El Micalet es uno de los grandes símbolos de Valencia y una de las construcciones más queridas por los valencianos. Sin embargo, más allá de sus 207 escalones, la torre esconde pequeñas historias y detalles que muchos desconocen: desde rayos que destruyeron campanas hasta curiosos mecanismos medievales o antiguas inscripciones todavía visibles entre sus piedras.
La primera curiosidad tiene como protagonista la campana que da nombre a la torre. La campana original del Micalet, conocida como “Miquel”, fue destruida tras el impacto de un rayo, obligando a fundir una nueva. Esta había sido colocada en 1418, con la idea de unir la campana al reloj, pues hasta entonces el toque horario se hacía manualmente mediante golpes de martillo.
Esto ocurrió el 16 de febrero de 1519. Un terrible temporal causó que un rayo cayera sobre la campana, incendiando la plataforma que la sostenía, noticia de la que tenemos constancia gracias a un mercader genovés contemporáneo al incidente. Sin embargo, en 1532 aconteció otra anécdota, esta vez más curiosa. Para celebrar la victoria de Carlos V frente al Imperio Otomano, la campana se golpeó tan fuerte que acabó rompiéndose de nuevo.

La construcción de la torre también esconde detalles. El último cuerpo del campanario no se construyó hasta veinte años después que el resto, lo que hace pensar que quizás no se contemplase en los planos originales. Para construirlo, el maestro de obras Pere Balaguer —autor de las torres de Serranos y encargado de diseñar el último cuerpo del Micalet— recibió un pago de 50 florines para viajar a otros territorios e inspirarse en diferentes construcciones, tomando como referencia modelos del gótico catalano-occitano para rematar la obra.
Pero más allá de su arquitectura, el Micalet todavía conserva un testimonio de la vida cotidiana que se desarrolló durante siglos. Se trata de una curiosa hendidura en el muro que funcionaba a modo de timbre: desde abajo se golpeaba para avisar al campanero de que era el momento de tocar las campanas, transmitiendo un sonido nítido que todavía puede comprobarse hoy.


Por último, cerca de la Puerta de los Hierros, puede encontrarse grabada una inscripción medieval. Se trata de uno de los testimonios escritos de época cristiana más antiguos que pueden verse en las calles de Valencia. En él se conmemora el comienzo de las obras, el año 1391, bajo el reinado de Pedro IV de Aragón, más conocido como Pere el Cerimoniós.



