LA POLÍTICA ACTUAL Y EL CHOCOLATE. Una forma diferente de ver las cosas

La política la comparo con dos formas diferentes de presentar el chocolate, porque hoy en día prácticamente solo hay dos opciones: derecha e izquierda.

La izquierda es como el huevo Kinder; la derecha, como el bollo de chocolate.

Cuando una persona que había sido concejal durante varias legislaturas con Rita Barberá me hablaba de lo que habían hecho durante su mandato, me decía que habían dado prioridad a la gestión más que a la difusión de esa gestión, justo lo contrario de lo que suele hacer la izquierda. Eso me llevó a hacer una comparativa para explicar cómo veo yo este tema.

Voy a ello.

IZQUIERDA

Las políticas de la izquierda son como el huevo Kinder: un envoltorio muy llamativo y colorido, una presentación impecable y una propaganda muy estudiada. Pero cuando el niño abre el huevo, se encuentra con apenas 10 gramos de chocolate; eso sí, sabroso y lleno de conservantes y potenciadores de sabor, que se come en un bocado, sin apenas valor nutritivo ni capacidad para calmar el hambre. Para que no se dé cuenta de lo poco que hay, incluye un pequeño juguete dentro de la cápsula amarilla, que lo entretiene unos minutos y luego acaba olvidado.

DERECHA

Las políticas de la derecha son como los bollos de chocolate artesanales: muy sabrosos, pero presentados de forma humilde y poco atractiva para el marketing. Su textura y sabor son excelentes, y sus 50 gramos de chocolate sirven para acompañar de forma nutritiva un trozo de panquemado, un croissant o una ensaimada. Si me apuras, incluso con pan.

Quienes los elaboran no buscan ese efecto “bonito” del Kinder, sino ofrecer algo artesanal, propio y sabroso.

A un niño le das a elegir entre un Kinder y un bollo artesanal, y elige el Kinder.

Pues eso mismo pasa en la política.

La izquierda vende muy bien su política, utiliza con eficacia la retórica y construye relatos con habilidad, pero —según mi punto de vista— los resultados pueden ser negativos y empobrecedores, como se ha visto en países como Cuba, Venezuela o la Argentina de los Kirchner, entre otros. Envuelven sus políticas en papeles brillantes, pero luego, en mi opinión, pueden carecer de contenido y efectividad. En España, muchos consideran que esto ocurre desde que Pedro Sánchez llegó al poder, percibiendo un empobrecimiento mientras se mantiene la atención pública en debates constantes. A la izquierda la votan quienes no ven más allá de ese huevo bonito pero vacío.

La derecha, por su parte, ha sido en ocasiones más efectiva en la gestión, pero no ha sabido comunicar su trabajo con la misma eficacia y se ha centrado más en gobernar que en explicarlo, como ocurrió tras el final del gobierno de Felipe González donde se tuvo que rearmar España tras los episodios de corrupción o durante la crisis económica posterior al mandato de Zapatero que se tuvo que trabajar de lo lindo para evitar el rescate de Europa tal como sucedió en Grecia.
A la derecha la vota quien es inteligente y sabe apreciar lo que de verdad le llena.

Al final, o el bollo de chocolate se adapta en su presentación como hicieron otros productos tradicionales frente a grandes marcas, como el Turrón de Viena que abandonó el papel de aluminio interior y el papel amarillo exterior que siempre estaba manchado por la forma de presentarlo actual, o seguirá perdiendo frente a opciones más llamativas pero vacías de contenido.

O bien la derecha empieza a vender mejor su propuesta y a explicar su valor, o seguirá existiendo el riesgo de que la izquierda vuelva a gobernar en Valencia, con las consecuencias que hemos visto tan negativas.

No pido que estéis de acuerdo conmigo, solo que sepáis lo que pienso.

Yo seguiré apostando por el bollo para acompañar mi trozo de panquemado de Alberique. Me llena mucho más.

PEPE HERRERO

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