- Es un sindicato claramente posicionado con la tesis de la «catalanosfera»
STEPV lleva años intentando proyectar la imagen de un sindicato preocupado exclusivamente por los derechos laborales de los docentes. Sin embargo, para un número creciente de valencianos, esa imagen hace tiempo que dejó de ser creíble. La realidad que perciben es la de una organización que ha convertido la educación en un campo de batalla ideológico y que ha asumido como propia una agenda catalanista incompatible con una visión diferenciada y singular de la identidad valenciana.
Cada vez que surge un debate sobre la lengua, STEPV aparece en primera línea. No para buscar consensos ni para defender la pluralidad existente en la sociedad valenciana, sino para impulsar una visión concreta y distorsionada interesadamente de la realidad lingüística y cultural. Una visión que, según sus críticos, sitúa al valenciano dentro de una estrategia de convergencia con el nacionalismo catalán y relega a un segundo plano la personalidad histórica propia del Reino y del pueblo valenciano.
Lo más llamativo es que esta militancia ideológica se ha desarrollado bajo la cobertura de una organización sindical. Mientras muchos docentes reclaman soluciones a problemas como la burocracia desbordante, la falta de recursos, la pérdida de autoridad en las aulas o la precariedad de determinados puestos de trabajo, STEPV parece encontrar siempre tiempo y energía para librar nuevas batallas lingüísticas. La impresión que deja es que la defensa del profesorado queda con demasiada frecuencia subordinada a una causa política y cultural más amplia.
El sindicato ha reaccionado con una intensidad extraordinaria ante cualquier medida que cuestione su modelo lingüístico basado en que el valencianos es una variedad del catalán. Esa actitud ha alimentado la percepción de que no estamos ante una simple organización de representación laboral, sino ante un auténtico actor político que utiliza la educación como instrumento de influencia social intentando adoctrinar a los alumnos. Sus campañas, comunicados y movilizaciones son interpretados por muchos ciudadanos como parte de una estrategia permanente de promoción de postulados catalanistas en la Comunidad Valenciana.
El problema para STEPV es que una parte importante de la sociedad valenciana no comparte ese proyecto. Miles de valencianos defienden el valenciano como una lengua propia, valiosa y merecedora de protección, pero rechazan que esa defensa se convierta en una herramienta para diluir la identidad valenciana dentro de marcos ideológicos importados. Consideran que el futuro de la lengua debe construirse desde Valencia y para los valencianos, no desde planteamientos que identifican la realidad valenciana con esquemas nacionalistas ajenos.
Por eso, el debate sobre STEPV ya no es únicamente sindical. Es un debate sobre el papel que determinadas organizaciones desempeñan en la construcción cultural e identitaria de la sociedad valenciana. Y cada vez son más dentro y fuera de la enseñanza quienes concluyen que el sindicato ha dejado de ser un representante neutral de los trabajadores para convertirse en uno de los principales vehículos de difusión del catalanismo en el sistema educativo valenciano.
Quizá ahí resida la clave de la creciente controversia que rodea a la organización. Porque cuando un sindicato parece actuar más como un movimiento ideológico que como una herramienta al servicio de los trabajadores, resulta inevitable preguntarse si sigue representando a todos los docentes o únicamente a aquellos que comparten una determinada visión política y cultural de Valencia.








