La música volvió a convertirse en el alma de la liturgia en Cheste durante la Misa Solemne en honor a la Gloriosa Virgen de la Soledad, una celebración que cada año marca el cierre de la octava de Pascua y que, en esta ocasión, destacó por su riqueza artística y emocional. A través del testimonio de Miguel Ángel Balaguer, miembro de la Coral San Lucas Evangelista, se dibuja el retrato de una tradición viva donde fe, cultura y música se entrelazan.
Una dirección joven con sello propio
Al frente de la dirección musical estuvo Gustavo López Aceituno, un joven chestano de 35 años formado en Composición y Teoría de la Música en el Conservatorio Superior de Asturias. Su trayectoria en el ámbito coral comenzó precisamente en la agrupación local, donde —según Balaguer— ha experimentado una evolución “rápida y eficaz” que ya está dando resultados notables.
No era su primera vez al frente de esta celebración, pero sí una de las más ambiciosas. Su propuesta artística buscó un doble objetivo: ofrecer un homenaje a la patrona y, al mismo tiempo, emocionar a los asistentes. El resultado, según los testimonios recogidos, fue una misa “novedosa e impactante”.
Más de un siglo de música coral
La protagonista musical fue la Coral San Lucas Evangelista, una agrupación con más de un siglo de historia, fundada por el músico local Gaspar Rosell. Actualmente cuenta con unos 36 integrantes distribuidos en todas las cuerdas —sopranos, contraltos, tenores y bajos—, con predominio de voces femeninas pero un equilibrio sonoro sólido.
Fiel a su carácter parroquial, la coral centra su actividad en celebraciones religiosas, aunque ocasionalmente participa en conciertos y actúa en templos de relevancia como la catedral de Valencia.
Un repertorio entre tradición y estreno
El programa musical combinó obras clásicas con composiciones contemporáneas. La misa comenzó con el “Canticorum Iubilo” de Georg Friedrich Händel, seguido por el estreno absoluto de la Misa Brevis “Eritis Sicut Deus”, compuesta por el propio director y dedicada a la Virgen de la Soledad.
Uno de los momentos más destacados fue el “Ave María” de Pietro Mascagni, interpretado por la solista Ruth de los Reyes. En la comunión, la obra “Hija del pueblo” de A. Taulé, con arreglos orquestales del propio López, aportó un carácter cercano y emotivo. La celebración concluyó con el tradicional himno a la patrona, uno de los momentos más sentidos por los fieles.
El acompañamiento instrumental estuvo a cargo de una orquesta de 28 músicos con percusión, cuerda y viento, lo que elevó notablemente la solemnidad del acto.
Tres meses de trabajo y más de 20 ensayos
La complejidad del repertorio exigió una intensa preparación. Durante tres meses, el coro trabajó en más de veinte ensayos, enfrentándose a retos como la incorporación de nuevas voces, la coordinación con músicos externos y la adaptación de piezas para una orquesta de gran formato.
“La coordinación fue fluida gracias a la experiencia acumulada”, explica Balaguer, quien subraya también la colaboración de la Banda La Lira en la cesión de instrumentos.
Música que emociona y une
Más allá de lo técnico, la música cumplió su función esencial dentro de la liturgia: elevar el espíritu. “Quien canta, reza dos veces”, recuerda Balaguer citando la tradición atribuida a San Agustín. Y así lo vivieron los asistentes, muchos de los cuales confesaron haberse emocionado hasta las lágrimas.
El Gloria, el Agnus Dei y, especialmente, el himno final a la Virgen fueron algunos de los momentos más intensos. La emoción culminó con un aplauso espontáneo —solicitado por el párroco, D. Pablo Tos— en reconocimiento al director.

Tradición, identidad y futuro
La Misa Solemne de la Virgen de la Soledad no es solo un acto religioso, sino un reflejo de la identidad cultural de Cheste. La música, en este contexto, actúa como un vínculo entre generaciones, reforzando la memoria colectiva y el sentimiento de comunidad.
“La coral contribuye desde hace mucho tiempo a la riqueza cultural del pueblo”, afirma Balaguer. Y añade que la música sacra no solo embellece la liturgia, sino que también tiene un impacto positivo en el bienestar emocional y mental.
Con una valoración final “muy positiva”, tanto el coro como su director miran ya hacia el futuro, dispuestos a asumir nuevos retos sin perder de vista lo esencial: seguir haciendo de la música un vehículo de fe, tradición y emoción compartida.











