Lo Rat Penat y la leyenda que acompañó a Jaume I

PorPedro Fuentes Caballero

abril 9, 2026

A lo largo de la historia, pocas ciudades han sabido entrelazar con tanta fuerza la realidad y la leyenda como lo ha hecho Valencia. Entre sus símbolos más reconocibles destaca Lo Rat Penat, el murciélago que corona su escudo, y cuya presencia ha sido explicada durante siglos a través de una narración tan sugerente como simbólica, vinculada directamente a la conquista de la ciudad por el rey Jaume I.

Según cuenta la tradición, en tiempos de dominación musulmana los árabes habían aprendido a domesticar murciélagos a los que llamaban “mosseguellos” para combatir las plagas de mosquitos que proliferaban en las zonas húmedas de la marjal y la Albufera, entornos naturales que rodeaban la ciudad de Valencia. Estos animales, útiles y discretos, formaban parte de la vida cotidiana de la época, pero también acabarían adquiriendo un significado mucho más profundo.

La leyenda sitúa su origen en los días previos a la conquista cristiana, cuando la ciudad aún resistía bajo dominio musulmán. Un profeta árabe habría anunciado que mientras el murciélago del señor de la ciudad continuara volando libremente cada noche, Valencia permanecería bajo control islámico. Aquella profecía, cargada de simbolismo, parecía asegurar la continuidad del poder musulmán.

Sin embargo, el destino comenzaba a cambiar.

Las tropas de Jaume I se encontraban acampadas en el arrabal de Russafa, a las afueras de las murallas. Era un momento de tensión, de espera, de estrategia. Y fue entonces cuando, según la tradición, ocurrió un hecho inesperado: un murciélago se posó en lo alto de la tienda del rey, como si quisiera coronarla. Lejos de ser un detalle sin importancia, aquel gesto fue interpretado como una señal.

El monarca, conocedor de la profecía, comprendió el posible significado de aquella presencia. En lugar de ahuyentar al animal, ordenó a sus hombres que lo respetaran, que no lo molestaran, incluso que lo cuidaran. Para Jaume I, aquel murciélago podía representar algo más que un simple animal: podía ser el anuncio de un cambio de fortuna.

Y así, la leyenda alcanza su punto culminante.

Una noche, cuando el campamento cristiano descansaba confiado, el sonido repentino de un tambor rompió el silencio. El redoble, insistente e inesperado, despertó a los soldados y puso en alerta al propio rey. Nadie sabía quién estaba tocando. La sorpresa dio paso a la preocupación.

Al movilizarse las tropas y reforzar la vigilancia, descubrieron que el ejército musulmán se encontraba muy cerca, intentando rodear el campamento. Gracias a aquella alerta providencial, los cristianos pudieron reaccionar a tiempo, tomar las armas y enfrentarse al ataque. La batalla fue dura, pero decisiva: el ejército musulmán, sorprendido por la reacción, sufrió importantes pérdidas y se vio obligado a retirarse.

Tras el combate, Jaume I quiso recompensar a quien había dado la alarma. Pero la sorpresa fue mayúscula cuando descubrieron que no había sido ningún centinela ni soldado… sino el murciélago, que con el movimiento de sus alas había hecho vibrar el tambor, provocando el aviso que salvó al ejército.

Aquel episodio marcó profundamente al rey. Como muestra de gratitud y reconocimiento, decidió incorporar el murciélago a su simbología personal, colocándolo en lo alto de su yelmo y en su escudo. Con el tiempo, este símbolo pasaría también al escudo de la ciudad de Valencia, convirtiéndose en una de sus señas de identidad más características.

La leyenda no quedó en el olvido. Durante siglos fue transmitida en poemas, canciones y relatos, integrándose en la tradición literaria valenciana. En el siglo XV, quedó recogida en “Les Troves”, donde un poeta describe cómo el propio rey Jaume I adoptó el murciélago como divisa, asociándolo a la conquista y al destino de la ciudad:
Mentres durá el siti, com sabeu Senyor.»

Más allá de su veracidad histórica, esta leyenda refleja algo esencial: la necesidad de los pueblos de dotar de significado a sus símbolos. Lo Rat Penat no es solo un elemento heráldico; es la representación de una historia compartida, de una identidad construida entre hechos y narraciones, entre realidad y tradición.

Y es precisamente ahí donde reside su fuerza: en haber trascendido el tiempo como un emblema vivo de Valencia.

Pedro Fuentes Caballero

Académico de la Real Academia de Cultura Valenciana correspondiente por Dénia

Presidente de la Asociación Cultural Roc Chabàs de Dénia

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