Alejandro VI: Rodrigo de Borja, el valenciano que gobernó Roma en la encrucijada del Renacimiento
La historia universal ha conocido pontífices poderosos, reformadores y polémicos, pero pocos han despertado tanta fascinación como Rodrigo de Borja y Borja, el valenciano que alcanzó la cima de la Iglesia con el nombre de Alejandro VI. Nacido en Játiva el 1 de enero de 1432, su vida representa una época marcada por cambios profundos: el final de la Edad Media, el nacimiento del Renacimiento político europeo y la expansión del mundo más allá del Atlántico.

Hijo de Jofré de Borja e Isabel de Borja sobrina del futuro papa Calixto III, Rodrigo creció dentro de una familia que combinaba nobleza, formación jurídica y una clara vocación eclesiástica. Su infancia transcurrió entre Játiva y Valencia, ciudades que marcarían su identidad y a las que permanecería ligado incluso cuando su destino lo llevó a Roma.
Formación valenciana y ascenso fulgurante.
Tras la muerte de su padre, la familia se trasladó a Valencia, donde Rodrigo amplió sus estudios en el Estudio General. Allí adquirió una sólida formación teológica y jurídica que lo distinguiría del resto de jóvenes eclesiásticos de su tiempo. Su inteligencia y disciplina llamaron la atención de su tío Alfonso de Borja, quien más tarde sería elegido papa Calixto III.

Siguiendo sus pasos, Rodrigo viajó a Italia para completar su formación en la prestigiosa Universidad de Bolonia, donde obtuvo el doctorado en Derecho Canónico. Aquella etapa fue decisiva: no solo Perfeccionó su preparación intelectual, sino que aprendió el complejo arte de la diplomacia y la administración eclesiástica.
En 1456 recibió el capelo cardenalicio y comenzó una carrera ascendente dentro de la Curia romana. Como vicecanciller de la Iglesia, uno de los cargos más influyentes del momento, se convirtió en una figura clave en la política europea. Durante décadas acumuló experiencia, alianzas y prestigio, consolidando una red de contactos que lo situaría en el centro del poder pontificio.

Un pontificado en tiempos de cambio El 11 de agosto de 1492, tras la muerte de Inocencio VIII, Rodrigo de Borja fue elegido papa con el nombre de Alejandro VI. Su elección coincidió con un momento histórico decisivo: el descubrimiento de América, el fortalecimiento de las monarquías ibéricas y el inicio de una nueva etapa cultural marcada por el Humanismo.
Alejandro VI desempeñó un papel fundamental en la legitimación política de los Reyes Católicos. No solo respaldó el matrimonio de Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, sino que les otorgó el título de “Católicos”, reforzando su autoridad en la Europa cristiana. Asimismo, intervino en la organización territorial del Nuevo Mundo mediante decisiones papales que influyeron en el reparto de las nuevas tierras entre las coronas ibéricas.
Su pontificado también estuvo marcado por la intensa actividad artística del Renacimiento. Roma vivió un periodo de renovación arquitectónica y cultural en el que artistas como Pinturicchio trabajaron en el Vaticano, mientras la ciudad se transformaba en un centro de poder político y estético.

Luces, sombras y la complejidad de una época La figura de Alejandro VI ha sido interpretada de formas muy distintas a lo largo de los siglos. Algunos cronistas lo describieron como un político astuto y decidido, capaz de mantener el equilibrio en un mundo lleno de intrigas. Otros lo retrataron como símbolo de las tensiones y contradicciones del poder renacentista.
Lo cierto es que gobernó en una época donde la religión, la política y la estrategia internacional estaban profundamente entrelazadas. Su habilidad diplomática permitió a la Iglesia mantener su influencia en un escenario cada vez más competitivo, mientras Roma se convertía en el epicentro de las grandes decisiones europeas.

El final de un pontífice valenciano universal Alejandro VI falleció el 18 de agosto de 1503 en Roma, dejando tras de sí una huella profunda en la historia del papado y del Renacimiento. Fue enterrado en la basílica de San Pedro, cerca de los restos de su tío Calixto III, cerrando así el ciclo de dos valencianos que alcanzaron la máxima dignidad de la Iglesia en apenas medio siglo.

Su legado sigue siendo objeto de debate entre historiadores, pero nadie discute su relevancia como protagonista de un tiempo decisivo. Rodrigo de Borja llevó el nombre de Valencia hasta el corazón del poder europeo, demostrando que desde las tierras valencianas podían surgir figuras capaces
de influir en el destino del mundo.
Un personaje valenciano para la historia
Hoy, calles, monumentos y estudios académicos recuerdan a Alejandro VI como una figura compleja y fascinante. Más allá de las leyendas y polémicas, su vida refleja el espíritu de una Valencia abierta al
Mediterráneo y conectada con los grandes acontecimientos internacionales.
Pedro Fuentes Caballero
Académico de la Real Academia de Cultura Valenciana correspondiente por Dénia
Presidente de la Asociación Cultural Roc Chabàs de Dénia

