«Eso a Vivas». Cuando la Mareta se convierte en el Ventorro de Sánchez

PorRafa Gorgues

septiembre 17, 2026

«Eso a Vivas.» Fueron las palabras que Sánchez soltó esta semana en el Congreso de los Diputados cuando le preguntaron, durante una sesión de control, por los más de mil menores no acompañados que duermen en las calles de Ceuta. No fue una pregunta fácil de esquivar. No fue una de esas interrogaciones que un presidente puede despachar con retórica bien ensayada y seguir adelante. Era una pregunta sobre seres humanos. Sobre niños durmiendo en la intemperie. Y la respuesta que llegó fue un simple desvío hacia el presidente autónomo. «Eso a Vivas.» Como si delegar la responsabilidad mientras permaneces de vacaciones en Lanzarote fuera un acto de gobierno legítimo.

Aquí es donde Sánchez comete su error de cálculo más grave. Intenta repetir la estrategia Mazón. Y falla completamente.

 Con Mazón funcionó. El presidente de la Generalitat Valenciana cometió el error de estar en un restaurante cuando la DANA arrasaba Valencia, y fue suficiente. La máquina del fango se encendió de inmediato. Semanas de bombardeo mediático, análisis interminables de su incompetencia, crucifixión política en primicia. Mazón fue convertido en el símbolo viviente de la ineptitud de la derecha. Fue fácil. Fue devastador. Fue perfecto para los propósitos de Sánchez, que necesitaba un culpable de derechas mientras él se posicionaba como víctima de los jueces, de la prensa «mala», de las fuerzas oscuras.

Pero Vivas es distinto. Y esa diferencia es lo que convierte a «Eso a Vivas» en un fracaso antes de haber comenzado.

 Porque mientras Sánchez estaba en La Mareta, sumergido en aguas de Lanzarote rodeado de zodíacs de la Guardia Civil que escoltaban su entretenimiento acuático, mientras no cogía el teléfono a un presidente que le avisaba urgentemente del incremento de llegadas, mientras permanecía ausente durante las 48 horas más críticas de la crisis, Vivas estaba en las calles de Ceuta. No en una rueda de prensa preparada, sino en el territorio real. Hablando con ciudadanos desesperados. Intentando gestionar lo que cualquiera reconocería como inmanejable. Buscando soluciones cuando nadie desde Madrid le proporciona ni las herramientas ni los recursos. Vivas cometió el error estratégico de estar presente cuando su presidente elegía estar ausente.

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Eso es lo que Sánchez no anticipó. Su estrategia habitual funciona mediante la culpabilización a distancia. Señalar al autonómico desde el poder central mientras construye una narrativa donde él es la víctima. Con Mazón funcionó porque Mazón

le regaló la munición: estuvo donde no debía, dijo lo que no debía, permitió que lo crucificaran con pruebas visuales de su frivolidad. Pero Vivas jugó con las reglas distintas. Vivas, que es de Ceuta, que vive en Ceuta, que entiende a Ceuta en formas que Madrid nunca entenderá, simplemente se quedó. No se fue a tomar un café. No desapareció a un resort de lujo. No intentó delegar responsabilidades a otros mientras disfrutaba de vacaciones. Vivas estuvo donde tenía que estar.

«Eso a Vivas» es la frase perfecta para diseccionar el mecanismo de la cobardía política de Sánchez. Cuando un presidente descubre que sus propias decisiones son indefendibles, cuando sus vacaciones en crisis son indefendibles, cuando su ausencia durante el momento crítico es indefendible, la táctica instintiva es simple: culpabiliza a otro. Especialmente si ese otro es de un color político distinto. Especialmente si ese otro ocupa una ciudad autónoma donde el Gobierno central tiene responsabilidades que deliberadamente no quiere asumir.

Pero hay una crueldad aún más profunda en cómo esta estrategia se despliega. Mientras Sánchez culpabiliza a Vivas en el Congreso, frente a las cámaras, documentado en todas partes, está ejecutando simultáneamente un plan de agotamiento sistemático. No envía recursos suficientes. No coordina con eficacia real. No proporciona lo que Ceuta necesita para respirar. Solo espera. Espera a que los recursos se agoten. Espera a que la situación sea tan insostenible que no haya salida posible. Y entonces, cuando todo colapse, podrá señalar con dedo acusador: «Mira, Vivas no pudo». Cuando la verdad cruda es: «Sánchez no quiso».

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Porque eso es exactamente lo que está sucediendo. Sánchez está pasando la pelota a Ceuta mientras drena sistemáticamente sus recursos. Mientras los zodíacs de la Guardia Civil escoltaban su buceo de vacaciones, los recursos verdaderos que Ceuta necesitaba desesperadamente se quedaban en Madrid. Mientras Sánchez no contestaba llamadas telefónicas durante la crisis, Vivas estaba haciendo llamadas que nadie en el Gobierno central contesta porque Madrid ha decidido no escuchar.

La diferencia fundamental entre Mazón y Vivas es tanto visceral como política. Mazón fue vulnerable porque perdió la compostura ante la adversidad, porque se permitió momentos de frivolidad que lo definieron. Vivas no ha perdido la compostura. Vivas está exactamente donde debería estar, día tras día. Mazón permitió que lo culpabilizaran porque tenía algo de lo que culpabilizarse. Vivas está documentando cada acción que toma, cada decisión que asume bajo presión, cada recurso que pide a Madrid y que le niegan.

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«Eso a Vivas» debería haber sido el golpe de gracia final. El momento en que el presidente desactivaba al autonómico problemático. En su lugar, es el espejo incómodo donde Sánchez se ve reflejado completamente: un presidente ausente, irresponsable, culpabilizador de quien sí estuvo donde tocaba estar. Porque mientras

Sánchez decía «eso a Vivas» en el Congreso, Vivas estaba en Ceuta. Mientras Sánchez devolvía la culpa como quien pasa un balón de fútbol, Vivas estaba intentando crear soluciones con lo poco que tiene. Mientras Sánchez se limpiaba las manos, Vivas estaba ensuciándose las manos trabajando.

Y lo más amargo es que la estrategia seguirá. Seguirá habiendo crisis. Seguirá habiendo menores en las calles de Ceuta. Seguirá habiendo insuficiencia de recursos. Seguirá habiendo un presidente que culpabiliza desde la distancia mientras otro intenta gobernar desde el terreno. Pero esta vez, el público sabe la diferencia. Esta vez, «Eso a Vivas» no es una acusación que pegue. Es un reconocimiento involuntario de quién realmente trabajó cuando importaba.

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