La universidad y la lengua valenciana: historia de una carrera que desapareció

La historia de una lengua no solo se escribe en libros, en la literatura o en la vida cotidiana de quienes la hablan. También se construye y en ocasiones se redefine en las aulas, en las universidades y en las decisiones institucionales. En el caso valenciano, uno de los episodios más significativos y controvertidos de las últimas décadas ha sido la desaparición de la licenciatura de Filología Valenciana en la universidad.

Un hecho que, lejos de ser un simple cambio académico, ha sido interpretado por muchos como el reflejo de un debate mucho más profundo: el de la identidad lingüística y cultural del pueblo valenciano.

Un debate que trasciende lo académico

Durante décadas, la cuestión de la lengua valenciana no ha sido únicamente un tema filológico. Ha sido, sobre todo, un asunto cargado de implicaciones culturales, sociales e incluso políticas. Y es precisamente en ese cruce de caminos donde la universidad ha desempeñado un papel clave.

Lo que se enseña, cómo se enseña y bajo qué denominación se estructura el conocimiento no son decisiones neutras. Configuran mentalidades, influyen en generaciones enteras de estudiantes y acaban consolidando determinadas visiones de la realidad.

Por eso, cuando se analiza qué ocurrió con la Filología Valenciana, no se está hablando solo de una carrera universitaria. Se está hablando de un proceso que afectó directamente a la forma en que se ha estudiado, interpretado y transmitido el valenciano en el ámbito académico.

Los cambios del sistema universitario

Para comprender este proceso es necesario situarse en el contexto de la segunda mitad del siglo XX. Entre las décadas de 1960 y 1980, el sistema universitario español experimentó transformaciones profundas. Nuevas corrientes académicas, nuevos profesores y enfoques comenzaron a redefinir el panorama educativo.

La Universitat de Valéncia, una de las instituciones más emblemáticas del territorio, no fue ajena a estos cambios. En esos años se produjo una renovación del profesorado en la que se incorporaron docentes procedentes de diferentes universidades, algunos de ellos formados en ámbitos filológicos donde predominaban determinadas corrientes lingüísticas.

Entre esas corrientes se encontraba la que defendía la unidad lingüística entre valenciano y catalán. Con el paso del tiempo, esta visión fue ganando presencia en el entorno universitario, influyendo en los programas de estudio, en los contenidos académicos y en la orientación general de la enseñanza.

Un clima de debate… y de tensión

Este cambio no estuvo exento de polémica. Mientras algunos sectores defendían esta orientación como una evolución natural dentro de la filología, otros consideraban que suponía una reinterpretación discutible de la realidad lingüística valenciana.

Algunos profesores valencianos que mantenían posturas diferentes denunciaron sentirse progresivamente desplazados o marginados dentro del ámbito universitario. Entre ellos, figuras como el historiador Antonio Ubieto Arteta, que cuestionó determinadas interpretaciones dominantes y defendió una visión distinta del proceso histórico valenciano.

Aquellos años no fueron solo de cambio académico, sino también de confrontación intelectual. La universidad se convirtió en un espacio donde se debatía a veces con intensidad sobre la identidad lingüística del valenciano.

La Ley de Uso y Enseñanza del Valenciano

En paralelo a estos cambios universitarios, la política también comenzó a jugar un papel determinante. En 1983, el gobierno autonómico presidido por Joan Lerma aprobó la Ley de Uso y Enseñanza del Valenciano, con Ciprià Ciscar como conseller de Educación.

El objetivo declarado de esta ley era promover el uso del valenciano en la enseñanza, en la administración y en la vida pública. Sin embargo, su aplicación práctica fue interpretada de manera distinta según los sectores.

Para algunos, supuso un avance necesario en la normalización lingüística. Para otros, consolidó una determinada visión del valenciano dentro del sistema educativo, alineada con los enfoques que ya se estaban imponiendo en el ámbito universitario.

A partir de ese momento, el debate lingüístico dejó de ser exclusivamente académico y pasó a ocupar un lugar central en la política educativa valenciana.

La decisión de la Universitat de Valéncia

Uno de los momentos más significativos de este proceso tuvo lugar en 1986, cuando la Universitat de Valéncia aprobó sus nuevos estatutos. En ellos se establecía que la lengua propia de la institución era el catalán, una decisión que generó una fuerte controversia.

La reacción no se hizo esperar. La organización estudiantil Alternativa Universitaria, fundada por Joan García Sentandreu, presentó un recurso contencioso-administrativo contra este acuerdo. El caso llegó hasta el Tribunal Supremo, que se pronunció sobre distintos aspectos del proceso.

Aquella etapa estuvo marcada por un ambiente de intensa discusión, tanto en el ámbito jurídico como en el académico y social.

La transformación de la Filología Valenciana

En ese contexto existió durante algunos años la licenciatura de Filología Valenciana en la Universitat de Valéncia. Sin embargo, diversos sectores señalaron que, en la práctica, los contenidos de la carrera coincidían en gran medida con los programas de Filología Catalana impartidos en otras universidades.

Lejos de desarrollarse como un ámbito académico diferenciado, la titulación fue evolucionando hacia una progresiva homogeneización con los estudios catalanísimos.

El paso definitivo llegó en 1993, cuando la universidad decidió cambiar oficialmente la denominación de la carrera. La Filología Valenciana pasó a llamarse Filología Catalana, con el objetivo de homologar los estudios con los existentes en Cataluña y Baleares.

Este cambio supuso, en la práctica, la desaparición de la Filología Valenciana como titulación universitaria.

Una etapa de confusión y litigios

La transición no estuvo exenta de problemas. Durante años se generó una situación compleja en la que coexistían titulaciones, denominaciones y criterios administrativos distintos.

Por un lado, había licenciados en Filología Valenciana que habían cursado estudios con contenidos equiparables a los de Filología Catalana. Por otro, surgían dificultades en el reconocimiento de títulos en oposiciones y procesos públicos.

La situación llegó a tal punto que en 1995 el Ministerio de Educación tuvo que intervenir mediante un decreto que reconocía la equivalencia entre distintas titulaciones relacionadas con la lengua.

Aun así, los conflictos y debates continuaron durante años, tanto en el ámbito político como en el judicial.

El cierre administrativo… y el debate abierto

Finalmente, en 2010, tras numerosas resoluciones judiciales, la Generalitat Valenciana reconoció de forma implícita que los titulados en Filología Catalana estaban exentos de realizar pruebas adicionales de valenciano en las oposiciones docentes.

Con esta decisión se cerraba, al menos desde el punto de vista administrativo, una etapa larga y compleja.

Pero el debate de fondo no desapareció.

Más allá de la universidad

La desaparición de la Filología Valenciana sigue siendo, para muchos, un símbolo de una cuestión más amplia: la relación entre lengua, identidad y cultura en la sociedad valenciana.

Para algunos, este proceso fue una adaptación académica necesaria. Para otros, supuso la pérdida de un espacio propio dentro de la universidad para el estudio del valenciano como realidad diferenciada.

Sea cual sea la interpretación, hay algo indiscutible: la lengua valenciana no es solo un objeto de estudio. Es una parte esencial de la identidad de un pueblo, de su historia y de su forma de entender el mundo.

Una reflexión de futuro

Quizá por eso, décadas después, sigue existiendo en determinados sectores culturales y académicos el deseo de recuperar una Filología Valenciana plenamente reconocida.

No como una cuestión meramente nominal, sino como un reflejo de una identidad lingüística que forma parte de la historia viva de Valencia.

Porque al final, más allá de decisiones administrativas o debates académicos, lo que está en juego es algo más profundo:

cómo se estudia, cómo se transmite y cómo se entiende una lengua que forma parte esencial del patrimonio cultural valenciano.

Y esa es una cuestión que, lejos de haberse cerrado, sigue abierta.

Pedro Fuentes Caballero

Académico de la Real Academia de Cultura Valenciana correspondiente por Dénia

Presidente de la Asociación Cultural Roc Chabàs de Dénia

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *