Hay cosas que, cuando se permiten una vez, corren el riesgo de convertirse en costumbre. Y Valencia no puede acostumbrarse.
La Plaza del Ayuntamiento vuelve a estar ocupada por una acampada. Esta vez, a las puertas del 9 d’Octubre, el día de todos los valencianos.
No cuestiono el derecho de nadie a manifestarse. Lo que cuestiono es que ejercer un derecho pueda convertirse en disponer a voluntad del espacio que pertenece a todos.
Porque la Plaza del Ayuntamiento no es de quienes llegan primero, plantan una tienda y deciden cuánto tiempo se quedan.
Es de todos los valencianos.
Y, sinceramente, hay algo que me preocupa especialmente: que acabemos considerando normal lo que no debería serlo.
Ya ocurrió durante el Corpus. Una acampada terminó coincidiendo con una de las celebraciones históricas de nuestra ciudad.
Ahora volvemos a encontrarnos prácticamente en el mismo punto, a pocos días del 9 d’Octubre.
Una vez puede ser una circunstancia.
Dos veces empiezan a ser un precedente.
Y los precedentes, cuando nadie los corrige, terminan convirtiéndose en costumbre.
Este 9 d’Octubre no es un día cualquiera. Valencia sacará a la calle su Real Senyera y, este año, también la espada de Jaume I con motivo del 750 aniversario de su muerte.
Y dentro de unos días tendré el inmenso honor de portar esa Senyera.
Precisamente por eso, a mí me cuesta entender que lleguemos a las vísperas del día grande de los valencianos preguntándonos qué va a ocurrir con una acampada instalada a las puertas del Ayuntamiento.
No deberíamos haber llegado hasta aquí.
Podemos hablar de competencias. Podemos determinar a qué administración corresponde cada actuación. Y cada una tendrá que asumir la responsabilidad que legalmente le corresponda.
Pero, al final, hay algo bastante más sencillo.
Las administraciones tenemos la obligación de hacer cumplir las normas, cada una desde nuestras competencias.
Porque garantizar el derecho a manifestarse no significa que los demás tengamos que renunciar al espacio que es de todos.
Manifestarse, sí.
Reivindicar, sí.
Convertir la Plaza del Ayuntamiento en un campamento permanente, no.
Y decir esto no significa negar que exista un problema con la vivienda. Existe. Y necesita soluciones.
Pero tener un problema, por grave que sea, no da más derechos que al vecino que cumple las normas, paga sus impuestos y utiliza el espacio público respetando las reglas de todos.
Para mí, ahí está la cuestión.
No podemos acostumbrarnos a que siempre termine cediendo el mismo: el que cumple las normas.
Y no creo que sea pedir demasiado.
Valencia debe poder celebrar el Corpus sin que una acampada lo condicione.
Y Valencia debe poder celebrar el 9 d’Octubre sin preguntarse qué ocurrirá con una acampada instalada en el corazón de la ciudad.
Porque si cada celebración, cada tradición y cada espacio común termina adaptándose a quien decide ocuparlo, al final siempre ceden los mismos: los ciudadanos que cumplen las normas.
Este 9 d’Octubre la Real Senyera saldrá de su Ayuntamiento para encontrarse con su ciudad.
Con sus calles.
Con su historia.
Con los valencianos.
Y debe hacerlo con absoluta normalidad.
Sin que nadie tenga que adaptar el día de todos los valencianos a quienes han decidido instalarse en la plaza de todos.
Porque respetar el derecho a protestar es democracia.
Respetar el derecho de todos los demás también.
Y, sinceramente, eso no debería ser necesario recordarlo.
José Gosálbez
Portavoz del Grupo Municipal Vox en el Ayuntamiento de Valencia













