Damián Forment: el escultor valenciano que llevó el Renacimiento a los altares de media Europa
Cuando se habla del esplendor artístico del antiguo Reino de Valencia, pocos nombres simbolizan mejor la transición entre dos épocas que el de Damián Forment. Maestro del cincel, innovador incansable y figura clave en la llegada del Renacimiento escultórico a la Corona de Aragón, su vida representa la evolución de un arte que pasó de la solemnidad gótica a la nueva sensibilidad humanista del siglo XVI.
Nacido en Valencia hacia finales del siglo XV —aunque los historiadores discrepan sobre la fecha exacta— Forment creció en un entorno profundamente vinculado al oficio artístico. Pertenecía a una familia de imagineros y escultores, lo que le permitió familiarizarse desde muy joven con el trabajo de la madera y la piedra. Aquella formación temprana, unida a su extraordinaria habilidad técnica, lo convertiría con el tiempo en uno de los escultores más solicitados de su generación.
Un artista valenciano en tiempos de cambio
El cambio de siglo trajo consigo una transformación profunda en el arte europeo. Las formas góticas comenzaban a abrirse a nuevas influencias procedentes de Italia, donde el Renacimiento estaba redefiniendo la manera de entender la belleza, la proporción y el simbolismo religioso. Damián Forment supo interpretar ese momento histórico y adaptarlo a su propio lenguaje artístico.
Sus primeras obras documentadas muestran a un escultor todavía influido por la tradición valenciana, pero ya abierto a nuevas soluciones compositivas. Trabajó en imágenes devocionales, retablos y esculturas destinadas a templos importantes, consolidando una reputación que pronto traspasó las fronteras valencianas.
Zaragoza y el gran salto artístico
El año 1509 marcó un punto de inflexión en su trayectoria. Forment se trasladó a Zaragoza, donde encontró un ambiente propicio para desarrollar proyectos de gran envergadura. Allí ejecutó uno de sus trabajos más célebres: el monumental retablo mayor del Pilar, una obra que simboliza la entrada definitiva del Renacimiento escultórico en la península.
Con una altura imponente y una compleja estructura narrativa, aquel retablo reflejaba no solo su dominio técnico, sino también su capacidad para fusionar tradición y modernidad. El éxito de la obra lo convirtió en uno de los artistas más prestigiosos del momento, atrayendo encargos desde distintas regiones.
El escultor del Mediterráneo interior
A partir de entonces, Damián Forment emprendió una intensa actividad artística que lo llevó a trabajar en Huesca, Gandía, Caspe, Alcañiz, Binéfar, Zaragoza, la Colegiata de Denia y numerosas localidades más. Su taller se convirtió en un centro creativo donde aprendices y colaboradores participaban en proyectos que transformaban la estética de iglesias y monasterios.
El escultor valenciano supo introducir elementos renacentistas sin romper completamente con la sensibilidad religiosa tradicional. Sus figuras transmitían movimiento, emoción y profundidad espiritual, características que hicieron de sus obras referentes para otros artistas.
Entre sus creaciones destacan también retablos en madera policromada, imágenes devocionales y proyectos arquitectónicos que reflejan su versatilidad. Cada obra mostraba un equilibrio entre la fuerza simbólica del gótico y la elegancia clásica del nuevo estilo renacentista.
Los últimos años de un maestro
La madurez artística de Forment coincidió con algunos de sus trabajos más ambiciosos. En 1520 firmó el contrato para el retablo mayor de la catedral de Huesca, obra que finalizaría pocos años después y que consolidaría definitivamente su prestigio. Su actividad continuó sin descanso hasta bien entrada la década de 1530.
En sus últimos años emprendió nuevos proyectos, como el retablo del monasterio de Poblet y el de Santo Domingo de la Calzada. Sin embargo, la enfermedad le impidió concluir este último trabajo. Falleció en 1541, dejando tras de sí una producción artística monumental y una escuela que prolongaría su influencia durante generaciones.
El legado de un valenciano universal
Más allá de sus obras concretas, Damián Forment representa la capacidad de los artistas valencianos para adaptarse a los grandes cambios culturales de Europa. Su vida demuestra cómo el talento nacido en Valencia pudo proyectarse hacia territorios lejanos, contribuyendo a la transformación estética de todo un periodo histórico.
Casado con Jerónima de Alborea y padre de varios hijos, Forment también dejó un legado familiar y patrimonial significativo, llegando incluso a fundar un mayorazgo con su fortuna. Su nombre quedó ligado para siempre a la renovación artística del siglo XVI, y hoy es considerado uno de los grandes escultores del primer Renacimiento hispánico.
Pedro Fuentes Caballero
Acadèmic de la Real Acadèmia de Cultura Valenciana corresponent per Dénia
President de l’Associació Cultural Roc Chabàs de Dénia
















