Pepe Herrero | Onda Fallera Televisión
Hablar de Fallas es hablar de monumentos, de creatividad y de tradición. Pero detrás de cada falla existe una figura imprescindible que, en muchas ocasiones, permanece en un segundo plano: el artista fallero. Con el objetivo de acercar a los espectadores la realidad de este oficio, Onda Fallera Televisión ha conversado con el artista fallero Vicente Herrando, quien repasó su trayectoria profesional, la evolución del sector y los retos que afronta actualmente la profesión.
Una vocación nacida en el taller familiar
La historia de Vicente Herrando en el mundo fallero comenzó siendo apenas un niño. Fue su padre, Vicente Herrando Navarro, quien decidió adentrarse en el oficio junto a un familiar que tenía experiencia en talleres falleros. Aquella aventura empresarial, iniciada prácticamente desde cero, acabaría marcando el futuro de toda la familia.
“Empezamos todos aprendiendo a la vez”, recuerda Herrando. Como ocurre en muchos talleres, sus primeras tareas fueron las menos agradecidas: lijar, recoger material o ayudar en los trabajos más básicos durante las vacaciones escolares. Sin embargo, cuando empezó a participar en los procesos de pintura y acabado, el oficio terminó conquistándole.
Tras finalizar los estudios básicos e iniciar Formación Profesional en electrónica, comprendió rápidamente que su verdadera vocación estaba en el taller. Decidió abandonar aquella formación para dedicarse por completo a las Fallas, una decisión que ha marcado toda su vida profesional.
Aprender el oficio más allá del taller
Herrando destaca que ser artista fallero implica mucho más que construir monumentos. Desde muy joven acompañó a su padre a reuniones con comisiones falleras, presentaciones de bocetos y negociaciones.
“En los casales también se aprende el oficio”, afirma. Según explica, conocer el trato con las comisiones, comprender sus necesidades y saber gestionar las relaciones humanas forma parte esencial de la profesión.
Durante décadas, el acceso a nuevos contratos dependía principalmente del boca a boca. Sin redes sociales ni plataformas digitales, los artistas se daban a conocer plantando monumentos en pueblos y pequeñas localidades, donde las comisiones observaban el trabajo realizado y recomendaban a unos artistas a otros.
El difícil salto a Valencia
Aunque la familia Herrando logró consolidarse durante años en numerosas poblaciones valencianas, el acceso al mercado fallero de la capital resultó mucho más complicado.
Durante mucho tiempo trabajaron en secciones modestas y participaron en numerosos concursos de bocetos. Vicente reconoce que nunca fue especialmente afortunado en este sistema, al que considera excesivamente centrado en el dibujo y no tanto en la capacidad real del artista para ejecutar una falla.
“No siempre gana quien mejor la va a plantar, sino quien mejor sabe vender un dibujo”, explica.
El gran punto de inflexión llegó alrededor de 2011-2012 cuando, gracias a la recomendación del artista José Manuel Félix, comenzó a trabajar para la comisión Quart-Poblet-Tribunal de les Aigües. Allí logró dos primeros premios consecutivos que le permitieron ganar visibilidad dentro del mundo fallero valenciano.
Un taller familiar y artesanal
Actualmente, Vicente Herrando mantiene un modelo de trabajo muy alejado de las grandes estructuras empresariales. Su taller continúa siendo esencialmente familiar y está formado por él mismo, su esposa y su hijo.
“Somos los tres quienes hacemos las cuatro fallas”, señala.
Precisamente su hijo representa el relevo generacional y la aportación de nuevas ideas. Incorporado de forma más activa en los últimos años, se ha convertido en una pieza fundamental en el diseño y desarrollo de los proyectos del taller.
Herrando reconoce que la experiencia vivida junto a su padre le ha servido para dar a su hijo una mayor libertad creativa y evitar los conflictos generacionales que él mismo vivió en sus inicios.
Cuatro fallas y una filosofía clara
Para las próximas Fallas, el artista plantará cuatro monumentos: Trafalgar-Islas Canarias y Barrio San Isidro en Valencia, además de Ángel del Alcázar en Torrent y Josep Antoni en La Pobla de Vallbona.
Pese a trabajar en distintas categorías, defiende que todas sus fallas reciben el mismo nivel de atención y personalidad artística.
“No importa si es Valencia o un pueblo. El taller es democrático”, afirma.
Su filosofía consiste en mantener una identidad propia en cada proyecto, independientemente del presupuesto o de la sección en la que participe.

La evolución de las Fallas
Durante la entrevista también reflexionó sobre los cambios experimentados por la fiesta en las últimas décadas.
Herrando rechaza la idea de que las Fallas actuales sean peores que las de épocas anteriores. Considera que simplemente son diferentes y que la evolución técnica, la incorporación de nuevas herramientas digitales y los nuevos procesos de diseño han transformado la estética de los monumentos.
“Todo evoluciona. Basta comparar una falla de hace veinte años con una actual”, explica.
No obstante, reivindica que detrás de la tecnología continúa existiendo una importante carga artesanal. La carpintería, el modelado, la pintura y el montaje siguen requiriendo una gran experiencia profesional.
La pandemia y la supervivencia del sector
Uno de los momentos más delicados de la conversación llegó al recordar la crisis provocada por la pandemia.
Herrando reconoce que las ayudas y medidas adoptadas para mantener las Fallas aplazadas permitieron la supervivencia de numerosos talleres.
“Valencia me salvó”, afirma sin rodeos.
Según explica, la continuidad de los contratos y las ayudas institucionales fueron decisivas para evitar el cierre de numerosos negocios relacionados con la fiesta.
Además, reivindicó que las Fallas no son únicamente una celebración, sino también una industria económica de enorme importancia para la ciudad y para miles de familias.
El principal problema: el futuro del oficio
La parte más reivindicativa de la entrevista llegó al abordar la situación actual de los artistas falleros.
A juicio de Herrando, existe una preocupante falta de relevo generacional en las fallas grandes y muchos profesionales abandonan el sector debido a las dificultades económicas y empresariales.
Para garantizar el futuro del oficio, propone la creación de un nuevo polígono artesanal público destinado específicamente a los artistas falleros, con alquileres asequibles y espacios adaptados a las necesidades reales del sector.
Considera que la actual Ciudad del Artista Fallero ya no responde a las exigencias modernas y reclama un proyecto ambicioso que permita asegurar la continuidad de una profesión fundamental para la fiesta.
Una meta cumplida
Tras décadas de trabajo, Vicente Herrando asegura sentirse satisfecho con el lugar que ocupa actualmente dentro del mundo fallero.
Plantar en Primera Categoría, mantener una cartera estable de comisiones y seguir disfrutando cada día del trabajo en el taller representan para él una meta ya alcanzada.
Sin embargo, como buen artista fallero, reconoce que siempre existe una nueva ilusión para seguir creciendo.
“Lo importante es que la falla guste a quienes te la han encargado. Si además llega el premio, mejor. Pero el primer objetivo es siempre hacer bien tu trabajo”.
Una filosofía sencilla que resume perfectamente la trayectoria de un artista que ha construido su carrera a base de esfuerzo, honestidad y pasión por las Fallas.
ENTREVISTA:
Puedes ver la entrevista completa pulsando este enlace:
https://www.youtube.com/watch?v=aYIOEWUscfc&list=PLGSgCDGlo_V-7ZOnUoTgAZw5DPMDxn_ic&index=17











