El Es-Alert del miércoles, una decisión técnica no tardía utilizada por la izquierda y la extrema izquierda políticamente

PorPepe Herrero

septiembre 19, 2026
  • En Cataluña sucedió algo similar y allí no se ha montado este debate

Hace unas semanas me preguntaba en un artículo si «la derecha estaba preparada para todo lo que le iba a venir de aquí a mayo por parte de la izquierda». Viendo lo que está ocurriendo, parece que la pregunta no era precisamente exagerada.

Día sí y día también, la izquierda, con Compromís y Podemos pisándole el acelerador por el flanco más radical, encuentra un nuevo motivo para cargar contra el Gobierno de Juanfran Pérez Llorca o contra el de María José Catalá. Da igual cuál sea el asunto, cuál sea el contexto o cuáles sean las explicaciones técnicas: todo sirve para construir un nuevo relato de desgobierno, incompetencia o improvisación.

Y el problema no es que hagan oposición. Para eso están. El problema aparece cuando la crítica política deja de buscar responsabilidades para dedicarse a fabricar culpables; cuando los hechos se retuercen hasta que encajan en el relato previamente decidido; cuando se omite deliberadamente una parte de la realidad porque no conviene al argumento y se amplifica la que sí sirve para atacar al adversario.

En definitiva, parece que hemos entrado ya en la cuenta atrás hacia mayo y que todo vale para desgastar al contrario. Incluso aquello que, analizado con un mínimo de rigor, admite una explicación bastante menos conveniente para el relato que se pretende vender.

La oposición tiene todo el derecho del mundo a criticar. Lo que no debería tener es patente de corso para convertir cada episodio en munición política, aunque para ello haya que retorcer los hechos hasta hacerlos irreconocibles.

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La función técnica del ES-Alert frente a la alerta meteorológica

La polémica sobre la hora a la que se envió el ES-Alert el pasado miércoles 16 de septiembre en Valencia es otro detalle y se debería analizarse teniendo en cuenta qué función tiene realmente este sistema de emergencia.

Desde el punto de vista defendido por los responsables técnicos de Emergencias, afirmar simplemente que el aviso “llegó tarde” porque se envió cuando la lluvia ya había comenzado supone confundir dos instrumentos diferentes: la alerta meteorológica y el ES-Alert.

La población ya había sido advertida con antelación de que existía un episodio de lluvias potencialmente peligroso. AEMET había establecido avisos meteorológicos y Emergencias había comunicado la situación a los municipios. De hecho, la alerta para el miércoles había sido difundida desde el día anterior, con previsiones de acumulaciones importantes de lluvia.

Por tanto, el ES-Alert no tenía como finalidad decir a la ciudadanía algo que ya conocía —que había una situación meteorológica adversa—, sino comunicar que la situación había evolucionado hasta convertirse en una emergencia que exigía adoptar determinadas conductas inmediatamente.

Eso es precisamente lo que han defendido el presidente de la Generalitat, Juanfran Pérez Llorca, y el conseller de Emergencias, Juan Carlos Valderrama. Según Valderrama, el mensaje enviado a las 22:08 no fue una medida preventiva, sino una medida de acción ante el incremento de incidentes y las alertas hidrológicas por riesgo de desbordamiento de cauces y barrancos.

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El momento clave de la activación y el contenido del mensaje

Y aquí está probablemente la clave del debate: un ES-Alert no debería convertirse en una simple repetición de cada aviso meteorológico. Si ante cualquier alerta naranja se enviara automáticamente un mensaje de máxima prioridad a todos los teléfonos, existe el riesgo de que la población terminara percibiéndolo como otro aviso más y se redujera el impacto de una herramienta concebida para situaciones de emergencia.

En este caso, además, la evolución de la situación fue rápida. Durante la tarde se multiplicaron los incidentes y comenzaron a aparecer problemas de inundación. A las 22:11, Emergencias declaró la situación 1 del Plan Especial de Inundaciones, precisamente porque ya se habían producido inundaciones en determinadas zonas y existía un riesgo que requería la intervención de los medios disponibles.

El contenido del mensaje también demuestra cuál era su finalidad. No se limitaba a informar de que estaba lloviendo: ordenaba evitar desplazamientos, alejarse de cauces y barrancos, respetar los cortes de tráfico y, en caso de aumento del nivel del agua, acceder a pisos superiores. Es decir, era un mensaje para cambiar el comportamiento de la población ante una situación de riesgo concreta.

Por eso, desde esta perspectiva, no resulta correcto medir la eficacia del ES-Alert únicamente por si se envió antes o después de que empezara a llover. La pregunta técnica es otra: ¿cuándo existían elementos suficientes para considerar que la situación había pasado de ser una previsión meteorológica adversa a una emergencia que exigía una actuación inmediata de la ciudadanía?

Los responsables de Emergencias sostienen que ese momento llegó cuando aumentaron los incidentes y apareció un riesgo concreto de desbordamiento. Además, el propio conseller explicó que a las 17:00 había consultado a AEMET sobre la posibilidad de que el aviso naranja pasara a rojo y que se le trasladó que esa posibilidad era muy poco probable.

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Esto no significa que no pueda existir un debate legítimo sobre si los protocolos deberían modificarse en el futuro. De hecho, hay especialistas que consideran que los sistemas de alerta deberían utilizarse con mayor anticipación. Esa es una discusión importante y merece ser estudiada.

Pero una cosa es discutir cuál debería ser el protocolo ideal y otra afirmar que el envío del día 16 fue necesariamente tardío o que la población no había sido advertida. La información meteorológica ya se había difundido y las autoridades estaban siguiendo la evolución del episodio. El ES-Alert se utilizó posteriormente como herramienta de emergencia cuando el riesgo hidrológico se concretó.

Desde este punto de vista, la decisión de enviarlo a las 22:08 puede entenderse como una decisión técnica coherente con la función que Emergencias atribuye al sistema: no avisar simplemente de que existe una previsión de lluvia, sino ordenar a la población que adopte medidas concretas cuando la evolución de la emergencia lo hace necesario.

La cuestión que debería quedar abierta para futuras situaciones no es tanto “¿por qué no se envió antes?”, sino “¿qué criterios objetivos deben activar un ES-Alert preventivo y cuáles deben reservarse para un ES-Alert ejecutivo?”. Establecer ese protocolo de forma clara y homogénea permitiría evitar polémicas posteriores y, sobre todo, que la ciudadanía sepa exactamente qué significa recibir uno de estos mensajes.

Este enfoque es más sólido porque no niega que haya habido críticas, pero explica por qué, según el criterio defendido por Emergencias, la hora de las 22:08 no fue fruto de una improvisación, sino de un cambio en la naturaleza del riesgo. También evita afirmar como hecho general que “el ES-Alert solo puede enviarse cuando ya se produce el evento”: lo que sí está documentado es que la Generalitat defendió en este caso que se trató de un aviso ejecutivo y no preventivo, y que los avisos preventivos se reservaban al escenario de alerta roja.

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