La mañana había comenzado como tantas otras en el día grande de San Vicente Ferrer: cielo claro, olor a pólvora en el ambiente y la ciudad preparada para vibrar con una nueva mascletà en el corazón de Valencia.
Poco después de las 14:00, el ritual se cumplía. El estruendo, seco y perfectamente medido, marcaba el ritmo de un espectáculo que forma parte del ADN valenciano, donde la mascletà no se mira: se siente.
Pero esta vez, entre el humo blanco y el eco de los masclets, ocurrió algo que rompió la armonía prevista.
En pleno disparo, una de las chispas —inevitables en un espectáculo de estas características— alcanzó una palmera cercana.
Al principio fue apenas un destello. Luego, una llama tímida.
Y en cuestión de segundos, el fuego comenzó a trepar por el tronco, alimentado por la propia estructura de la palmera.
Los servicios de seguridad actuaron con rapidez y con una intervención inmediata para sofocar las llamas y los bomberos se hicieron con ontrol de la zona para evitar riesgos al público.
A pesar del susto, no se registraron daños personales, lo que convirtió el incidente en un episodio más espectacular que peligroso.
Foto y vídeo: Victor Moreno

