La socialista Xelo Angulo suelta esta chorrada para oponerse a la medida de Vox de prohibir el uso del burka o el niqab
A simple vista —y también a poco que se piense— resulta difícil sostener que la mantilla que lucen las falleras en actos festivos o religiosos tenga algo que ver con el burka o el niqab islámico. La comparación no solo es forzada, sino que roza lo absurdo. Sin embargo, para la diputada socialista Xelo Angulo, esa distancia cultural, simbólica y contextual parece desvanecerse con sorprendente facilidad.

Su argumento para oponerse a la prohibición del velo islámico en espacios públicos de la Comunidad Valenciana no ha sido precisamente un alarde de rigor. Más bien al contrario: optó por invitar a los diputados de Vox a acudir a una procesión en Xàtiva “en la que las falleras también llevan el pelo tapado”. Una analogía tan llamativa como endeble, que mezcla tradición festiva con códigos religiosos y sociales profundamente distintos.
No es la primera vez que la retórica política se impone a la lógica, pero el caso resulta especialmente llamativo. Angulo tenía la tarea de fijar la posición del PSOE en Les Corts frente a la propuesta de Vox, liderado por Santiago Abascal, y lo hizo recurriendo a una comparación que, lejos de aclarar el debate, lo enturbia. Porque equiparar una prenda voluntaria, vinculada a una tradición cultural concreta, con símbolos asociados a contextos de imposición o debate sobre libertades individuales no parece precisamente un ejercicio de precisión argumentativa.

“Pues vengan a la procesión de Xàtiva…”, insistió la diputada. Pero la cuestión no es quién acude a qué procesión, sino si tiene algún sentido mezclar planos que poco o nada tienen que ver entre sí. La mantilla fallera no es un símbolo de restricción de derechos, ni el burka una simple pieza folclórica. Confundir ambas cosas no solo simplifica en exceso el debate, sino que lo trivializa.
Queda en el aire, además, una duda tan irónica como reveladora: ¿habría aceptado Angulo la propuesta de Vox si, en un giro aún más improbable, se hubiera incluido también la indumentaria fallera en la lista de prohibiciones? Su argumento parece construido más para esquivar el fondo del asunto que para afrontarlo, como si cualquier comparación —por débil que sea— bastara para salir del paso.

En definitiva, más que un razonamiento sólido, la intervención deja la sensación de una ocurrencia apresurada. Y en un debate que exige matices, derechos y contexto, reducirlo todo a una mantilla no parece la mejor forma de abordarlo.
Y un último dato que a esta “señora” se le olvida: Cuando una fallera se quita la mantilla, se pone el polar o la parca y se va de fiesta, si una mujer islámica se quita el burka puede ser lapidada o encarcelada.

