La política municipal valenciana vuelve a vivir días de fractura y desencanto dentro del socialismo valenciano. La salida en bloque de la militancia del PSOE en Almusafes supone un nuevo golpe para el PSPV y reabre inevitablemente las comparaciones con el camino que años atrás emprendió Jorge Rodríguez en Ontinyent, cuando decidió romper con los socialistas tras sus profundas discrepancias con la dirección del partido.
La ruptura de los socialistas de Almusafes se ve envuelta en una fuerte tormenta política y judicial. El ya exdirigente socialista de fue expulsado del PSOE tras las denuncias por presunto acoso sexual y laboral presentadas por dos trabajadoras municipales y después de varios enfrentamientos públicos con la dirección del PSPV.
El alcalde, lejos de apartarse de la primera línea política, ha optado por mantener la Alcaldía y construir un proyecto propio al margen de Ferraz y del PSPV, una decisión que recuerda inevitablemente al movimiento protagonizado por Jorge Rodríguez tras el llamado caso Alquería. Entonces, el alcalde de Ontinyent abandonó el PSOE denunciando sentirse abandonado por su partido y acabó impulsando Ens Uneix, formación municipalista que hoy gobierna con fuerza en la Vall d’Albaida y se ha convertido en actor decisivo de la política provincial valenciana.
La sombra de Jorge Rodríguez planea ahora sobre Almussafes. No solo por el paralelismo político, sino porque el propio Toni González ha dejado entrever conversaciones para impulsar una plataforma independiente alejada de las siglas socialistas tradicionales. En ambos casos aparece un denominador común: alcaldes con fuerte implantación local que consideran que el aparato del partido les dio la espalda en momentos críticos.
Mientras en Ontinyent la ruptura derivó en la consolidación de un proyecto autónomo con gran respaldo electoral, en Almussafes todavía está por ver cuál será el recorrido político del alcalde expulsado. La situación, sin embargo, refleja una creciente tensión entre los liderazgos municipales y las estructuras orgánicas del PSOE valenciano, especialmente en municipios donde el peso personal de los alcaldes supera muchas veces al de las propias siglas.
La dirección encabezada por Diana Morant defendió con contundencia la expulsión de González, insistiendo en que el partido no puede tolerar comportamientos incompatibles con sus valores feministas y de igualdad. Pero en sectores del socialismo municipal valenciano vuelve a crecer el temor a que nuevas fracturas territoriales debiliten todavía más la estructura del PSPV.
En apenas unos años, el PSOE valenciano ha pasado de presumir de poder territorial a enfrentarse a fugas de dirigentes históricos y alcaldes con enorme arraigo local. Primero fue Ontinyent. Ahora Almussafes. Y entre ambos casos queda la sensación de que parte del municipalismo socialista valenciano busca cada vez más caminar por libre, lejos de la disciplina de partido y más cerca de proyectos personalistas construidos alrededor de liderazgos locales fuertes.




