestre tenía que proteger la cohesión interna de la Orden y, simultáneamente, mantener sus relaciones con Roma y las monarquías europeas. Aquella faceta diplomática es quizá menos espectacular que las galeras. Pero probablemente exigía todavía más habilidad.
Más de veinte años al frente de Malta
Perellós gobernó desde 1697 hasta 1720. Veintitrés años.
Es una permanencia considerable para cualquier gobernante de la época. Durante todo ese tiempo vio cambiar el mapa político europeo, asistió a guerras, mantuvo la capacidad naval de la Orden y dejó una importante huella artística y patrimonial.
Su figura pertenece además a una etapa particularmente interesante: los últimos momentos en los que la Orden de Malta todavía podía desempeñar un papel militar mediterráneo significativo antes de que los grandes cambios políticos y navales del siglo XVIII transformaran progresivamente aquel mundo.
1720: el final de una vida extraordinaria
Raimundo de Perellós murió en La Valeta el 10 de enero de 1720. Las fuentes archivísticas maltesas y los repertorios históricos modernos coinciden en el año y lugar de su muerte.
Su sucesor fue Marc’Antonio Zondadari, cuyo maestrazgo comenzó ese mismo año. Perellós había pasado la mayor parte de su existencia vinculado a la Orden. Había entrado siendo prácticamente un adolescente. Moría siendo Gran Maestre. Entre ambos momentos había transcurrido casi toda una vida.
El valenciano que quedó para siempre en Malta
Su memoria permanece especialmente vinculada a San Juan de La Valeta, la extraordinaria iglesia conventual de los caballeros que actualmente conocemos como Concatedral de San Juan. Allí se encuentra su monumento funerario, en la capilla correspondiente a la Lengua de Aragón. Es difícil imaginar un final más simbólico.
Un valenciano nacido en el seno de una familia aristocrática terminó enterrado en el corazón religioso de aquella Orden internacional que había dirigido durante más de veinte años. Su tumba continúa recordando una época en la que Valencia estaba conectada con una extensa red mediterránea de comerciantes, religiosos, militares, diplomáticos y nobles.
De Valencia al centro del Mediterráneo
Raimundo Rabasa de Perellós y Rocafull merece ser recuperado porque su vida rompe una imagen demasiado estrecha de nuestra historia. La historia valenciana no ocurrió únicamente dentro de las fronteras del antiguo Reino de Valencia.
Hubo valencianos en Roma. En Nápoles. En Flandes. En América. Y también en Malta. Hombres que participaron en instituciones internacionales y que llegaron a ocupar posiciones extraordinariamente elevadas.
Perellós fue uno de ellos. Su trayectoria comenzó entre los privilegios de una gran familia valenciana, continuó bajo el hábito de los caballeros hospitalarios y terminó en el palacio del Gran Maestre de La Valeta.
Fue noble. Caballero. Administrador. Hombre de guerra. Mecenas. Y, finalmente, gobernante de Malta. Pero quizá lo más sorprendente de su historia sea la distancia recorrida.
Desde Valencia llegó hasta una pequeña isla situada en el corazón del Mediterráneo y, desde aquella isla, terminó participando en la gran política europea de su tiempo.
Por eso Raimundo Rabasa de Perellós no pertenece únicamente a la historia de Malta. También forma parte, y con pleno derecho, de nuestros personajes valencianos.
Pedro Fuentes Caballero
Académico de la Real Academia de Cultura Valenciana correspondiente por Dénia
Presidente de la Asociación Cultural Roc Chabàs de Dénia
Agregado colaborador de la Sección de Cronistas Oficiales del Reino de la Real Acadèmia de Cultura Valenciana


















